Parafraseando al notable novelista francés Michel Houellebecq, tres encuentros cumbres celebrados estos últimos días parecieran ser las partículas elementales de la nueva era que despunta. De ellas se desprende que, en términos generales, las principales potencias occidentales, más unos cuantos países asiáticos, se han alineado, mientras que Rusia y China, lo hacen por el otro. En la periferia, amplias extensiones de América Latina, Africa y Asia son tocados por un viento de cola aún difícil de mensurar. El aire se ha vuelto enrarecido e incluso tóxico. Demasiadas amenazas y poco interés en disimular las tentaciones a hacer uso táctico de armas de destrucción masiva. Bien podríamos estar ad portas de grandes pesadillas.  

Las cumbres han asemejado a partidas de ajedrez de tipo posicional, es decir, con muchas maniobras intrincadas. Algunas con propósitos claros, otras muy crípticas. Sin embargo, todas focalizadas en los tres grandes temas de la actualidad mundial: crisis energética, crisis alimentaria y nuevas arquitecturas de seguridad.

Los poderosos del G7

Una de las más importantes cumbres fue la de los países del G7, el bloque de los poderosos (85% del PIB mundial) como se le llama, y que fuera creado por Giscard D´Estaing en los 70. Este año, la cita anual se llevó a cabo hace muy pocos días en el castillo bávaro de Elmau, donde los países europeos, más EEUU y Canadá, trataron de aunar criterios ante una situación nunca antes vista, como es la guerra en pleno corazón de Europa, con tantos y tan graves coletazos, especialmente en lo referido al suministro energético. 

Pero pese a la gravedad, aunar criterios en esta materia no es fácil y Elmau dejó en claro que los principios en materia internacional siempre tienen límites. Nunca se puede hacer todo lo que se desea. Rara vez los planes logran cumplirse. Ni siquiera estando inserto en el mainstream de las ideas o en las modas, los objetivos se alcanzan. 

Un buen ejemplo ocurre en la propia Alemania. Y es que el propósito de introducir energías renovables no convencionales con plazos perentorios ha chocado con la poderosa realidad. Lo sucedido en Berlin, en cuyo gobierno tienen activa participación Los Verdes, roza el deshonor. Han debido volver a las vetustas y contaminantes centrales a carbón como única manera de enfrentar la dependencia gasífera de Rusia. Nadie duda de las buenas intenciones al haber proclamado su deseo de descarbonizar la economía a la brevedad y abandonar los combustibles fósiles (todavía 86% de la energía primaria mundial), pero la crisis hizo comprender que las carboneras siguen siendo confiables, eficaces y seguras. ¿Quién se habría atrevido a decir eso hasta el 23 de febrero? 

En otro ámbito, en Elmau surgió una partícula política adicional, al validar el G7 la solicitud de ingreso de Ucrania (o lo que quede de ella) a la Unión Europea, dando paso a una expansión nunca antes vista de este órgano comunitario. Las deliberaciones fueron indicativas de que pronto también otras exrepúblicas soviéticas ingresarán y la UE se alzará como el organismo supranacional de mayor magnetismo en el mundo. Mención no menor merecen los novedosos invitados de la UE a la cita en Elmau (India, Sudáfrica, Senegal, Indonesia y Argentina y Brasil). Con tales invitados, inminentes re-balanceos de las proyecciones de poder en varias regiones, incluyendo América Latina, parecen más que obvios.

Una OTAN que se fortalece

Luego, otra gran partícula del nuevo sistema internacional provino desde Madrid, donde se efectuó la más importante cumbre de la OTAN desde su nacimiento en 1947. Pocas cosas hacían presagiar su refundación, ya que se había asignado a España la sede de esta cumbre sólo para festejar los 40 años de adhesión al pacto. Sin embargo, los asistentes tomaron dos acuerdos que otorgan a la OTAN un renovado sentido existencial. Por un lado, decidieron unánimemente ampliar el número de sus miembros y, por otro, acercarse aún más a la frontera con Rusia. Moscú fue declarado enemigo

El nuevo documento madre de la OTAN se llama Concepto Estratégico, que viene sustituir la Declaración de Lisboa de 2010 que trataba a Rusia en términos colaborativos. Además, el nuevo documento presentó una novedad estratégica adicional al señalar a China como país desafiante de los valores de la OTAN, acusándola de ejecutar “maliciosas operaciones híbridas cibernéticas”. Atención especial merecen también en este caso los invitados. Todos excepcionalmente sugerentes: Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelandia. ¿Hay dudas que la OTAN no se convierta en un actor global de primer nivel?

En Madrid, la OTAN dio también otro paso inimaginable hasta febrero de este año.  Acordar el ingreso de Suecia y Finlandia. Aquí radica un punto de vital importancia. Turquía decidió levantar su bloqueo poniendo a ambos países nórdicos condiciones extraordinariamente onerosas desde el punto de vista político y nada inocuas para la seguridad interna de todos los países europeos. Los representantes de Suecia y Finlandia, con ceño adusto y bajo la mirada siciliana del Presidente Erdogan, se comprometieron a cinco puntos que focalizan la lucha antiterrorista en los kurdos. 

Este no es un tema menor. Casi todos los países de la OTAN siempre se hicieron a un costado cuando este tema se ponía en agenda, buscando dejarlo como un incordio doméstico turco. Manifestar una cierta condescendencia con la causa kurda era entendida como un compromiso con los DDHH. Por ello, asistimos a un giro histórico, que ofrece una versión moderna de cómo se le pone lápida a las políticas exteriores principistas. El siempre perenne concepto del interés nacional (muchas veces desestimado por incómodo), demostró que sigue siendo definitorio en los asuntos internacionales. 

Este conjunto de maniobras no quedó sin respuesta por parte de Rusia. Allí, el halcón entre los halcones, Dimitri Rogozin, director de Roscosmos, propagó por las redes sociales fotos satelitales de la Casa Blanca, del Pentágono, de la sede de la OTAN en Bruselas, del Ministerio de Defensa británico, de las sedes del Bundestag y Bundeskanzleramt en Alemania, y del Palacio del Eliseo en París, con sus respectivas coordenadas. Luego, otro halcón, el diputado Andrei Gurulyov lanzó invectivas estremecedoras al señalar a Londres como primer blanco de un ataque nuclear ruso, si se produce un choque Rusia-OTAN. El jefe de Estado Mayor británico, sir Patrick Sanders, admitió la gravedad del escalamiento y sugirió una verdadera pesadilla. Europa estaría viviendo un Momento 1937, o sea, una previa de la gran conflagración.

Un nuevo bloque en Medio Oriente

Como si todo esto fuera poco, otra partícula importante ha irrumpido en ese explosivo espacio llamado Oriente Próximo. Allí ya comenzó un proceso de re-articulación enteramente sorpresivo en torno al Foro de Neguev, el cual acaba de materializar los denominados Acuerdos de Abraham. Esto significa un vuelco regional completo, que cambia la naturaleza de la relación entre EEUU, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Marruecos, Egipto y Bahrein.

Estos siete países parecen interesados en crear una OTAN regional, aprovechando que han limado asperezas con Israel y que ya han suscrito tratados de paz entre ellos. Hace algunas semanas, los principales jefes militares de estos países se reunieron en Shar el Sheik para ver la forma de articularse militarmente. Blanco compartido por los siete países es, obviamente, Irán.

En el terreno adversario, los BRICS tuvieron su XIV cumbre, que, aunque virtual, dejó en claro el rol emergente de Pekín. Mirado desde el punto de vista de la reconfiguración global, los rusos plantearon en esta cumbre un rápido ingreso de Argentina e Irán a aquel bloque. Una consideración que no pasará inadvertida en varias regiones del mundo.

En medio de estas cumbres, los chinos promovieron una iniciativa que también se inscribe dentro de las partículas elementales del nuevo orden que emerge. El instituto emisor de Pekín, junto a los bancos centrales de Indonesia, Malasia, Hong Kong, Singapur y… Chile llegaron a un Acuerdo de Liquidez en Renminbi con el Banco de Pagos Internacionales, el cual ayudará a satisfacer la demanda mundial por yuanes en caso de estrecheces con el dólar. Una maniobra intrincada para legos en materias monetarias, pero nada inocuo a ojos estratégicos estadounidenses.

En suma, son cambios vertiginosos y transformadores, aunque nadie podría decir a priori hacia dónde se encamina esta nueva configuración mundial. Para algunos son re-acomodos ante una globalización irreversible, pese a cualquier sobresalto. Pero, para otros, el mundo ya ingresó en un corredor de la muerte. Parafraseando de nuevo a Houellebecq, quizás hacia una Aniquilación, título escogido para su última obra.

*Ivan Witker es académico de la Universidad Central e investigador de la ANEPE.

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