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Publicado el 18 de abril, 2020

[Reseña] Paradojas y vacíos de la vía chilena a la modernidad

Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS). Alejandro San Francisco

Tras el 18 de octubre, Carlos Peña fue uno de los intelectuales que emergió desde la primera hora para intentar explicar lo que ocurría, muchas veces con reflexiones inteligentes que se salían de lo políticamente correcto –con los costos personales que eso significa en la actualidad–, aportando ideas de fondo a un debate que en realidad no siempre estaba abierto al intercambio razonado de ideas.

Alejandro San Francisco Profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de "Historia de Chile 1960-2010" (USS).

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Pensar el malestar. La crisis de octubre y la cuestión constitucional. Carlos Peña, (Santiago, Taurus, 2020), 340 páginas.

La crisis social y constitucional que vivió Chile a fines del 2019, o estallido social como le denominaron muchos, provocó una proliferación de análisis, reflexiones y debates, así como también la publicación de algunos libros. En general, estos han tratado de explicar alguna variante del problema, o bien tomar posición y tratar de orientar los caminos a seguir. En definitiva, como se demostró en encuestas, movilizaciones y conversaciones, resurgió el interés por la política en la sociedad, cambiando drásticamente la agenda nacional.

Carlos Peña fue uno de los intelectuales que emergió desde la primera hora para intentar explicar lo que ocurría, muchas veces con reflexiones inteligentes que se salían de lo políticamente correcto –con los costos personales que eso significa en la actualidad–, aportando ideas de fondo a un debate que en realidad no siempre estaba abierto al intercambio razonado de ideas. A medida que el proceso ha ido decantando, es posible mirar las cosas con algo más de perspectiva y avanzar hacia una mejor comprensión de lo que ha vivido Chile en las últimas décadas y a partir de octubre. Reflexionar sobre lo que ha estado ocurriendo se vuelve una obligación para quienes están en el mundo público, en las comunicaciones o en la academia, por más que muchas veces la vorágine diaria compita con la posibilidad de hacerlo como corresponde.

Pensar el malestar se puede inscribir en una lectura del problema desde una perspectiva más amplia que la mera crisis de octubre, como sugeriría el subtítulo de la obra. De hecho, Peña analiza –desde una perspectiva sociológica, así como de filosofía política y del derecho–, las transformaciones de Chile en las últimas cuatro décadas, especialmente en materia económica y en lo que se podría denominar la mentalidad de los chilenos. No expone de manera fácil y clara el por qué de la crisis de octubre, pero sí ofrece un marco conceptual y un análisis de contexto sin duda valioso para comprender el Chile de hoy y la movilización que paralizó el país por algunas semanas.

El autor vuelve sobre una idea que ha manifestado en otras ocasiones: Chile ha experimentado un proceso de modernización capitalista, que modificó las condiciones materiales de existencia. En la comprensión de este proceso aparecen dos aspectos de manera muy nítida, que no siempre se analizan con igual profundidad o rigor. En primer lugar, los datos objetivos que muestran las mejoras económicas y sociales en el país; en segundo lugar, la presencia de una subjetividad que lleva a muchos chilenos a sentir lo que el autor denomina un “malestar de la modernización”. Esto se expresa a través de distintas formas: la paradoja del bienestar, la desigualdad, la cuestión generacional, el desanclaje de la política, el debilitamiento de los vínculos y la presencia de la sociedad delante del Estado. Entre estos aspectos cobra especial importancia, para el caso de Chile, el problema de la percepción de la desigualdad: lo relevante no es tanto si ha bajado el coeficiente de Gini (como efectivamente lo ha hecho), sino si la desigualdad existente se la experimenta de manera legítima o no.

En la práctica, en la realidad chilena han aparecido nuevos movimientos sociales que intentan hacer política desde fuera de las instituciones; son hostiles a los partidos políticos (más a la vertiente de la socialdemocracia que a la derecha); y que finalmente son poco proclives a la negociación, al  plantearse en “llamativas antinomias de sí o no, deseable e intolerable, victoria y fracaso, ahora o nunca, etcétera”. Al integrarse en las nuevas capas medias y contar con élites de alto nivel educacional, en la práctica estos movimientos alteran las formas habituales de la democracia y la deliberación. Para el caso del movimiento del 18 de octubre, Peña afirma que “lo más probable es que Chile no esté en medio de una revolución”, aunque agrega esto en el sentido sociológico, “porque sí parece haberla en el sentido jurídico de la expresión”.

Por otro lado, la pérdida de legitimidad constitucional es uno de los temas centrales en el momento político actual. Mientras ha motivado la discusión sobre una nueva carta fundamental, también ha planteado temas como la relevancia del momento constituyente, “el grado cero de la política”, o la idea de “hoja en blanco”, que pone nerviosos a tantos chilenos e ilusiona a tantos otros. Peña desarrolla un largo y bien pensado capítulo sobre “La cuestión constitucional”, donde aborda temas como la limitación de las mayorías, la legitimidad, los derechos, la relación entre democracia y género, la pluralidad y la vigilancia de la constitución.

En definitiva, estamos frente a un libro que constituye un gran aporte intelectual para la política chilena actual, y debiera ser una lectura valiosa para personas que están en la política activa, así como quienes esperan intervenir en los próximos debates constitucionales. Cuenta además –como suele ocurrir en las obras del autor– con una sólida y abundante base bibliográfica para quienes deseen profundizar en alguno de los temas.

Me parece que hay dos aspectos de Pensar el malestar que merecerían un tratamiento más amplio o quizá puedan ocupar espacio en otra reflexión. Uno es el problema histórico, que no aparece considerado en su real importancia, especialmente teniendo en cuenta que gran parte de la división de posiciones, de los ejes ideológicos vigentes o de las adhesiones constitucionales tienen su origen en los conflictos de los años 80. Y esto lleva al segundo aspecto, que es la política real que existe en Chile, sus partidos y divisiones, sus liderazgos y cambios de giro, que en buena medida explica las acciones y reacciones de los diferentes actores, de los partidos y los movimientos sociales. Muchas de las explicaciones para comprender el Chile actual no tienen necesariamente su raíz en ideas de gran vuelo, sino simplemente en la política práctica, en la lucha por el poder, en las negociaciones, transacciones o intransigencias propias de la política, tal como se vive en Chile en las últimas décadas. Este elemento podría ser ofrecido como un factor complementario a las consideraciones sobre la “modernización capitalista” y la subjetividad de los chilenos.

Algunos temas como la cuestión constitucional –que ocupa la última parte del libro– son explicados fundamentalmente por la dicotomía centroizquierda-centroderecha, así como la adhesión doctrinal o ideológica a la Constitución (de 1980 o de 2005), aunque también en buena medida por las adhesiones políticas existentes en el país. En otro plano, considerando una mirada histórica y política, es posible señalar que la exigencia del cambio constitucional ha sido parte de la identidad política de la izquierda chilena. Así, hacia 1970, estando vigente la Constitución de 1925, la izquierda ya planteaba un cambio de la Carta Fundamental. La disputa política por el cambio constitucional ha sido una constante en el pasado, incluso prescindiendo de la “modernización capitalista” o a las desigualdades del modelo de Pinochet (en este tema, ciertamente hay una deuda desde la historiografía). Esa tradición de exigencia de una constitución distinta por parte de un sector importante de la izquierda radica en que sus postulados de sociedad son muy distintos a los que existían entonces y los que existen hoy en Chile. Y eso tiene una explicación más histórica, política e ideológica que otra cosa.

En cualquier caso, la crisis social, la ruptura y la violencia que trajo asociada y el momento constitucional que comenzó a vivir Chile seguirán estando en la discusión pública por mucho tiempo. En este camino, el libro de Carlos Peña resulta un acompañante valioso para la reflexión en una época en que hay poco espacio para pensar más profundo.

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