Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 16 de diciembre, 2015

Para mis amigos todo, para mis enemigos las instituciones

Director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad ESE Alfredo Enrione
A pesar de que se ha reconocido que el financiamiento irregular a la política ha sido un fenómeno transversal en los partidos, hasta ahora parece que nuestras instituciones han tenido una mirada sesgada.
Alfredo Enrione Director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad ESE
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

No hay ninguna duda de que el año 2015 será recordado por mucho tiempo y que marcará una “antes” y un “después”. Un punto de inflexión en el funcionamiento de las instituciones. Sin embargo, todavía no sabemos si el recuerdo será para celebrar o lamentarse y el gobierno tiene en sus manos el desenlace.

Por un lado, el 2015 podría ser recordado como el inicio de una “era de oro” de las instituciones. Una era donde ni el poder económico, ni el poder político, ni el poder mediático sirven ya para eludir el peso de la justicia. La igualdad absoluta ante la ley.

Así, por ejemplo, hace unas semanas vimos en los medios que un importante político, ex senador y líder de uno de los partidos más poderosos ha sido condenado por delitos tributarios. Varios otros parlamentarios han debido declarar ante la justicia, pagar multas y ser víctimas del escarnio público.

También vimos este año en televisión cómo un juez fustigaba severamente a dos grandes empresarios por delitos tributarios. En los mismos canales vimos en vivo su ingreso a prisión preventiva y cómo sufrieron humillantes insultos de la turba.

El 2015 también marcó un antes y un después para los grupos empresariales más poderosos del país. Varios de ellos han debido admitir sus errores públicamente, ver su reputación manchada e incluso arriesgar sanciones ejemplares.

A los poderosos en otros ámbitos sociales también se les ha removido el piso. Unos carismáticos y otrora influyentes clérigos han debido someterse a la justicia ordinaria por conductas reñidas con la moral. De la misma manera, y en sólo unas semanas, la dirigencia que llevó el fútbol chileno a la gloria en la Copa América fue decapitada después de revelarse una sucesión de millonarias coimas y chanchullos.

¿Viva las instituciones? Quién sabe. El partido todavía está en juego y aún no podemos cantar victoria. El riesgo de una derrota estrepitosa para el prestigio y funcionamiento de las instituciones aún es posible. El gobierno tiene la pelota y su compromiso con reforzar las instituciones, por el momento momento, no ha resultado muy productivo.

Así es como varios de los escándalos señalados más arriba motivaron la creación de un  “Consejo asesor presidencial”. Debían proponer medidas contra los conflictos de interés, el tráfico de influencia y la corrupción. Trabajaron con un tesón y sentido de urgencia ejemplares. Sin embargo, las 21 medidas que fueron lanzadas con fanfarria entraron por un oído del gobierno y salieron por el otro. Hasta ahora nada.

A pesar de que se ha reconocido que el financiamiento irregular a la política ha sido un fenómeno transversal en los partidos, hasta ahora parece que nuestras instituciones han tenido una mirada sesgada. Resulta curioso, por decir lo menos, que los únicos empresarios y políticos sancionados por la justicia por este tipo de delitos sean de la misma tendencia política (de oposición al gobierno).

En otros casos también parece que el azar juega a favor del gobierno. En todos aquellos procesos donde personeros de gobierno o parlamentarios de izquierda han recibido financiamiento irregular, los únicos sancionados han sido las empresas que aportaron los recursos.

Suma y sigue. Por un lado el principal ente fiscalizador del Estado, la Contraloría General de la República permanece acéfala desde hace meses. Por otro, el propio poder Ejecutivo cuestiona la legitimidad del Tribunal Constitucional cuando falla en su contra.

El prestigio y funcionamiento de las instituciones está en juego y nuestro gobierno tiene en sus manos el resultado final. Podríamos terminar celebrando un enorme avance institucional o parafraseando a un célebre dictador latinoamericano: “Para mis amigos todo y para mis enemigos el peso de las instituciones”.

 

Alfredo Enrione, ESE Business School – Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más