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Publicado el 08 de febrero, 2019

Pablo Valderrama: Un “cariñito” conservador

Director Ejecutivo Idea País. Pablo Valderrama

La ley de identidad de género mandata al Ejecutivo a dictar un reglamento que regule los programas de acompañamiento profesional. Es de esperar que el Gobierno pueda defender públicamente la labor de aquellas organizaciones que no están al son del mainstream liberal y que ofrecerán un acompañamiento distinto a aquellas familias y menores que preferirían su atención.

Pablo Valderrama Director Ejecutivo Idea País.
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Dentro de estos días se cumplirán dos meses desde la publicación de la ley Nº 20.120 que reconoce y da protección al derecho a la identidad de género. Un proyecto incómodo para la derecha, en el que la fuerza progresista –impulsada por Evópoli– terminó por convencer a un Gobierno que nunca dio señales de querer abrazar una iniciativa como esta.

Como fuere, la normativa mandata al Ejecutivo a dictar un reglamento que regule los programas de acompañamiento profesional a los que se refiere su artículo 23, es decir, a la manera en que niños, niñas y adolescentes, cuya identidad de género no coincida con su sexo y nombre registral, y sus familias, serán apoyados en este difícil camino. En buena hora el cuerpo legal en cuestión deja abierta la posibilidad de que sean personas jurídicas sin fines de lucro aquellas que presten este acompañamiento a los niños y sus familias, sin hacer mayores distinciones respecto al tipo de instituciones que calificaría para otorgar este acompañamiento. Es más, el legislador descansó en el Ejecutivo para que, por medio de un reglamento, se pronuncie sobre ello.

¿Qué oportunidad abre esta delegación? Que el Ejecutivo pueda jugársela para que sea una pluralidad de instituciones las que puedan brindar este acompañamiento y no solo aquellas que impulsaron esta normativa. Si Chile Vamos se constituyó como una coalición diversa, en la que conviven diferentes visiones e ideologías, ¿por qué no esperar que esa pluralidad se refleje en el reglamento?

El Gobierno no puede menospreciar a ese grupo que también permitió su arribo a La Moneda, y que, de alguna u otra manera, también esperan un cariñito de su parte.

Es evidente que una decisión como esta implicaría romper huevos, que no es otra cosa que hacer política y jugársela por sus convicciones. Por lo mismo, si aquella pluralidad llegase a suceder, es de esperar que el Gobierno pueda defender públicamente la labor de aquellas organizaciones que no están al son del mainstream liberal y que ofrecerán un acompañamiento distinto a aquellas familias y menores que preferirían su atención.

Por el contrario, si lo anterior no ocurre, seguirá rondando una incertidumbre sobre las posiciones valóricas de este Gobierno, cuyos efectos políticos solo benefician a José Antonio Kast –quien pasó de ser un aliado en la segunda vuelta, a un incómodo 10% de adhesión en estos meses de gobierno– y aumentará el malestar de muchas personas de derecha que hace tiempo empezaron a sentirse excluidos.

Lo anterior se vuelve aún más real si tomamos en cuenta los resultados de la última encuesta Criteria, en que Beatriz Sánchez y José Antonio Kast, ambos extremos de sus propios sectores políticos, se encumbran como las principales preferencias de la gente para suceder como presidente a Sebastián Piñera. Sabemos que en la política las formas y las señales importan. El Gobierno no puede menospreciar a ese grupo que también permitió su arribo a La Moneda, y que, de alguna u otra manera, también esperan un cariñito de su parte.

 

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