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Publicado el 21 de agosto, 2019

Pablo Valderrama: La Casa de Papel criolla

Director Ejecutivo Idea País. Pablo Valderrama

Se requieren medidas inmediatas que hagan eco de lo que la ciudadanía espera. Las mesas de diálogo, las discusiones democráticas, son bienvenidas siempre y cuando no haya riesgos de molotovs por lanzarse. Para ello, un primer paso será apoyar la gestión de Carabineros y del Rector del establecimiento para garantizar la seguridad del lugar. Si ello no ocurre, todas las medidas que se tomen no serán más que un show digno de Netflix.

Pablo Valderrama Director Ejecutivo Idea País.
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El primer foco de luz de la nación ya no alumbra. O bien, solo ilumina por el fuego que anda dando vueltas por ahí. Unos “niños” con cabezas cubiertas, con overoles, jugando a La Casa de Papel, son los protagonistas. La diferencia con la serie –que se trata sobre el asalto de un grupo de delincuentes a un edificio emblemático de Madrid– es que no hay un tesoro ajeno por robar, sino que es la misma condición de estudiante la que se sustrae. Por el otro lado, la similitud con el show televisivo es que en ambos “atracos” hay una especie de reivindicación social. Claro está que no es solo la equidad de género lo que motiva tomarse un colegio y fabricar bombas en su interior. Hay algo más profundo que los Tokyo, Denver y Moscú chilenos quieren provocar al interior del Instituto Nacional.

El punto relevante es que este minúsculo grupo insurgente ha logrado poner en jaque a todos los escalafones de autoridades. Por de pronto, el presidente del Centro de Alumnos, Rodrigo Pérez, reconoce no saber quiénes son los encapuchados y admite no tener herramientas para persuadirlos (tal vez a Rodrigo le ha faltado ser más enfático en condenar la violencia desde un comienzo). Su rector, Fernando Soto, pide a las autoridades políticas las soluciones. El alcalde Alessandri se ve algo solo y el asunto ha escalado hasta el Presidente de la República. ¡El Presidente! La máxima autoridad nacional que, en medio de la discusión sobre la reforma tributaria y la inquietud sobre la reactivación económica, ha debido monitorear de cerca lo que sucede al interior del Instituto Nacional. Por suerte escuchó a sus asesores y no presidió el comité que se reunió este lunes para abordar este tema entre la intendenta, la ministra de Educación y el alcalde.

Como sea, esta puesta en jaque hacia la autoridad es más grave de lo que parece: ha sido capaz de poner en cuestión la legitimidad misma del Estado. ¿Qué sentido guarda entregar el monopolio de la fuerza a quien se ve impedido de controlar la violencia de los demás? ¿Cómo es posible que los servicios de inteligencia y las fuerzas de orden no puedan reafirmarse a sí mismas poniendo punto final a estas escenas?

Como se ve, el problema es profundamente político y requiere soluciones de la misma naturaleza. La necesidad de reafirmar la autoridad estatal es un tema que le compete exclusivamente a la política y que va mucho más allá de un mero asunto de seguridad. Por lo mismo, cada vez le queda menos margen al mundo político para tomar los fierros calientes y actuar decididamente por reivindicar el monopolio de la fuerza en el Estado. De lo contrario, cada vez surgirán más voces que cuestionan el rol de éste, de la política y de las autoridades. Y cuando ello ocurre, ya sabemos que el escenario se pone más negro aún.

En esta línea, se requieren medidas inmediatas que hagan eco de lo que la ciudadanía espera. Las mesas de diálogo, las discusiones democráticas son bienvenidas siempre y cuando no haya riesgos de molotovs por lanzarse. Para ello, un primer paso será apoyar la gestión de Carabineros y del Rector del establecimiento para garantizar la seguridad del lugar. Si ello no ocurre, todas las medidas que se tomen no serán más que un show digno de Netflix.

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