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Publicado el 02 de mayo, 2019

Pablo Valderrama: Ensueño liberal

Director Ejecutivo Idea País. Pablo Valderrama

La propuesta liberal del diputado Vlado Mirosevic respecto a la eutanasia manifiesta una versión bastante miope del ser humano. No solo por creer que la libertad es completamente equivalente a la autodeterminación, sino también por esquivar la idea de que distintos determinantes sociales son también limitantes de dicha libertad, y que un paciente que padece un dolor insoportable o está afectado por una enfermedad terminal no es tan “autónomo” como él cree.

Pablo Valderrama Director Ejecutivo Idea País.
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Como en muchos debates de mayor trascendencia, al actual proyecto de eutanasia subyace una pregunta muy profunda sobre el ser humano: ¿somos completamente “autónomos”? El diputado del Frente Amplio Vlado Mirosevic, su principal impulsor, cree que sí. Las personas, asegura el congresista, en la medida que no están siendo coartadas física o psíquicamente por otros, son libres, y, por lo tanto, nadie más que ellos mismos pueden determinar su propia vida.

El argumento suena convincente, pero es completamente confuso. Es evidente que una de las manifestaciones posibles de la libertad es la ausencia de coacción externa, como ocurriría si un ladrón me obliga a firmar un cheque a nombre suyo apuntándome con un arma de fuego. Si otro ocupa un lugar tan preponderante, la libertad termina por desvanecerse.

Sin embargo, el asunto se vuelve más complejo entre quienes padecen una enfermedad terminal o un sufrimiento físico o psíquico insoportable. En estos casos, la práctica médica revela que el querer humano se confunde con un intenso deseo de alivio del dolor, por lo que resulta muy difícil verificar otro sentimiento distinto de éste. ¿Podría el diputado liberal, en este contexto, asegurarnos lo que el paciente realmente desea? Evidentemente todos conservamos una cuota última de libertad, aún en los sufrimientos más grandes; pero también es cierto que nuestra autonomía y capacidad para determinarnos por nosotros mismos, se reduce notablemente en situaciones complejas, sobre todo en aquellas donde está presente el dolor, la angustia y la incertidumbre frente a la vida. No siempre lo que declaramos en contextos tan difíciles es lo que realmente queremos.

Siguiendo el ejemplo del ladrón, el caso se vuelve más complejo aún si el revólver amenazante no es la enfermedad en sí misma, sino el efecto que ésta puede tener sobre otros, generalmente los familiares: ¿en qué lugar queda la pretendida autonomía si solo se puede elegir entre la muerte o seguir siendo una carga para los cercanos? Así, este fenómeno viene a confirmar que la promesa de la autonomía individual no es tan cierta y que las decisiones y valoraciones humanas están fuertemente determinadas también por contextos sociales y culturales. Puesto de otro modo, si la riqueza y la desigualdad pesan sobre la libertad humana, ¿por qué no el sufrimiento, una enfermedad o los efectos de esta en los demás?

Así las cosas, la propuesta liberal del diputado Mirosevic manifiesta una versión bastante miope del ser humano. No solo por creer que la libertad es completamente equivalente a la autodeterminación, sino también por esquivar la idea de que distintos determinantes sociales –no tan toscas como la pistola en la cabeza— son también limitantes de dicha libertad, y que un paciente que padece un dolor insoportable o está afectado por una enfermedad terminal no es tan “autónomo” como él cree.

Además de empatizar sinceramente con casos tan dramáticos como los que hemos conocido, es necesario comprender que tras las posturas de Mirosevic y otros políticos liberales se esconde un debate muy profundo sobre cómo entendemos a la persona humana, especialmente con quienes piensan que la libertad no es más que el poder elegir vivir o morir. Un “ensueño liberal” no aguanta más allá de las teorías y el papel y, afortunadamente, es superado por la realidad.

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO

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