Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 13 de junio, 2020

Pablo Paniagua: La insoportable levedad del neoliberalismo

Investigador Senior FPP. Ingeniero Civil Industrial. Magíster en Economía y Finanzas de la Universidad Politécnica de Milán. PhD (C) en Economía Política de la King’s College London. Pablo Paniagua

Sin duda un elemento que ha empobrecido el debate con respecto al malestar social es el uso indiscriminado y ligero del concepto “neoliberalismo” y el potencial significado maléfico que este posee para algunos intelectuales.

Pablo Paniagua Investigador Senior FPP. Ingeniero Civil Industrial. Magíster en Economía y Finanzas de la Universidad Politécnica de Milán. PhD (C) en Economía Política de la King’s College London.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Uno de los aspectos más cuestionados después del 18-O y esta pandemia, ha sido el llamado “modelo neoliberal” chileno. Intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, han atribuido al “neoliberalismo” el origen de todo el malestar y estallido social que hemos experimentado; algunos incluso se han aventurado en culpar al famoso neoliberalismo de la pandemia. A pesar de no tener aún una explicación convincente del estallido social —lo que no debería sorprender, dada la complejidad y multiplicidad de matices que posee— ciertos intelectuales maximalistas y algunos oportunistas se han apresurado a apuntar al neoliberalismo como la suma de todos los males sociales y políticos que padece el país.

Sin duda un elemento que ha empobrecido el debate con respecto al malestar social es el uso indiscriminado y ligero del concepto “neoliberalismo” y el potencial significado maléfico que este posee para algunos intelectuales. De partida, existe algo problemático en dicha lógica, ya que términos conceptuales que se usan para explicarlo todo terminan entonces diluidos en meros insultos que decantan explicando nada y cayendo en la irrelevancia conceptual. Es necesario detenerse a reflexionar respecto al significado del neoliberalismo y lo que algunos intelectuales entienden por el mismo. Así, percibimos no solo la liviandad y tergiversación con la cual se usa dicho concepto, sino que además las inconsistencias en las que caen ciertos intelectuales al intentar definirlo.

A ratos pareciera que el neoliberalismo es un sinónimo del capitalismo y de la economía de mercado. En otras ocasiones, pareciera ser que estuviese asociado a un sistema de explotación y corrupción, no reconociendo de paso que esto es en realidad una propiedad aún más exacerbada en —y que poseen todos los— sistemas totalitarios y socialistas. En otras ocasiones, pareciera ser un sistema en el cual el Estado debiera supeditar y someter a la política a través de la economía, y así expandir el proceso de mercantilización de la sociedad en todas sus esferas. Sin duda su uso es múltiple, ad hoc y su definición estratégicamente vaga.

El concepto que más pareciera acercarse a lo que los intelectuales entienden por neoliberalismo es aquel sistema de desarrollo que busca poner al mercado como la esfera más importante, o el centro, de toda vida humana. Relegando a segundo plano, e incluso marginando, otros aspectos del ciudadano como la política y la comunidad. Pero, aún así, esto no explica la realidad social y la práctica de política pública, ni se acerca tampoco a ninguna concepción sobria del capitalismo y/o de un orden social abierto de corte liberal.

Por de pronto, habría que hacerse dos preguntas. Primero, ¿quién más que el Estado es capaz de ocupar el monopolio de la fuerza y la política pública para promover el uso de los mercados en distintas esferas de lo social? Los mercados no son superpoderosos, ni tienen las capacidades intrínsecas de expandirse y devorar a la sociedad por sí solos, como si estos fueran un virus el cual ni la sociedad ni el Estado pudiesen controlar. La expansión de los mercados solo puede ocurrir bajo el alero de las políticas públicas y del Estado que los fomenta. Así, resulta incoherente decir que lo que le falta a Chile es “más política” y/o “más Estado” para poder supeditar al mercado cuando estos mismos son los elementos que lo han fomentado.

Segundo, ¿por qué es tan terrible el hecho de que los mercados sean un aspecto relevante en la vida de un ciudadano? Después de todo, los mercados han estado y estarán en innumerables interacciones sociales vitales que nos rodean y nos dan sentido tanto de pertenencia como de autorrealización. Más aún, cuando las personas tienen libertad de acción, estas prefieren utilizar los mercados sólo cuando les portan más beneficios que costos. De lo contrario, las personas recurrirán a otras formas organizacionales para solucionar sus dilemas colectivos.

Esto sugiere que existen dos formas en las cuales el mercado puede desplazar a otras formas de deliberación: a través de la libre voluntad de los ciudadanos o de lo contrario, que se expandan en contra de los deseos de estos a través del uso del Estado y de la política pública. En ausencia de libertad de asociación no existe aquel supuesto malvado neoliberalismo desregularizado —que relega a segundo plano toda deliberación colectiva, sociedad civil y a la política— sin un agente político y estatal que lo fomente y lo expanda bajo su tutela. Así, la idea de que la política y el Estado puedan ser de alguna forma supeditados al mercado es una mera incoherencia que no tiene relación alguna con la realidad.

Finalmente, es difícil poder encontrar a algún economista o intelectual liberal que realmente promueva semejante perversión relacionada a “la inexistencia de lo social” a través del supuesto neoliberalismo o que esté de acuerdo con establecer al mercado como el centro monopolizador de toda vida humana, relegando otros aspectos inmanentes del ser humano como la familia y las asociaciones intermedias. Todo lo anterior nos hace reconocer que la idea, aparentemente neoliberal, de que los mercados deban superar y supeditar a la política y a todo lo social es, no sólo una mera ilusión e imposibilidad, sino que además un hombre de paja utilizado por ideólogos pera demonizar al liberalismo y a la libertad individual.

El no crear un marco conceptual claro y una definición del neoliberalismo les permite a los ideólogos obtener una flexibilidad retórica a través de la cual le pueden otorgar (al capitalismo) un sinnúmero de propiedades ad hoc perversas que ellos estimen convenientes. Resulta paradójico que para ser la (aparente) causa más importante de todos los males sociales, los “académicos” no dediquen más esfuerzos intelectuales a definirlo de forma clara y coherente. Con todo, el neoliberalismo resulta ser un chivo expiatorio, un agravio o una expresión denostativa para representar todo aquello que las personas consideran perverso en la sociedad, como si fuese un “fantasma conceptual” que permea todo lo malo. Lamentablemente el uso vago de la palabra neoliberalismo, reafirma lo establecido por Roger Scruton: “Los términos políticos a menudo son entendidos de manera tan oscura por la persona que los usa como por la persona que está confundida al escucharlos”.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

APOYA AL LÍBERO

A diferencia de muchos medios de comunicación en EL LÍBERO hemos mantenido nuestra web y noticias sin costos para todos. Creemos que hoy, más que nunca, es necesario que la mirada de EL LÍBERO llegue a más personas y cubra más contenido.

Si quieres ayudarnos a lo anterior suscríbete, hoy mismo, a la Red Líbero, por 1 U.F. mensual (o 0,5 U.F. para los menores de 40 años) con lo que estarás realizando un aporte fundamental para que podemos ampliar nuestra labor.

Suscríbete