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Publicado el 02 de noviembre, 2019

Osvaldo Schaerer: La batalla por el control del denominador de «la tómbola»

Consultor de empresas Osvaldo Schaerer

Arden las redes sociales batallando por cuál es el denominador que se aplica para calcular los porcentajes de resultado del Sistema de Admisión Escolar.

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El Ministerio de Educación publicó el 30 de octubre los resultados de la aplicación a nivel nacional del Sistema de Admisión Escolar (SAE), conocido coloquialmente como «la tómbola». El ministerio destaca que participaron 483.070 alumnos y que 355.344 de ellos postularon a un establecimiento en que el número de vacantes era menor que el número de postulaciones. A partir de este último número de postulantes, el ministerio calcula los porcentajes de alumnos que tuvieron cada uno de los posibles resultados que produce el SAE.

El 25 de octubre se hizo público un «micro‑informe» firmado por los señores José Rafael Correa, Rafael Epstein y Juan Escobar, escrito en papel con membrete de la Universidad de Chile (sin especificar Facultad o Departamento responsable) que muestra el mismo proceso, tomando como denominador para el cálculo de porcentajes el guarismo 483.070, correspondiente al total nacional de postulantes. Y comenzó el debate en las redes sociales. Hubo un tsunami de posteos en twitter y otras redes que denunciaban intencionalidad perversa por parte del ministerio, algunos incluyendo calificativos de grueso calibre para la actual ministra.  La defensa de los criterios oficiales no tardó en aparecer, lo que provocó más reacciones de lado y lado. El fuego cruzado sigue activo.

¿Qué es lo que está en juego, que un simple número desata las pasiones más encendidas?

Estos resultados controvertidos tienen su origen en que el SAE está basado en la aplicación de la versión chilena del Algoritmo de Asignación Diferida, cuyos autores originales son Lloyd Shapley y Alvin Roth, ambos galardonados con el «The Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel» el año 2012. Como parte de la abundante argumentación -a favor y en contra- sobre el uso en Chile de este algoritmo para asignar los cupos en las escuelas chilenas, los autores de la versión nacional publicaron su opinión en defensa de su labor el 5 de noviembre de 2017, en la página A2 de El Mercurio. Ahí afirman: «Algunos establecimientos tienen más postulantes que cupos disponibles, por lo que inevitablemente algunas familias no podrán acceder al establecimiento que más les gusta. La Ley de Inclusión establece algunos criterios para resolver este problema […] el azar juega un rol solo cuando existe un exceso de familias que desean matricular a sus hijos en un colegio […] los cupos disponibles se asignan aleatoriamente entre las familias que postularon a esa escuela».

En ese texto, sus autores responsables dicen, sin lugar a duda, que el algoritmo de asignación diferida se aplica solamente cuando la demanda de cupos en una escuela es mayor a la oferta. Dos de los cuatro autores desarrolladores chilenos, Correa y Escobar, aparecen como firmantes del «micro-informe» del 25 de octubre recién pasado, con una opinión distinta de la expresada originalmente.

El Ministerio de Educación usó los criterios originales de Correa, Escobar, Figueroa y Gallego publicados en El Mercurio del 5 de noviembre de 2017. En su informe, el ministerio muestra explícitamente los criterios y números utilizados para el cálculo. Todas las cifras mostradas por ambos informes son exactas y de igual precisión, por lo que no hay que llamar a las matemáticas para resolver la disputa.

Detrás de esto hay un problema no resuelto y se ha convocado a los números para ayudar en la argumentación. El cambio de criterio de Correa y Escobar permite sostener que el 53% de los postulantes quedó en su primera opción, en oposición a versión inicial de los mismos autores que, al aplicarla, este resultado se reduce a un 36%. Si tomamos los postulantes que quedaron en cualquiera de sus tres primeras preferencias, el criterio original de Correa y Escobar muestra que un 62% tuvo ese resultado, mientras que el criterio ahora modificado de estos mismos autores muestra un 72%.

No cabe duda de que los porcentajes más altos darían a entender que el algoritmo es mejor y viceversa. Pero, en lugar de proceder irreflexivamente a calificar intenciones detrás del uso de las matemáticas por cada parte, creo que es mejor preguntar a los señores José Rafael Correa y Juan Escobar ¿por qué hicieron los cálculos del «micro‑informe» con un criterio diferente al que argumentaron cuando salieron a defender su algoritmo en 2017?

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