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Publicado el 21 agosto, 2020

Osvaldo Schaerer: La aldea global se fue al carajo

Consultor de empresas Osvaldo Schaerer

Es de la mayor importancia que las leyes, regulaciones y prácticas chilenas preserven la característica global, abierta y neutral de la tecnología Internet. Haber hecho su valor evidente para todos es una externalidad positiva de la pandemia del año 2020.

Osvaldo Schaerer Consultor de empresas

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Aparentemente, el sueño de Internet como una red abierta, confiable, libre, ética, compartida, era inalcanzable y se ha transformado en un experimento fallido que nos condena a una vida segregada en tribus, con ritos y culturas convenientemente diferenciadas. La Internet global se está fracturando ante nuestros ojos, transformándose en mini redes nacionales o regionales, con fuertes controles de paso y acceso entre ellas y con todo tipo de filtros de contenido y prácticas. Este proceso se ha llamado la «balcanización» de la Internet y ha dado origen en su reemplazo a la «Splinternet», que ya cuenta con una definición oficial en el diccionario de Wikipedia.

En 1964, imaginando el mundo desde su estudio en Canadá, con la vista puesta en el horizonte del Lago Ontario, más allá de la marina del Tommy Thompson Park, el pensamiento de Marshall McLuhan conducía sin duda a la aldea global. En ella, todos participaríamos en una coexistencia pacífica mundial, sustentada en libre comercio transnacional, telecomunicaciones masivas, migración sin fronteras y cultura transversal. Las últimas décadas mostraron una evolución en esa dirección, fuertemente apalancadas en los pilares del comercio y la Internet. Las trizaduras estructurales aparecieron vinculadas a la geopolítica, la migración y la cultura, con un golpe de gracia dado por el cisne negro de la sanidad.

La joya de la aldea global es la red Internet, un flujo de datos de todo tipo, sin límite ni respeto a fronteras políticas, religiosas ni culturales. Solamente con entender el idioma, el contenido está a tu disposición, casi todo gratis. Internet es hija civil de Arpanet, un producto de la guerra fría creado por el brazo tecnológico de la industria militar norteamericana. Su propósito era conducir mensajes entre múltiples puntos interconectados y sobrevivir a un ataque nuclear, con la intención de que las comunicaciones militares fluyeran, independientemente del daño causado a la red.

Las piezas y partes para construir la Internet pasaron a dominio público para que cualquiera se pudiera integrar. Las universidades UCLA y Stanford intercambiaron el primer mensaje civil de Internet el 29 de octubre de 1969. A partir de ese hito, de la mano de todas las universidades, seguidas por la industria de las telecomunicaciones, se convirtió en la red de información mundial.

La primera trizadura vino de Corea del Norte, que usó las herramientas públicas norteamericanas para construir su propia red local al interior del país, llamada «luz brillante». Inaugurada el año 2000, esta red está hoy disponible gratuitamente para todos los ciudadanos de ese país con su propio navegador web, correo electrónico, motor de búsqueda y aplicaciones, para que sus usuarios se sientan con las mismas capacidades de los de otras latitudes. La sutil diferencia es que no hay ninguna posibilidad de interconectarse con la red global y viene con control estatal de todos los contenidos. Esta innovación coreana fue rápidamente copiada por países similares.

¿Por qué podría ser importante para nosotros perder la globalidad de Internet?

En este lado del planeta, en el año 2013, Dilma Rouseff, entonces presidenta de Brasil, anunció en la Asamblea General de la ONU que pediría a los países latinoamericanos que se «desconecten de la hegemonía estadounidense de Internet y desarrollen sus propias estructuras de gobernanza soberana de la red». Muchos la aplaudieron, incluso en Chile. Actualmente, un modelo equivalente al de Rouseff está funcionando en Cuba y otro en fase de despliegue en Venezuela. El gobierno de Irán anunció en el año 2011 la puesta en servicio de la red Halal, necesaria para hacerla respetuosa de los valores del Islam. El broche de oro lo puso el sistema de puntaje social de China, en operación desde este año. Además de las características anteriores, incluye la capacidad de monitorización total de la actividad individual de los ciudadanos chinos, con el objeto de obtener puntaje para ser titular de beneficios.

Rusia tiene leyes que obligan a quienes trabajan con la Internet a almacenar sus datos dentro del país. También ha anunciado el «Programa Nacional de Economía Digital» cuya primera ley entró en vigor en noviembre de 2019, obligando a los prestadores de servicio a tener la capacidad -instantánea- de operar en forma completamente desconectada de la red global, en forma autónoma, con su propia versión de la red. La Comunidad Europea ha dictado leyes que intentan definir «cómo debe» funcionar Internet, anunciando bloqueos para quienes no se allanen cumplir con dichos requisitos, sin importar desde qué país operen.

La fragmentación de la Internet en redes regionales es lo contrario a su diseño original y destruye un pilar fundamental de la aldea global de McLuhan. El quiebre vino desde los regímenes políticos que no permiten la libertad de opinión, para continuar con las religiones que tampoco la permiten, porque aún no han sido separadas del Estado. Para todos ellos, Internet es un peligro en su estructura de mantención del poder, que puede ser neutralizado justificando su eliminación para proteger a la población del riesgo de la proliferación de noticias falsas, grupos radicales intolerantes, contenidos ofensivos, cibercrimen, criptomonedas, etc.

Desde una mirada chilena, ¿cuál sería su reacción si, siguiendo lineamientos similares a los planteados por Dilma Rouseff, a partir del próximo lunes, la Internet pudiera acceder solamente a contenido regional latinoamericano o exclusivamente nacional? Es un buen ejercicio intelectual, porque en otras latitudes ya lo han hecho y el mandato no ha venido de los técnicos que hacen posible la red. ¿Por qué podría ser importante para nosotros perder la globalidad de Internet? Total, siempre hemos vivido enclaustrados por la cordillera, el mar y el desierto.

Precisamente por eso. El desarrollo cultural y económico de Chile estuvo encerrado por estos límites insalvables desde siempre, hasta que -en la segunda mitad del siglo 20- su economía se abrió al mundo y la Internet nos integró al planeta. Como país pequeño que somos, el encierro material e intelectual no nos puede llevar a ningún nivel razonable de desarrollo.  De cada billete que disponemos hoy, más de la mitad de su valor está explicado por relaciones comerciales con mercados externos.

Una Internet balcanizada «Splinternet» amplía la desigualdad de oportunidades en la población.

Pero el daño no estaría limitado a lo económico. La restricción en el flujo de los datos atrofia la innovación. Entre las externalidades más interesantes del creciente intercambio de datos es la nivelación en el potencial para generar nuevas ideas, conocimientos y tecnologías. Los datos son el campo de cultivo para la innovación, por medio de una mayor comprensión, nuevos descubrimientos y potentes herramientas destinadas a mejorar la calidad de vida de todas las especies.

Hay otro daño aún más significativo. Una Internet balcanizada «Splinternet» amplía la desigualdad de oportunidades en la población. La pandemia ha puesto en evidencia la importancia de la escuela como institución matriz para dar estructura y formación a la sociedad. También ha marcado el derrumbe final del monopolio del modelo de aprendizaje basado en las clases magistrales, diseñado en Alemania en el siglo 18, donde el profesor (el que profesa y declara en público) lo sabe todo y el alumno (el alimentado), disciplinado y obediente, se nutre de la sabiduría del profesor y hace sus tareas en la casa. Los límites a la capacidad del profesor fueron evidentes ya en el siglo 19, cuando fue indiscutible que era necesario construir grandes redes de bibliotecas públicas y otros lugares complementarios para el aprendizaje. No hubo duda entonces en que con más información y conocimiento disponible para la población, los países se beneficiarían de la mayor innovación y productividad, originada en una población más educada y empoderada. No es casualidad que los países que se anticiparon en este camino están hoy entre los más desarrollados. La analogía actual es evidente, la red de bibliotecas públicas del siglo 20 es la Internet global del siglo 21. Ya no hay espacio para una docencia efectiva de las futuras generaciones sin acceso electrónico global al conocimiento humano. Plantear que otros métodos serían igualmente eficaces es mirar al futuro por el espejo retrovisor. La Internet global sigue siendo la mejor oferta disponible en igualdad para el acceso a los datos y la información. Si esta oferta se complica o restringe, los menos favorecidos verán limitadas su capacidad para desarrollar conocimiento y no tendrán opciones reales para cerrar brechas cognitivas históricas.

¿Y que importa eso, si siempre ha habido ignorancia… y mucha?

Puede ser cierto que durante la mayor parte de la historia humana -casi toda- nuestra realidad estuvo gobernada por la ignorancia. No sabíamos nada. Ignorábamos las enfermedades que podían afectarnos, ni sospechábamos qué hacer con ellas y las dejábamos en manos de los brujos de la tribu, chamanes y machis. La agricultura era una práctica que se transmitía oralmente de generación en generación. No sabíamos comprender cómo las sociedades progresaban y luego desaparecían. No entendíamos cómo funcionaba la economía, ni siquiera en sus componentes más básicos. Casi todos éramos terraplanistas y geocéntricos. Afortunadamente, siempre hubo suficiente demanda de trabajo manual que diera oportunidades de trabajo remunerado a los que no avanzaban en conocimiento.

Esto cambió. El trabajo asistido por herramientas automáticas ha penetrado en todos los segmentos del mercado laboral. Con motivo de la pandemia del Covid19 hemos visto con nuestros propios ojos, también en Chile, el masivo traslado de todo tipo de puestos de trabajo desde una implementación física determinada hacia ubicaciones virtualizadas, integradas por medio de los servicios de Internet. Despojados de su ambientación física, muchos trabajos han perdido su aura de creación de valor. Los que han logrado mantenerla están siendo comprimidos a su función esencial, eliminando accesorios físicos y otros rituales que antes nos parecían naturales y necesarios. Lo que nos habían dicho que estaba limitado a los trabajos manuales no cognitivos ya sobrepasó ese umbral y ahora vale para todos los trabajos humanos.

Es de la mayor importancia que las leyes, regulaciones y prácticas chilenas preserven la característica global, abierta y neutral de la tecnología Internet. Haber hecho su valor evidente para todos es una externalidad positiva de la pandemia del año 2020.

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