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Publicado el 13 febrero, 2021

Óscar Núñez: Los animales no son inmuebles

Fundación Soy del Campo Óscar Núñez

Veganos y políticos de la derecha chilena hacen noticia al presentar un proyecto de ley en que los animales dejarán de ser considerados cosas corporales muebles. O sea que ni tendrán cuerpo ni se moverán. Según ellos, así se protege a los animales y se les hace merecida justicia.

Óscar Núñez Fundación Soy del Campo
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Decir que los animales se mueven de un lugar a otro es algo vergonzosamente obvio para ponerlo por escrito y además firmarlo. Pero puede ser que haya personas que tal vez por llevar mucho tiempo encerradas por la pandemia o quizás por vivir en el universo virtual no hayan logrado darse cuenta que efectivamente los animales se mueven. Los invito a comprobarlo por sí mismos; tal vez se sorprendan, los animales se mueven.

En efecto, se han movilizado en sendas campañas mediáticas -con farándula incluida- para decir #NoSonMuebles, ya que, para ellos, los animales al parecer flotan, pululan o se teletransportan. Cualquier cosa, todo con tal de negar y renegar que los animales son muebles.

No fue ayer, sino que hace miles -tal vez millones- de años que los seres humanos se dieron cuenta que los animales se movían. Gremios tales como agricultores, comerciantes, criadores etc., advirtieron que los animales se movían y por eso hicieron correas, establos, corrales y jaulas. Uno de esos gremios, el de los jurisconsultos, magistrados y estudiosos del Derecho tambien se dieron cuenta de la movilidad animal. Nadie se los dijo, ellos lo observaron por sí mismos.

Sin embargo, los jurisconsultos estaban interesados en algo más importante. Querían resolver los conflictos que se generan entre las personas cuando, por ejemplo, uno de estos animales se arrancaba de su corral o era sustraído por ladrones quienes lo removían desde donde su dueño; luego, un tercero o lo encontraba o lo compraba y tambien se pretendía dueño del animalito.

Como es lógico, muchas de estas disputas dieron origen a enfrentamientos violentos y sangrientos, pero los jurisconsultos fueron logrando que en forma civilizada la gente resolviera en un tribunal sus conflictos determinándose en justicia quién era el verdadero y legítimo dueño del animal. Aunque el lector no lo crea, esto sigue ocurriendo al día de hoy.

Así, hace miles de años los jurisconsultos dieron con la solución. Dijeron que los bienes sobre los cuales se ejerce el dominio son de dos clases: unos son corporales, o sea, tienen cuerpo y se pueden percibir por los sentidos, como un libro o una piedra. La otra clase de bienes son incorporales, como un derecho o una cuota o acción. A su vez -dijeron los Jurisconsultos- los bienes corpóreos pueden ser muebles o inmuebles, o sea que se pueden mover de un lugar a otro o que no se pueden mover en absoluto, como una casa o un fundo. ¿Importa esta distinción? Sí, y mucho, ya que el dominio se adquiere, se transmite, se pierde o se defiende de modos diferentes dependiendo del tipo de bien que se trata. Este sistema no es perfecto, pero ha brindado seguridad y eficacia durante MILES de años.

Pues bien, de regreso al presente, veganos y políticos de la derecha chilena hacen noticia al presentar un proyecto de ley en que los animales dejarán de ser considerados cosas corporales muebles. O sea que ni tendrán cuerpo ni se moverán. Según ellos, así se protege a los animales y se les hace merecida justicia.

Sin embargo, el proyecto de ley vegano se basa en dos premisas falsas. En efecto, veganos afirman que el Código Civil establece o contiene el Estatuto Jurídico de los Animales. Eso es completamente falso. El Código Civil jamás ha contenido normas sustantivas sobre animales porque su esencia es regular las relaciones patrimoniales y extrapatrimoniales entre los seres humanos. La segunda falsedad es que insisten en que no se reconoce en la legislación chilena que los animales son seres sintientes, o sea, que tienen sensibilidad. Esto es mentira.

En Chile, el estatuto jurídico de los animales se encuentra regulado en las leyes y tratados internacionales de Protección y Tenencia de los animales y, en las leyes y tratados internacionales de protección y conservación de especies silvestres, en los cuales los animales son tratados y regulados en forma integral e intrínseca, reconociéndose su valor individual “como seres vivientes y sensibles que forman parte de la naturaleza” (Ley 20380) y otorgándoles la protección debida. Así, está prohibido bajo pena de cárcel dañar injustificadamente a un animal en Chile y los miles de especies de animales naturales en Chile se encuentran también protegidas.

Por el contrario, el Código Civil trata extensamente temas netamente humanos, como por ejemplo el dominio y solo en contadas ocasiones da ejemplos tomados de textos milenarios en los cuales se menciona a las vacas y las abejas. A riesgo de ser majadero y repetitivo, señalaré que el Código Civil chileno se limita a observar que los animales se mueven y que una casa no se mueve. Es todo, no hay más.

Llama la atención que el fundamento jurídico del proyecto de ley vegano consista apenas en una tesis de pregrado o la típica y mediocre justificación “en otros países lo han hecho…”, para justificar que un diputado veterinario de profesión elabore un proyecto de ley sobre Derecho Civil  estricto, el cual pretende nada menos que tirar por la borda la magnífica tradición jurídica heredada de los grandes jurisconsultos romanos y sus continuadores en la historia, derogando miles de años de conocimiento y sabiduría jurídica transmitida en grandes colecciones bibliográficas y tratados de Derecho, ninguno de los cuales sustentaría la aberración que propone el diputado y que tiene además como órgano revisor a la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados de Chile.

Por último, si nuestros parlamentarios entienden que cuando el Código Civil habla de muebles se refiere a una cama o una mesa, esto solo nos puede llevar a pensar con horror que, atendiendo el cambio climático, nos quieran cambiar “los autos que dicta el juez” por bicicletas; al “precarista” se le otorgue asistencia social inclusiva e igualitaria y finalmente nos deroguen la “buena fe” para que no tengamos injerencias religiosas en el Código Civil.

Dios nos libre.

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