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Publicado el 26 agosto, 2020

Orlando Sáenz: Pan o circo

Empresario y escritor Orlando Sáenz Rojas

En la actualidad, el Parlamento chileno y gran parte de la clase política funciona como verdadera fábrica de incertidumbres, con total desprecio del efecto contractivo que ellas producen en la iniciativa privada que tiene que ser, como hemos demostrado, el principal protagonista de la recuperación económica.

Orlando Sáenz Rojas Empresario y escritor
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¿Cuántas AFP’s existen en Chile? Si la pregunta se entiende circunscrita a las legalmente constituidas como tales, la respuesta dirá que son seis. Pero si la pregunta se extiende a todas las entidades dedicadas a administrar ahorros de individuos o grupos familiares, la respuesta correcta es que son muchos miles y, para distinguirlas de aquellas formales, podríamos llamarla “afp’s”.  Llevando el concepto a su extremo, podríamos asegurar que casi existen tantas afp’s como habitantes por encima del límite que define el estado de extrema pobreza, pues deben ser muy pocos los que no tienen patrimonio alguno que administrar y el patrimonio es siempre fruto del ahorro del individuo, de la familia o, incluso, de varias generaciones de sus miembros.

Por cierto, que dentro del enorme universo de las afp’s privadas existen categorías definidas por su volumen y/o por el grado de sofisticación de su administración. Desde luego, están las muy grandes que manejan patrimonios que son generalmente fruto del esfuerzo de más de una generación y que generan ingresos suficientemente amplios para justificar una estructura administrativa muy sofisticada. El nombre de “family office” se ha hecho usual para designar ese tipo de organizaciones. Mucho más multitudinario es el conjunto de las afp unipersonales formadas por trabajadores independientes y emprendedores que optaron y optan por administrar sus propios ahorros. A esta categoría se suman también quienes, por estar sujetos a un contrato laboral, están obligados a ahorrar en alguna AFP, pero todavía tienen capacidad extra de ahorro y deciden administrarlo personalmente. Existe, además, un enorme sector de pequeños ahorrantes que, recortando pensiones, rentitas o montepíos, nutren los depósitos a plazo de bancos o el frondoso bosque de fondos de inversión que operan en el país. Esa simple y primaria forma de administrar un pequeño ahorro podría llamarse proto afp.

Llegados a este punto, importa mucho asumir dos hechos fundamentales: el universo de las afp’s es mucho más grande y mucho más relevante para la prosperidad de Chile que el de las AFP’s, con todo lo relevante que estas también son. Y ello no solo por el monto de los recursos administrados sino porque, al aceptar niveles de riesgo que la AFP no puede asumir, tienen un poder de creatividad y de generación de fuentes de trabajo que aquellas no pueden tener. De hecho, las inversiones de las AFP’s, estrictamente determinadas, solo han dinamizado a la industria de la construcción a través de la compra de pagarés hipotecarios con garantía bancaria, mientras que las afp’s están detrás de cada nuevo emprendimiento, de cada nueva fuente de trabajo, de cada nuevo comercio y, en general, de cada nueva forma de crear trabajo y riqueza.

Espero que basten estas reflexiones para demostrar inequívocamente que el dinamismo de la economía chilena, que es el que crea empleos, buenas remuneraciones y nuevas fuentes de riqueza, depende esencialmente del dinamismo que despliegue ese universo que, a falta de mejor nombre, he llamado el sistema de las afp’s. Creo innecesario, por evidente, afirmar que ninguna actividad que despliegue el Estado puede reemplazarlo y que nunca como ahora será esencial su dinamismo para superar la terrible contingencia que sufrimos.

Como esto último es tan evidente, hasta la clase política de este país –notoria por la irrealidad en que se mueve– está preocupada de lo que llama “reactivación”, y por ello resulta conveniente intentar recordarle lo que se necesita para que las afp’s se lancen a la creación de nuevas fuentes de trabajo y de generación de riqueza. Ello es paz social, certeza jurídica, garantía del derecho de propiedad, estabilidad monetaria y tributación razonable y moderada. Esas condiciones no solo son mucho más efectivas que las medidas que se están proponiendo con el pretencioso nombre de “reactivadoras”, sino que son indispensables si es que se desea que estas últimas tengan algún efecto.

Pero, ¿es posible en el Chile de hoy generar la confianza indispensable para movilizar la capacidad creadora de las afp’s? La respuesta es rotundamente negativa vista la archidemostrada incapacidad de nuestro actual gobierno para siquiera garantizar el orden publico y el respeto a la ley. De esa manera, lo que sí se puede garantizar es que el sistema de las afp reaccionará tarde y remolonamente tras el término de las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria, de modo que la prolongada cesantía que ya aflige a gran parte del pueblo chileno tendrá tiempo para reducir a la miseria a buena parte de él.

No está demás recordar que, si la incertidumbre es fatal para el comportamiento progresista de las afp, es francamente peligrosa cuando se produce en un ámbito económico en que existe una gran libertad para el movimiento de los capitales. El clima crispado que hoy impera en el país ya se refleja en la fuga de recursos y se convertirá en torrente si se acentúan las amenazas expropiatorias que ya se discuten y que ya se ejercen solapadamente (como, por ejemplo, exigiendo contribuciones sobre activos inmobiliarios que el propio Estado impide activar, como es el caso de locales comerciales, cines, teatros, estadios, etc.).

Teniendo en cuenta todo lo anterior, cuesta muy poco ver con pesimismo el futuro inmediato del país. Es un hecho que la clase dirigente todavía no asume siquiera la gravedad de la situación que enfrenta y se convence de que llegó la hora de ponerse serios para implementar lo que el país verdaderamente necesita para recuperarse y que ciertamente no es el de un estado convertido en circo de varias pistas. Es también un hecho que, en la actualidad, el Parlamento chileno y gran parte de la clase política funciona como verdadera fábrica de incertidumbres, con total desprecio del efecto contractivo que ellas producen en la iniciativa privada que tiene que ser, como hemos demostrado, el principal protagonista de la recuperación económica. En octubre del año pasado se acabó la posibilidad de gobernar eficazmente con la vieja receta romana de “pan y circo”. En adelante habrá que elegir entre pan o circo.

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