Jano era el dios romano que simbolizaba la capacidad divina de ver el futuro y el pasado, por lo que se le representaba con dos caras, una mirando hacia atrás y otra hacia adelante. Su nombre es la razón de que lo usemos para designar al primer mes del año (enero en español, janeiro en portugués, january en inglés, janvier en francés), porque es el tiempo en que se planean los siguientes meses contemplando lo ocurrido en los últimos del periodo anterior. Pero, la doble cara de Jano también es símbolo del doblez de algunas personas que hacen de la hipocresía un credo.

Si hay un grupo social que se ajusta a esa definición es el de los comunistas. Doctrinariamente enemigos de la democracia liberal y burguesa, cuando se ven obligados a vivir bajo su imperio se desdoblan implacablemente en una parte que juega con las reglas del sistema democrático y otra que busca todas las oportunidades posibles para desestabilizarlas y precipitar la crisis del sistema. Eso lo sabe todo el que haya estudiado mínimamente la doctrina del PC y su instrumentación como praxis política, donde quiera que exista. Y Chile, ciertamente, no es donde eso sea una excepción.

Existen continuamente pruebas de la doble acción del PC. Por un lado, participa en la política como un partido más y no son raras las ocasiones en que lo hace como parte de las coaliciones de gobierno. Pero, aun en esas circunstancias, su doble juego jamás cesa y más de una vez le ha costado duros repudios, como ocurrió cuando el Presidente Gabriel González Videla no solo lo expulsó de su gobierno, sino que tramitó en tiempo record una ley que lo convirtió en proscrito. Claro que eran tiempos en que los mandatarios, por usar una expresión popular, tenían los pantalones de que hoy carecen.

En los días que corren, se denota con inusitada claridad el doble juego del PC. Mientras que, siendo oficialmente un importante miembro de la coalición que llevó al poder a Gabriel Boric, no cesa en sus señales de agitación que buscan abortar sus esfuerzos por crear un clima de limitada concordia para enfrentar su naciente mandato. Para hacer una demostración de lo que señalo, me atengo a lo que está haciendo el ex diputado comunista y actual convencional Hugo Gutiérrez. En vísperas de la designación del primer gabinete del electo presidente que todos esperan con expectación porque será una señal poderosa de las verdaderas intenciones de su régimen, el ex parlamentario difunde por las redes sociales el siguiente mensaje: “Ya todo preparado en el Museo Naval para sacar monumento al genocida Merino. La contienda ha sido desigual, pero con ánimo y valor se logra vencer a los criminales”. Sin embargo, la verdad es que el monumento al Almirante Merino solo fue cubierto por un tiempo en el Museo Naval para restaurarlo y hoy ha vuelto a estar en plena exposición pública. Como no es posible suponer que el ex diputado y actual constituyente esté tan mal informado como para ignorar lo que es público y notorio, su pretendida jactancia no es otra cosa que una provocación destinada a crear un nuevo incidente al respecto. Esto es tan así, como para que la difusión de su mensaje haya ya provocado un homenaje al almirante que determinó una ofrenda en su tumba dispuesto por un grupo de valerosas mujeres republicanas y eso porque, como el ex diputado todavía no comprende, hay mucha gente que está muy lejos de calificar al desaparecido oficial como genocida.

En la actuación del ex diputado Gutiérrez hay dos aspectos a considerar. El primero se refiere a la ocasión que elige para su provocación, la que ciertamente amenaza la operación Valium en que, por estas fechas, está desarrollando el presidente electo. El segundo es la reiterada demostración de que el Sr. Gutiérrez, ex diputado de una todavía república democrática como es Chile, simplemente no es capaz de convivir con quienes opinan distinto que él y su partido. Tampoco parece comprender que el solo hecho de ser comunista lo inhabilita para acusar de genocidio a nadie, porque pertenece a un partido que, durante más de un siglo de azarosa aventura en la política mundial, se demostró como el mayor genocida que registra la historia. Si Gutiérrez se atreve a tildar de criminal al almirante Merino, ¿qué palabra utilizaría para evocar a Stalin o Mao? Al Sr. Merino nunca se le acusó de un homicidio y Stalin cobró la vida de unos diecisiete millones de soviéticos y Mao se “echó” un estimado de sobre sesenta millones de chinos. Si el ex diputado Gutiérrez verdaderamente respetara los derechos humanos, tendría que comenzar por quemar en público su cedula del PC o abstenerse rigurosamente de defender un concepto que en un comunista es una blasfemia.

Pero la actitud de Gutiérrez no es solo típica de él, sino que constituye una caricatura grotesca de la praxis de todo su partido, eternamente jugando al doble estándar en todos los sentidos posibles. No es difícil pronosticar que el doble juego del PC será el peor de los obstáculos que tendría que sortear el nuevo presidente de Chile si en verdad quiere hacer un gobierno siquiera decente.

Los comunistas son los genuinos hijos de Jano, de los que se puede estar seguro que la cara de adelante refleja exactamente lo opuesto de lo que está reflejando la cara de atrás. No sé si su partido fue fundado en enero, pero es lo que verdaderamente correspondería si es que nos atenemos a los símbolos.

Nota: esta reflexión está escrita antes del anuncio de lo que será el primer gabinete del Presidente Boric.

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