Tengo aún algunos amigos demócratacristianos de la vieja guardia e importuné a uno de ellos para que me averiguara si la sede de su partido en Vallenar estaba relativamente cerca de la del Partido Comunista. Cuando me preguntó por qué me interesaba esa información, tuve que confesarle que era para sustentar mi tesis de que la filiación política de Yasna Provoste fue, en su origen, una confusión de puertas de entrada. Esa tesis, que él calificó de peregrina, se había generado en mí porque el discurso de esa senadora y candidata a la Presidencia de la República tenía más de Marx y Lenin que de Maritain y del humanismo cristiano. Como es un hecho que mi supuesto aún carece de confirmación, hoy deseo hacer notar que colabora a él la similitud que la Sra. Provoste le otorga a la próxima elección presidencial con la histórica de 1970, en que Radomiro Tomic compitió con Salvador Allende y con Jorge Alessandri.

Haciendo un esfuerzo por obviar la abismal distancia de estatura política y de preparación que existe entre aquel trío y el actual de Boric, Provoste, Sichel, la similitud entre ambas campañas es muy notable. En ambos casos, dibujan el ancestral esquema de los tres tercios que atormenta a Chile desde principios del pasado siglo. Digo que atormenta, porque ha determinado que la mayoría de los gobiernos democráticos haya carecido, salvo raras excepciones, de mayorías parlamentarias que les permitieran impulsar el programa que le ofrecieron a la ciudadanía para obtener su mandato. En 1970, el candidato Tomic basó su discurso en demostrarse más izquierdista que Allende y le faltó quitarle unos pocos votos más para que el triunfador hubiera sido don Jorge Alessandri. En una conversación de 1971 que sostuve con Don Eduardo Frei Montalva, él me hizo notar que si Tomic hubiera moderado su discurso, la candidatura de Alessandri no se habría producido y la DC habría tenido un segundo gobierno consecutivo.

Pero, con el debido respeto, tengo hoy que hacer notar que en ningún caso Tomic habría podido moderar su discurso, porque simplemente habría dejado de ser Tomic y ese discurso no habría tenido credibilidad alguna habida cuenta de toda su trayectoria política anterior. Igual pasará ahora con la Sra. Provoste. Aunque se le pudiera demostrar que su propia conveniencia apunta a un discurso moderado y de altura, todo en ella lo haría imposible y no tiene más remedio que entrar a competir con Boric en el infantilismo de demostrar cuál de los dos es más extremista. Sin duda que en esa batalla por el voto de la extrema izquierda el gran favorecido será el candidato Sichel, aunque tal vez no baste para asegurarle la primera mayoría relativa.

Si bien la simetría entre el combate Tomic-Allende por el voto de la extrema izquierda se va a repetir infaliblemente entre Provoste y Boric, existen varios factores que pueden significar un resultado muy distinto, pese a la tentación de observar la campaña al compás de un hermoso tango que, tras asegurar que “la historia vuelve a repetirse”, augura “el mismo, el mismo loco afán” y hasta se atreve a pronosticar un “adiós inteligente entre los dos”.

Desde luego, la próxima elección contempla una segunda vuelta entre las dos primeras mayorías relativas, lo que no existía en la de 1970. En aquella ocasión, la segunda vuelta estaba entregada al Congreso Pleno, lo que en verdad era intrascendente porque la tradición de respetar la primera mayoría relativa la había convertido en un mero trámite. Sin embargo, los factores que pueden en el caso actual provocar un resultado completamente distinto son las siguientes: a) si la distancia de envergadura entre Tomic y la Provoste es grande, la que existe entre Allende y Boric es enorme y convierte a éste  en mucho más vulnerable que aquel en el control del voto de extrema izquierda; b) Yasna Provoste es mucho más simpática para el votante comunista que lo que es Gabriel Boric, como ya se demostró en la elección en que ella fue elegida como senadora y derrotó ampliamente al propio candidato del PC, lo que es muy significativo por más que éste haya sido muy desteñido; c) a Boric le está vedado compensar con votos de centro lo que podría perder en la extrema izquierda si modera su discurso, puesto que en ese caso el dudoso apoyo de los comunistas se volvería aún más incierto.

También añade incertidumbre la diferencia de estatura que existe entre Don Jorge Alessandri y Sebastián Sichel. Aquel contó con el voto unánime de la derecha hasta sus límites más extremos, mientras que este no podrá evitar la merma que le producirá una campaña como la de José Antonio Kast, además de que el apoyo que le prestará el sector de la ciudadanía que no está loco será mucho más tibio que en el caso de entonces, puesto que, le guste o no, él carga con cierto grado de continuidad del desastroso gobierno Piñera II.

También hay que tener en consideración el efecto que tendrán las otras candidaturas de pacotilla, que le restarán mayoritariamente votos a Boric en la primera vuelta y estarán “en el mercado” para la segunda. Por mínima que sea su votación, probablemente tendrán fuerza para mermar las primeras mayorías y aportar algo en la segunda instancia. Sin embargo, se ha comprobado hasta el cansancio que su efecto termina siendo mínimo cuando existe gran polarización en la segunda vuelta.

Pero, tal vez, el factor que más altera el resultado final del actual proceso electoral en comparación con aquel de 1970 sea el desprestigio y rechazo que habrá acumulado la absurda asamblea constituyente que, como era absolutamente predecible, cada día bate sus propios records de extralimitaciones, propuestas disparatadas, inconsistencias y asombrosas demostraciones de ignorancia y de irracionalidad. Eso le va a entregar un enorme caudal de votos al candidato que con mayor decisión y energía se comprometa a desconocer todas sus resoluciones que carezcan de legitimidad. Y ocurre que el único candidato que está en condiciones de mostrar con energía esa postura es el Sr. Kast, porque todos los demás tienen su base política muy dividida a ese respecto.

Es probable que lo más relevante de la próxima elección sea la enorme caída de calidad de las candidaturas en relación a las del pasado, cosa que ya comenté en una anterior reflexión (“De mejor a menos malo”). Esa caída refleja, como ninguna otra, la pérdida de calidad del electorado chileno, parte considerable del cual estima suficientes los antecedentes de personajes insignificantes para ejercer la primera magistratura de la nación en las dificilísimas circunstancias que tendrá que enfrentar en el próximo periodo presidencial, que bien podría ser el último de la actual república. Al fin y al cabo, será más o menos el mismo cuerpo electoral que llenó de flores exóticas el último Parlamento y superó su performance con una convención constituyente que adelantó en un par de meses la temporada de los circos.

En todo caso, el efecto de una candidatura como la de Yasna Provoste ya ha provocado una enorme confirmación de que la historia vuelve a repetirse. Como ya dije, todavía tengo algunos amigos demócrata-cristianos de la guardia vieja. Ninguno que vaya a votar por Yasna Provoste.

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