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Publicado el 21 de diciembre, 2015

Optimismo ante desafíos éticos organizacionales

Si queremos cambios, cuestionemos los paradigmas que el mundo nos presenta, entrenemos nuestra inteligencia y voluntad con herramientas humanizadoras construyamos de manera colaborativa y práctica, la sociedad que soñamos.
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Los casos Caval, Penta, Soquimich, Confort, Pollos o Volkswagen sin duda no pasaron inadvertidos.  ¿Sorpresa, frustración y/o enojo?

¿Cuántos afectados en el camino? Trabajadores, clientes, proveedores, accionistas, comunidades locales, organismos estatales. Lo más grave no es lo económico, sino cómo se afecta la confianza.

Con todo, las organizaciones son una simple “ficción jurídica”: ¿Cuáles son los criterios que nos condicionan como personas en nuestro comportamiento?

En esa línea, la cultura tiene un rol relevante: creencias inculcadas en la familia, las leyes y sanciones que nos rigen, lo que observamos y escuchamos en la web y la televisión, el legado de la educación primaria, secundaria y superior; todo ello influye en las acciones que realizamos, buenas o malas.

El desafío no es menor: por un lado, el 20% de los hogares en Chile son monoparentales y la tasa de matrimonios bajó casi en un 50% respecto al 2014. ¿Quiénes son los “modelos” de nuestros hijos? Muchas veces los personajes de la televisión o la web, donde se tiende a fomentar el culto al dinero, la belleza externa o el culto a uno mismo (ego).

Por otra parte, hay una sensación de impunidad. Con dolor vemos las consecuencias de las leyes aprobadas hace algunos años que bajaron la pena a delitos como colusión, donde las sanciones resultan irrisorias en proporción al daño hecho.

Finalmente, el modelo educacional, hasta ahora, ha tenido una marcada orientación a la especialización técnica, buscando la mayor eficiencia a fin de maximizar los beneficios económicos. En esa línea, varios ramos que contribuían a formar personas y ciudadanos íntegros fueron siendo dejados de lado por ser poco “útiles”. Los ejemplos son varios: educación cívica, filosofía, antropología, ética, incluso religión (no necesariamente católica), que forman conciencia social, fueron olvidados en las salas de clases.

Y sobre esto último, también hoy podemos cuestionar la metodología aplicada, basada en “transferir” conceptos teóricos en que los alumnos responden pruebas individuales usando la memoria de corto plazo ¿Dónde queda entonces su capacidad para pensar y resolver problemas complejos de manera colaborativa?

Soy de los que piensa que esta crisis es una oportunidad y que podemos hacer algo. Al respecto, quiero ofrecer en estas líneas finales una valiosa luz de esperanza.

Me consta que en la actualidad hay algunos centros educacionales universitarios, como la U. de Los Andes y la PUC, que incluyen en sus mallas académicas ramos como: antropología, ética profesional y ética empresarial, con profesores de jornada completa, donde se trabaja con metodologías de enseñanza activa (flipped classrom). Es decir, los alumnos estudian lo teórico en sus hogares y luego en clases aplican de manera práctica y lúdica la materia, por medio de: análisis de casos, juego de roles, implementación de proyectos pilotos, etc.

Así también, la Academia de Líderes Católicos avanza en esta nueva tendencia, desarrollando en Chile el Diplomado en Doctrina Social de la Iglesia. La idea es enriquecer los criterios de toma de decisiones en quienes dirigen las organizaciones: profesionales, ejecutivos y empresarios, donde un reconocido referente es el PhD Rodrigo Guerra.

Si queremos cambios, cuestionemos los paradigmas que el mundo nos presenta, entrenemos nuestra inteligencia y voluntad con herramientas humanizadoras construyamos de manera colaborativa y práctica, la sociedad que soñamos.

 

Christian Ketterer, Profesor Academia de Líderes Católicos, Facilitador Harvard Business School Publishing .

 

 

Foto: FELIPE FREDES F/AGENCIAUNO

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