El 21 de mayo de 2016, un joven llamado Franco evadió las vallas de seguridad y entró a la jaula de los leones en el Zoológico Metropolitano de Santiago. El equipo de seguridad del recinto, siguiendo el protocolo, disparó dardos tranquilizantes a las bestias y, al no lograr dormirlas, se vieron obligados a sacrificarlas. 

El joven sufrió lesiones en el cráneo, la cara, el cuello y la zona pélvica, además de recibir en una pierna uno de los proyectiles disparados por los funcionarios en su intento de rescate. Luego se supo que Franco tenía severos problemas de salud mental que arrastraba desde hacía años y que sencillamente el sistema de salud de Chile no abordaba de ninguna manera para darle algún tipo de abordaje terapéutico. Una alarma temprana respecto a la salud mental en Chile…

… pero las redes sociales y algunos portales ya habían dictado sentencia: el foco de atención era el injusto y cruel sacrificio de dos leones sanos con tal de salvar a “un loco de m…” (sic). 

Seis años después, el fin de semana recién pasado, cuatro personas fueron detenidas por ser sorprendidas cocinando un lobo marino en Arica. Dos venezolanos y dos colombianos cazaron y faenaron al animal entremedio del improvisado campamento en el que viven, en plena vía pública. Las autoridades, horrorizadas por el sacrificio del animal, hicieron un fuerte llamado a denunciar estos delitos contra el ecosistema y la biodiversidad…

… y las redes ya habían hecho su “magia”, centrando el debate en solicitar las penas del infierno contra los “cuatro salvajes”, particularmente por su condición de inmigrantes.

Estos dos sucesos, con más de dos mil días de distancia, comparten desde luego el dolor de ver el sacrificio de animales que están protegidos, pero principalmente evidencian de igual modo que la discusión pública emite juicios definitivos tan categóricos, que terminan por ocultar señales de alarma –red flags, como gusta decir hoy– de asuntos urgentes por ser atendidos.

Respecto a la salud mental y desde el caso de Franco, de más está decir que la tensión social, la violencia desatada y el engañoso retorno a la normalidad post pandemia han incrementado de manera inédita la necesidad de medidas de parte de la autoridad y el Estado. Hace algunas semanas, y sólo como respuesta a la violencia escolar, se anunció una inyección de recursos para intentar abordar –a la fecha no se sabe cómo ni cuándo– el deterioro en la salud mental de los escolares. 

Lo cierto es que cualquier medida que se realice para abordar con decisión la crisis de salud mental que se vive debe ser a nivel nacional. Concentrar esfuerzos, recursos y campañas exclusivamente en un grupo de la sociedad no parece suficiente para una crisis igualmente desatada en universidades, institutos, familias, oficinas, industrias o talleres… todos los chilenos estamos afectados como nunca, de manera directa o indirecta, por esta nueva epidemia. 

De igual modo, sobre el caso de los cuatro detenidos por cazar y cocinar un lobo marino en Arica, quizás se deba guardar la prudencia suficiente antes de emitir juicios precipitados. Por más que constituya un delito, no sería raro que la decisión de estos hombres, que viven precariamente en el lugar de los hechos, haya sido empujada por el hambre, esa nueva-vieja pandemia de la que ya varios organismos internacionales están alertando de un inédito rebrote.

*Alberto López-Hermida es periodista, Director de la Escuela de Periodismo de la U. Finis Terrae.

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