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Publicado el 04 de agosto, 2015

Nueva receta de cazuela chilena es reconocida a nivel mundial

Se descubrió un modo distinto de deliberar colectivamente, de establecer el ambiente que permite construir una confianza que nos invita a conversar.

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Una nueva receta de la tan exquisita cazuela que nos une de punta a cabo a todo Chile ha sido reconocida como una de las mejores formas para construir sensaciones y compromisos por el bien común.

Chile, un país con altos y bajos no solo geográficos, sino que también en lo histórico y social. Un país que sueña con ser líder en la región latinoamericana y a nivel mundial.

Un país de esfuerzo y también de desidia e irresponsabilidad en ocasiones. De personas que han dedicado una vida para hacerlo mejor y una tierra para todos.

Un país que hoy está convulsionado por las tensiones que vive, y con una sensación de que su brújula gira y gira sin encontrar un punto hacia donde marcar el rumbo.

Y es ahí donde ella, la doña cazuela, nos espera siempre; de distintos colores y sabores, con distintos aliños y tamaños, un plato que construye nuestra identidad y nos convoca. Nos convoca a sentarnos junto a otros, a saborear y conversar.

Conversar con honestidad, con amor por el otro y sobre todo con respeto. Esa mesa que convoca, junto a una cazuela, el ir paladeando cada cucharada y que nos entrega un sabor diferente dependiendo de lo que se escoja para degustar.

Ese conversar que se ha olvidado en Chile, ese conversar que se construye mirando al otro a los ojos y con intención de ser acogido.

Y esta es la historia. Que en un lugar cualquiera de Chile empezaron a brotar conversaciones de sueño y futuro, con confianza, respeto y verdad que llegan a dar escalofríos, pero que permiten avanzar.

Mesas que se caracterizan por la pluralidad de intereses y de diversidad. Jóvenes, niñas, viejas arrugadas de tanto trabajar por su país, madres solteras, hombres poetas y sensibles, personas cuyo mayor afán es construir el bien común, donde la arrogancia y el ser poseedor de una verdad son gritos de algunos y algunas que se quedaron allá a lo lejos, porque se les olvidó que conversar significa vivir, dar vueltas, en compañía.

Entonces cuentan que Chile estaba en una crisis de sentido y confianza profunda, que los grandes poderes se habían craquelado y despedazado casi en su totalidad por la distancia que construyeron, por sus lazos enredados de muchas historias y complejidades que los hizo ser cada vez menos confiables. Sin embargo, se empezó a escuchar un murmullo a lo lejos, en las casas, en las calles, en las redes sociales, esas que no le gustan a Fernando Villegas, que dicen que esta tierra es nuestra y debemos cuidarla, y nosotros, sus habitantes podemos cambiar esa realidad.

Pues así fue. Junto a una cazuela se sentaron a conversar del Chile que todos querían pero, sobre todo, del que deseaban reconstruir. Se cansaron de la antigua receta para hacer política y creación de negocios que no hace viable el desarrollo humano sustentable de este país.

¿Y por qué dicen que obtuvo un premio internacional la cazuela chilena? Porque se descubrió un modo distinto de deliberar colectivamente, de establecer el ambiente que permite construir una confianza que nos invita a conversar.

Sin embargo, cuentan los expertos, que la característica de esta nueva cazuela es que recoge la pertinencia local y los intereses de quienes participan, que cada una tiene su propia receta; si es del norte lleva algunos sabores muy especiales, si es del sur patagónico el cordero está presente, si es de Chiloé una variedad de papas multicolores.

Dicen que esta nueva forma de conversar se da espontáneamente. No se anuncia por los diarios cuando se reúnen a conversar algunos escasos grupos, mientras los otros esperan conocer los resultados y las decisiones de la conversación a través de los medios de comunicación. Grupos que, por lo demás, generalmente se juntan en la capital, ciudad por cierto muy contaminada, que de alguna forma u otra afecta al proceso de conexión neuronal para crear nuevas formas de construir sociedad.

La gran virtud que tiene esta nueva receta es que parte de algo común, de algo que nos es entrañable y nos convoca identidad nacional, donde no existe un solo modo de cocinarla, sino una diversidad infinita de ingredientes y, por cierto, variadas formas de degustarla. Lo interesante es que esta nueva receta de conversación nos permite usar al máximo nuestra inspiración creativa, ya que todos nuestros sentidos se despiertan, la saboreamos, observamos su colorido único en cada plato de Chile, la escuchamos cuando hierve y se sirve, olemos esos aromas especiales, y cuando llega ese momento mágico de comerse la presa de carne que se escogió, las manos se pueden aventurar a despedazarla.

Conversar es una experiencia humana que toma todos nuestros sentidos, y sobre todo, nos permite reflexionar, capacidad única en cada ser humano.

Finalmente comentan que Chile nuevamente ha sorprendido al mundo, encontró un modo de construir un nuevo país gracias a la participación de todos y todas; el respeto y la unidad recorren las venas de Chile, esas venas de cada chileno que se siente convocado a construir un nuevo país a través de la conversación. ¿Y cómo se comparten sus acuerdos? Pues para este grupo osado de conversadores que no le temen a la deliberación, y ven en la tecnología su gran herramienta para construir unidad, desde las redes sociales e internet de las cosas son los que van construyendo el consenso colectivo.

Entonces qué tal si cocina una cazuela este fin de semana y los invita a conversar a su casa, o a la junta de vecinos, a la iglesia, o lo mejor de todo sería irse de picnic a un lugar lindo de Chile, conversando, oliendo los aromas de la naturaleza y redibujando la historia de nuestro país… Y no cabe duda que no faltará un joven que pondrá esto en las redes de la tecnología, y será un aporte más para ese sueño común de país que tanto necesitamos.

 

Soledad Teixidó, Presidenta Ejecutiva de PROhumana.

 

 

FOTO:JOSE FRANCISCO ZUÑIGA/ AGENCIAUNO

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