Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 31 de diciembre, 2015

¿Nueva Constitución para la Salud? ¡No hay salud!

Tal vez lo más sorprendente es su queja de que el negocio de la salud privada cometió el pecado de expandirse, es decir, dar más y más salud.
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Los socialistas Vivianne Bachelet y Fernando Atria, en su reciente columna en El Mercurio titulada «Salud y Nueva Constitución», se manifiestan contrarios al mercado en la salud y partidarios de que la salud sea un «derecho social», sin espacio para el mercado ni para el lucro.

Reconocen que Chile goza de buenos indicadores de salud. Estos indicadores miden la calidad y los logros. Es decir, los columnistas reconocen que los chilenos gozamos de una salud de calidad. Sin embargo, afirman, «la gente no está satisfecha con la forma y la oportunidad en que se le están atendiendo sus problemas». No indican de dónde sacan esa información, pero veamos qué hay de cierto y qué hay de equivocado en estas afirmaciones:

Que los resultados de salud en Chile son positivos no cabe ninguna duda. La mortalidad infantil en Chile, en 1970, los tiempos que añoran Bachelet y Atria -cuando Chile seguía el «camino que llevaba hacia la realización progresiva de la salud como derecho social», dicen-, era 79,6 niños muertos antes de cumplir un año, por cada 1000 nacidos vivos, es decir, ¡8% de los niños se morían durante su primer año de vida! Hoy ese indicador es menor a 7 fallecidos menores de un año de cada mil nacidos vivos, menos de la décima parte que en los tiempos felices que añoran estos dos columnistas socialistas. En 1970 éramos el segundo peor país de América Latina y ahora somos el segundo mejor.

Con la esperanza de vida al nacer pasa lo mismo. Éramos, en los «tiempos de los derechos sociales» de 1970, los segundos que menos años vivíamos en América Latina, con 60,6 años, y ahora somos los segundos más longevos con más de 79 años.

Respecto a que la gente no está satisfecha, las encuestas efectivamente muestran una gran insatisfacción cuando se les pregunta en general por el estado de la salud pública. De hecho, durante este gobierno, esa percepción ha llegado a los niveles más bajos históricos.

Pero otra cosa es cuando se le pregunta a la gente por su opinión sobre la salud privada. Ahí su opinión es muy superior a la de la salud estatal. La encuentran tanto mejor que pagan por ella mucho más que lo que tendrían que pagar eventualmente en el sistema estatal.

Bachelet y Atria sugieren que el sistema privado también está en problemas, y dan como demostración los «graves problemas en los tribunales de justicia» que enfrentan las Isapres. Pero resulta que las encuestas de la Superintendencia de Salud reiteradamente demuestran que los usuarios de las Isapres están muy satisfechos, mucho más que los afiliados a Fonasa, y tal vez eso explique que muchos ideólogos socialistas se encuentren afiliados a Isapres, en vez de estarlo en el soñado sistema estatal.

Entonces, llama la atención que los columnistas propongan desmantelar el sistema mixto que existe en Chile y que tan buenos resultados ha dado en salud, para reemplazarlo por otro que ellos llaman de «derechos sociales» y que consiste en que todos reciban la misma salud y que esta sea estatal, que es precisamente la que peores resultados obtiene en la valoración de los usuarios.

Pero tal vez lo más sorprendente es su queja de que el negocio de la salud privada cometió el pecado de expandirse, es decir, dar más y más salud, «construir más y más clínicas privadas, de la mano vino la necesidad de mano de obra calificada… Así, las clínicas privadas han ido progresivamente captando a especialistas, pauperizando aún más la dotación de los hospitales públicos». Si se me permite traducir esto en buen castellano, según ellos habría que evitar que prospere la salud privada para que los profesionales de la salud no tengan más alternativa que los empleos del sector público.

Rematan diciendo que todo esto fue posible por culpa de la Constitución y que por eso hay que cambiarla. O sea, hay que cambiar una Constitución y un sistema de salud que en realidad ha traído enormes beneficios, por otro que existió en el nostálgico país que entró en crisis terminal entre 1970 y 1973 y que daba muy pobres resultados.

Como diría Condorito: «¡Exijo una explicación!»

 

Gerardo Jofré, Ingeniero Comercial UC.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: