“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro”, nos enseñó Jesús hace más de dos mil años, sabiduría que sería importante para iluminar el actuar del Presidente Gabriel Boric.

Resulta evidente hace rato que el Gobierno tiene dos almas, y aunque esto suele pasar en los gobiernos de coalición, en este caso se trata de dos almas cada vez más antagónicas, lo que hace más válido el mensaje bíblico. El Presidente hasta ahora ha intentado, con poco éxito, servir a sus dos señores, pero al mismo tiempo, aborrecerlos a ambos, entonces a ratos trata de ser un nuevo Gobierno concertacionista, pero para que su segunda alma no se moleste, es al mismo tiempo el Presidente de la primera vuelta, un fiel representante de Apruebo Dignidad. Los dos extremos en esto han sido el sentido homenaje a Aylwin, que es seguido luego por el indulto a los violentistas del estallido y el contundente rechazo al proyecto Dominga

¿Qué se puede esperar entonces de este Gobierno hacia adelante? Lo cierto es que, si sigue intentando servir a sus dos señores, el resultado práctico será el inmovilismo, no habrá nada destacado por lo que pueda ser recordado. No se avanza en ninguna dirección cuando un día se da un paso a la izquierda y al día siguiente a la derecha, con cada uno de los lados tironeando para que el paso en su dirección sea un poco más largo que el siguiente en la dirección opuesta ¿Qué hacer entonces? Si el presidente Boric quiere evitar el sube y baja debería elegir entonces alguno de los dos lados, para evitar terminar en el punto de partida. Si se dejara guiar por sus preferencias avanzaría seguramente hacia su ala más a la izquierda, suponiendo que el político que hemos conocido en la última década efectivamente considera válidas las ideas que ha defendido. El punto es que luego del 4S, reforzado por todas las encuestas recientes, ese set de creencias es actualmente muy minoritario en la población. Como han dicho muchos, el espíritu de la revuelta octubrista ya no existe, por lo que resulta imposible que el gobierno logre las mayorías políticas necesarias para lograr avances en esa agenda refundacional. El Congreso no apoyará reformas con un débil sustento y apoyo técnico, y además contrarias a las preferencias que muestran los ciudadanos en las encuestas. 

Pareciera que sólo queda un camino razonable si el presidente quiere evitar que el primer gobierno de su coalición termine naufragando; seguir girando hacia el centro, como de hecho ha estado haciendo casi desde el inicio a nivel de discurso, y luego del 4/S también a nivel de sus acciones. No le queda otra que ser un nuevo gobierno concertacionista, lo que va más allá de la elección de su gabinete y de su discurso, debe retomar la política de los acuerdos, a pesar de llevar una década denostándolos. Esta “voltereta” es necesaria para que Chile pueda salir del estancamiento del proceso de desarrollo en que hemos caído.  Como vamos hasta ahora, sólo el proceso constitucional tiene probabilidades de lograr resultados, no ocurre lo mismo con la agenda de reformas del gobierno.

¿Cuál sería mi recomendación? El gobierno, a partir del resurgimiento del espíritu de acuerdos, debería tomar ese mismo camino para despejar la incertidumbre institucional en otras materias. Buscar consensos en materia de impuestos, pensiones, salud y educación, y lograr avances concretos. Es el único camino viable si quiere evitar un fracaso estrepitoso.

*Cecilia Cifuentes es economista, ESE Business School.

María Cecilia Cifuentes

Economista, ESE Business School.

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