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Publicado el 16 de octubre, 2014

No me cuadra

Si hubiese intención de regionalizar, las reformas tributaria y educacional estarían conectadas con esa iniciativa.
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El 7 de octubre recién pasado se le entregó a la Presidente Bachelet el informe que emitió la Comisión Presidencial para la Descentralización del país.

En una reciente columna publicada en El Mostrador, llamada «Los valores reconstituyentes del informe descentralizador», su autor y presidente de la Comisión presidencial para la Descentralización, Esteban Valenzuela, hace un lastimero llamado que podría calificar casi como de “ruego” a la Presidenta, llamándola a cumplir con las propuestas y recomendaciones incluidas en el informe de la Comisión. Con ello deja traslucir, muy nítidamente, sus dudas acerca de la concreción por parte del Gobierno de Bachelet de las medidas descentralizadoras.

¿Qué razones hay tras el sentido llamado que el presidente de la Comisión hace a la Presidenta? ¿Es ello necesario si en el Mensaje del 21 de Mayo del presente año ella misma anunció la elección directa de intendentes y la entrega de más competencias a gobiernos regionales y comunales, además de la reforma al sistema municipal, entre otras?

Quizás sí lo es. Todos sabemos que la regionalización ha rondado desde hace más de 20 años el discurso político y, salvo la elección directa de Cores, no se ha avanzado nada.

A los regionalistas les han dicho durante 20 años que ahora sí… y no ha pasado nada.

Ya han surgido voces pidiendo atrasar la elección de intendentes, propuesto por la Comisión para el 2016, por ser un “tema complejo” y que requiere de “más análisis”.

Es difícil creer que los parlamentarios votarán por una reforma contra sus intereses, cuando es obvio que intendentes electos y empoderados disminuyen su propio poder.

¿Bachelet irá a concentrar sus esfuerzos para  movilizar al Parlamento y alinearlo en torno a la elección de Intendentes en 2016 y a otras medidas descentralizadoras?

Seamos serios. Si hubiese intención de regionalizar, las reformas tributaria y educacional estarían conectadas con esa iniciativa. Por ejemplo, estaríamos discutiendo qué impuestos se quedan en la región y dándole libertad a los liceos y escuelas locales para decidir sus propios proyectos educativos en vez de estar determinando prohibiciones y formas “correctas de hacer las cosas” desde un único punto de vista, el Estado Central.

Tampoco me imagino a los políticos promoviendo la descentralización de los partidos, por ejemplo permitiendo que los pactos y subpactos sean decididos en la región y no en el nivel nacional. Tanta libertad les incomodaría.

En este país donde se pasó de creer en las libertades personales y el esfuerzo personal a un sueño donde un “Ente Todopoderoso” acabaría con las desigualdades, los abusos y la discriminación, no hay espacio para la descentralización. Así como el acento no está puesto en el crecimiento, también es un contrasentido para un Estado fuerte la delegación de facultades y recursos a las regiones.

Por otra parte, es una realidad que las regiones se están fortaleciendo. No sólo económica y socialmente, también en materia de ideas y en lo político. Algunos no parecen haberse dado cuenta de que las demandas de las regiones -por muchos años soslayadas- no sólo han echado raíces sino que se han tornado vigorosas. Prueba de ello son las organizaciones o asociaciones gremiales que se han formado últimamente (la Fundación Piensa, en Valparaíso; la Multigremial, en la Araucania; la Asociación de empresarios de Puerto Montt; los institutos regionales, etc).

Ya hay un camino que comienza a delinearse y hay que tomar nota de lo que está pasando. Estas son transformaciones profundas y que requieren de un largo plazo de implementación. Hoy las regiones no están institucionalmente (ni administrativamente) organizadas para un funcionamiento como el descrito. Tampoco se ha dado la “discusión país” necesaria. Pero el peso de las regiones se está haciendo sentir y esa es una realidad sin retorno.

Es altamente probable que la descentralización del país sea uno de los temas relevantes de la próxima campaña presidencial. Y no sólo porque es una aspiración de las regiones. Políticamente, los temas que dividen al electorado son los que prenden.

En un país en que las reformas por lo general provienen de un grupo de “expertos” y se plasman en leyes muchas veces sin coherencia alguna -y que terminan, como dijo nuestro Contralor, en una “mezcla de gato con mono”-, proponer ahondar la descentralización puede ser riesgoso. Así lo han considerado los políticos desde siempre, por eso tenemos lo que tenemos.

Un país con una larga tradición centralista y moderado como éste, ¿apoyará descentralizar?

Bachelet y la Comisión para la Descentralización ya han comenzado la partida. Sus opositores tendrán que responder y todavía están a tiempo de hacer sus propias apuestas, de lo contrario se quedarán debajo de la mesa, mirando el juego de otros.

Es bien distinto plantearse “¿queremos más democracia?”. Sí, pero seamos coherentes y descentralicemos la educación y las prioridades de inversión pública, por ejemplo. O “¿queremos más libertades para la gente o más poder para el Estado? ¿Queremos que sean las localidades quienes decidan donde van sus recursos? ¿Qué posición adoptará la derecha en estos temas para la próxima elección?”.

¿Se atreverá a decirle al país que queremos un Estado más chico y más espacio para las personas?

A veces las preguntas son más importantes que las respuestas.

Tomemos conciencia entonces. Hay trabajo por hacer… y es ahora.

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