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Publicado el 12 de julio, 2019

Nicolás Ibieta: Personas de sacrificio

Consultor en comunicación Nicolás Ibieta

La educación primaria es probablemente, después de nuestra familia, el grupo humano más importante en nuestra formación como personas. En ella confluyen actores que incidirán de manera decisiva en nuestra identidad como lo son nuestros padres y/o apoderados, nuestros amigos y pares, nuestros profesores y modelos.

Nicolás Ibieta Consultor en comunicación
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Una escuela, colegio o instituto no es ni debe ser nunca un campo de batalla. Muy por el contrario, en su interior y entorno, estudiantes y ex alumnos, profesores, apoderados y trabajadores forman una comunidad que debe ser de los pocos lugares de referencia donde los niños, fuera de su propio hogar, tienen un espacio de confianza.

La comunidad educativa no debe ser tampoco una fábrica de futuros empleados, ni una agrupación para el ejercicio de la política o el adoctrinamiento ideológico, ni un laboratorio de ensayos y errores de políticas educativas cortoplacistas. La educación primaria es probablemente, después de nuestra familia, el grupo humano más importante en nuestra formación como personas. En ella confluyen actores que incidirán de manera decisiva en nuestra identidad como lo son nuestros padres y/o apoderados, nuestros amigos y pares, nuestros profesores y modelos. Adicionalmente, en esta etapa recibiremos aquellos conocimientos fundamentales para el crecimiento intelectual futuro y forjaremos nuestras habilidades básicas para desenvolvernos en los espacios de contacto y comunidad que vendrán.

Ayer partió de este mundo una mujer maravillosa que cumplió un rol clave en el colegio de mis hijos. Como secretaria de recepción hacía las veces de todos los miembros de la comunidad. Recibía y quería a nuestros hijos como si hubieran sido suyos. A veces enseñaba a los alumnos, como una profesora más. Otras los instruía y corregía, como lo harían los coordinadores. Algunas se conectaba y se hacía cómplice de los niños, como uno más de ellos. En la misa en su recuerdo estaban presentes todos los grupos de la comunidad. Y es que es en aquellos momentos de dolor compartido, como en el de las alegrías también, donde se hace más patente el valor trascendente de la etapa y el grupo de personas que constituyen la comunidad escolar.

Por eso es tan preocupante ver lo que ha ocurrido en el Instituto Nacional y con el paro de profesores. En el primero, las imágenes de estudiantes encapuchados lanzando bombas molotov al interior del recinto y de Carabineros debiendo irrumpir para enfrentar los desmanes y contener el peligro, y en el segundo, las ya más de seis semanas de inactividad de los profesores y, por lo mismo, de los estudiantes y las comunidades educativas que dependen de ellos. Cientos de miles de estudiantes viendo suspendidas sus necesarias actividades escolares, así como las dificultades y angustias de sus apoderados y familias, mientras profesores y gobierno negocian. Ojalá las vacaciones que comienzan sean tiempo de reflexión y valoración. No sólo los niños dependen de ello, sino todos los miembros de cada una de las comunidades educativas que se han visto perjudicadas.

Como en el caso de los sectores de Ventanas, Quintero, Huasco y otros, se han desarrollado actividades por parte de unos pocos, pero son miles los que han debido asumir los costos, convirtiéndose en zonas de sacrificio. En esos casos, y ahora en el de la educación, debiéramos hablar más bien de personas de sacrificio.

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