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Publicado el 30 de agosto, 2019

Nicolás Ibieta: Lengua de fuego

Consultor en comunicación Nicolás Ibieta

Los ciudadanos no son el único interlocutor al que debe dirigirse la comunicación de gobierno. Entre los grupos de interés que se deben tener presente sin lugar a dudas están los miembros de los otros poderes del estado y con vital importancia, como han dado prueba estos últimos días los partidos políticos de oposición.

Nicolás Ibieta Consultor en comunicación
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Como apuntaba José Joaquín Brunner en una columna en este mismo medio, la comunicación es quizás el mayor desafío actual de los gobiernos frente a los ciudadanos. Pero cabría agregar que los ciudadanos no son el único interlocutor al que debe dirigirse la comunicación de gobierno. Entre los grupos de interés que se deben tener presente sin lugar a dudas están los miembros de los otros poderes del estado y con vital importancia, como han dado prueba estos últimos días los partidos políticos de oposición. El gobierno no puede pretender ejercer su tarea y responsabilidad incendiando la pradera en el debate público.

«No tienen pudor para tratar, a través de esta acusación, de ocultar lo que todos los chilenos queremos saber. ¿Qué relación tiene el PS con el narcotráfico?», sostuvo en una de sus intervenciones recientes la ministra vocera del gobierno, Cecilia Pérez. Las reacciones no se hicieron esperar y el episodio ha escalado a niveles inusitados, llevando a los partidos de oposición en bloque a rechazar el ingreso de subsecretarios y asesores del gobierno a las sesiones de las comisiones, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, y a ello se suman las recientes declaraciones del senador José Miguel Insulza, exigiendo que la ministra ofrezca disculpas públicas al Partido Socialista por sus dichos, lo que la ministra ha rechazado que deba hacer. Y todo esto al mismo tiempo en que en la Cámara de Diputados se aprobó la modificación tributaria del gobierno y en que el presidente ha estado destacando en la vitrina mundial por su rol en el G7 y como coordinador de la ayuda para la Amazonía.

Así las cosas y con un sinnúmero de intervenciones de actores políticos de oposición y gobierno opinando respecto a la intervención de la ministra y las reacciones opositoras, en prácticamente todos los medios de comunicación, queda claro que en política las palabras pueden tener consecuencias insospechadas. Uno de los grandes males de la política actual, de hecho, pasa por el uso indebido de las herramientas de la comunicación. La polarización está presente en todas las naciones y la exacerbación de los miedos, de las diferencias, de los muros, está dando réditos electorales a figuras que, por lo mismo, comienzan a ganar cuotas de poder. El ejercicio del poder exige responsabilidad y en tiempos en que el flujo de información a volúmenes inabarcables, de manera instantánea y ubicua, tanto a través de los medios de comunicación tradicionales como de internet y las redes sociales, se debe hacer uso de la comunicación acorde a la responsabilidad del cargo. En su libro “Teoría de la comunicación: una propuesta”, el académico Manuel Martín Algarra propone una revisión de la teoría comunicación, preguntándose por sus causas y explicando que es por nuestra naturaleza tanto individual al mismo tiempo que social, que la comunicación nos permite desplegar nuestro fin de vivir en comunidad con otros. “La interacción comunicativa produce la superación de las diferencias que existen entre los seres humanos por su condición de individuos, produce la comunión y la integración social, supera el aislamiento que muchas veces deviene en violencia”, explica Martín Algarra.

La comunicación de gobierno, como toda actividad de comunicación, tiene por naturaleza este fin como es la de la integración y la comunión. Por tanto, en el ejercicio del poder es mayor la responsabilidad de responder a esta naturaleza, pues los ciudadanos han depositado en los gobernantes herramientas exclusivas de las instituciones desde las que se ejerce ese poder y, por ende, esta posición de privilegio exige hacerlo en aras al bien común y si el gobierno actual pretende llevar adelante su programa, debe hacerlo con un celo inagotable por respetar y cultivar un clima político sano, es decir, en que las diferencias políticas no se vuelvan animadversiones, que el adversario no sea un enemigo, que la política no sea fuente de odio, como vemos que sí ocurre con las posturas populistas que lamentablemente, tal como en la Amazonía, están prendiendo como pasto seco e incendiando las democracias en todo el mundo.

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