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Publicado el 08 de octubre, 2018

Nicolás Ibieta: Jóvenes y política

Consultor en comunicación Nicolás Ibieta

No es que no se interesen en temas públicos, sino que no se sienten representados por el sistema político y no ven allí referentes para sus intereses y con los que se identifiquen. El meollo parece estar especialmente en la confianza, y ésta se gana con transparencia y cercanía. Con humanidad.

Nicolás Ibieta Consultor en comunicación
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A principios de año salió un estudio del Pew Research Centerque ponía a Chile como el país en el que se da mayor oposición a la democracia como sistema representativo y, específicamente, a raíz de la desafección con los partidos políticos. En detalle, el estudio evaluó el porcentaje de militantes en partidos políticos por país y, luego, la correlación de este indicador con la oposición a la democracia como sistema representativo. Chile aparece como el de mayor porcentaje, o sea, el peor de la lista de países. El fenómeno, como hemos visto hace mucho tiempo, es particularmente crítico entre los más jóvenes. Dicho en simple: no están ni ahí con los partidos y la política actual. Sin embargo, la encuesta UDP-Feedback sobre Jóvenes, Participación y Medios da cuenta que los jóvenes sí se interesan en los temas públicos y consumen muchísima información, pero lo que ocurre es que no se sienten representados por el sistema político y no ven allí referentes para sus intereses y con los que se identifiquen.

 

El meollo parece estar no sólo en la información y la formación, sino especialmente en la confianza, y ésta se gana con transparencia y cercanía. Con humanidad. Una de las facetas donde más nos identificamos con el otro es en las instancias de pena, dolor, sufrimiento, y eso es lo que le falta a la política: humanidad. Las figuras políticas se han convertido más en personajes que se mezclan con deportistas, periodistas, rostros y gente del espectáculo, en un constante flujo de informaciones a través de los medios -Mario Vargas Llosa escribió un lúcido ensayo titulado “La Civilización del Espectáculo”-, pero especialmente aquellas que resaltan su posición de poder y/o privilegio. En cambio, lo que más nos atrae a otros es la cercanía.

 

Hace unos días, el diputado Gabriel Boric dio a conocer la razón por la que estaría fuera de sus actividades como parlamentario, por razones de salud. “Les quería contar que estoy con licencia por un por de semanas. Como lo he dicho antes, desde chico tengo TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y por recomendación médica decidí ser responsable y tratármelo”, fueron las palabras que acompañando a una selfie con cara de pena, el diputado publicó en internet a través de su cuenta en Instagram. Como pocas veces, hemos visto reacciones tan positivas, tan transversales y abundantes, sobre un gesto de humanidad de un actor político. Es que lo que falta es que estén dispuestos a mostrarse vulnerables y con ello abrir las puertas a la confianza y a dejar atrás la desafección. Así dejarán de odiar los jóvenes a la política… y a la Iglesia, y al Gobierno, y a Carabineros, etcétera.

 

 

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