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Publicado el 23 de marzo, 2019

Nicolás Ibieta: HidroRevolución

Consultor en comunicación Nicolás Ibieta

Dos informes recientes delinean un camino hacia donde Chile podría encaminar sus esfuerzos no sólo para sus propios requerimientos de agua, especialmente en el norte, sino para ser líder mundial en la materia.

Nicolás Ibieta Consultor en comunicación
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Chile será sede de la COP 25, la reunión sobre cambio climático más importante del mundo, en diciembre de este año. Los efectos del cambio climático están modificando no sólo el medio ambiente y los ecosistemas, sino también nuestra forma de habitarlo como especie y nuestra propia naturaleza y cultura, puesto que nos están enfrentando a escenarios que como humanidad nunca antes habíamos tenido, en particular respecto con el acceso a alimentos y al agua.

El director del Instituto de Humanidades y profesor titular del Instituto de Filosofía de la Universidad Diego Portales, Hugo Herrera, comentaba hace unas semanas en La Segunda, no en una sino en dos columnas, respecto a qué alternativa se avizora para que Chile pueda definitivamente dejar de ser una sociedad basada en un modelo extractivista y rentista. Su propuesta es que esa oportunidad podría estar en el estudio, fomento y desarrollo del agua como camino al desarrollo. Al conmemorarse una nueva edición del Día Mundial del Agua, la propuesta parece, al menos, atendible.

Hace apenas unos días, aunque pasó inadvertido incluso con la ex presidenta Michelle Bachelet como comentarista, la ONU lanzó el World Water Development Report 2019, en el que, entre otras medidas, se recomienda la desalinización como una nueva fuente de agua para enfrentar la escasez a nivel global. Por su parte, el Banco Mundial acaba de publicar el informe The Role of Desalination in an Increasingly Water-Scarce World, donde se abordan las ventajas de la desalinización con energía renovable, para combatir la falta de agua en el mundo. Ambos informes delinean un camino hacia donde, siguiendo la propuesta de Herrera, Chile podría encaminar sus esfuerzos no sólo para sus propios requerimientos de agua, especialmente en el norte, sino para ser líder mundial en la materia.

Nuestro país tiene una condición privilegiada para el desarrollo de una de las tecnologías con mejor proyección para abastecimiento de agua a gran escala, como es la desalinización. Actualmente en Chile ya hay varias experiencias, principalmente en el campo de la minería y, en algunos casos, para consumo humano, pero ciertamente existen condiciones para darle un mayor potencial y que su desarrollo se lleve a cabo de manera sustentable, es decir, considerando no sólo los factores económicos sino especialmente los socioambientales.

Una revolución de la cual Chile ya está siendo protagonista es la de las energías renovables y de la mano de la electromovilidad. Podríamos decir que es ya un hito cultural nacional el video de la charla de Al Gore, en que muestra como ejemplo mundial la penetración de energía solar en nuestro país. A su vez, la relación entre energía y agua es innegable y, en el caso de la desalinización, es fundamental. Es en este nexo donde Chile tiene una ventaja superlativa, puesto que contamos con acceso casi ilimitado al agua de mar así como a una de las mejores condiciones de radiación solar del mundo para generación de energía fotovoltaica, además de otras fuentes renovables en abundancia como la eólica, mareomotriz, geotérmica, etc. La combinación de estas tecnologías podría ser el primer paso de esta “hidro-revolución” para el desarrollo, que sugiere Herrera. Pareciera una ilusión, pero esto ya es un compromiso global que se concretó con el lanzamiento de la Global Clean Water Desalination Alliance durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2015, la COP 21. Esta alianza busca el compromiso de las naciones que la suscriben, por la implementación y la promoción del uso de energías limpias para la desalinización.

La celebración de la COP 25 en diciembre en Chile, en que la atención del mundo estará puesta en nuestro país para conocer las conclusiones que se fijen, y donde el acceso al agua sin duda será protagonista, sería el escenario idóneo para que Chile fije uno de sus pilares de desarrollo en el agua y, así mismo, avanzar significativamente en su aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y a la batalla del mundo contra el cambio climático.

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