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Publicado el 10 de agosto, 2019

Nicolás Aguirre: El problema es con el proceso migratorio, no con el inmigrante

Sociólogo Nicolás Aguirre

Existe la percepción de que un flujo migratorio relevante trae costos y desafíos que, probablemente, recaerán en la población más vulnerable.

Nicolás Aguirre Sociólogo
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La encuesta Cadem del 22 de julio constató un aumento en el porcentaje de población que opina que la llegada de inmigrantes es “malo” para el país: si el 31% opinaba esto en diciembre del 2018, ahora es el 44%, cifra prácticamente igual a la población que considera que es “bueno” para el país (43%). Pero si en esto la población se encuentra dividida, en lo que no pareciera existir disenso es en cuanto a las políticas migratorias: el 83% opina que deben existir restricciones, y sólo el 15% se inclina por una política de “puertas abiertas”. ¿Qué hay detrás de estos resultados?

Como apuntaba en una columna anterior, la evidencia sugiere que el problema con la inmigración en Chile no obedece a cuestiones raciales. Tampoco responde a una particular animosidad de los chilenos con los inmigrantes. Lo que sí existe es una visión compartida de que la migración irregular es un proceso que no beneficia ni a migrantes ni a nativos. Y existe también la percepción de que un flujo migratorio relevante trae costos y desafíos que, probablemente, recaerán en la población más vulnerable. Veremos los datos que nos proporcionan las encuestas de opinión, para corroborar estas observaciones.

La Encuesta Bicentenario 2018 categoriza a los encuestados según nivel socioeconómico (NSE): “alto”, “medio” y “bajo”. Para cada una de las preguntas veremos que los grupos “medio” y “bajo” se muestran menos favorable a la inmigración que el grupo “alto”. Por ejemplo, cuando son consultados respecto de si consideran a que existe conflicto entre chilenos e inmigrantes, el 49% del grupo “bajo” considera que hay un “gran conflicto”, el 44% del grupo “medio” y sólo el 26% del grupo “alto”.

Al ser consultados sobre si la población inmigrante parece “excesiva”, “adecuada” o “baja”, el 80% de los encuestados del grupo “bajo” opina que la cantidad de inmigrantes es excesiva, el 75% del grupo “medio” opina lo mismo, y el 56% del grupo “alto” responde esta alternativa. A pesar de que se observan diferencias, resulta relevante que para todos los grupos la cantidad de inmigrantes en Chile parece excesiva.

La tendencia a ver una postura menos favorable entre los grupos “medio” y “bajo” se ve una vez más cuando son consultados respecto a la llegada de más migrantes: el 64% del grupo “bajo” responde que debiera disminuirse, el 63% del grupo “medio”, y el 51% del grupo “alto”. Una vez constatada la tendencia, la pregunta es porqué: ¿por qué entre los grupos medios y bajos existe mayor oposición a la inmigración? La respuesta más sencilla suele ser la correcta: son los grupos medios y bajos los que compiten en el mercado laboral con los inmigrantes, y son los grupos medios y bajos los que compiten por los subsidios estatales, en salud, vivienda y educación. Si es materia de percepción o realidad empírica da para otro análisis, pero el punto es que los chilenos de NSE “bajo” y “medio” de hecho perciben esta mayor competencia.

Así, vemos que cuando la encuesta Bicentenario pregunta si están o no de acuerdo con que “los inmigrantes limitan las posibilidades de encontrar trabajo de los chilenos”, el 48% del grupo “bajo” está de acuerdo, el 42% del grupo “medio” y el 36% del grupo “alto”. Cuando se les consulta si “los inmigrantes legales debieran tener los mismos derechos que los chilenos para acceder a beneficios en salud, educación y vivienda”, si bien en todos los grupos la mayoría responde “de acuerdo” o “muy de acuerdo”, observamos la misma tendencia: el 55% del grupo “bajo” está de acuerdo, el 60% del grupo “medio” y el 77% del grupo “alto”.

Como hemos visto, el grupo de NSE “alto” tiende a mostrarse más favorable a la inmigración que los grupos “medio” y “bajo”. Sin embargo, lo cierto es que, al igual que todos, su discurso u opinión dependerá de si perciben o no a los inmigrantes como competencia. Esto se observa cuando se consulta si “se debiese aumentar el número de visas de trabajo para inmigrantes altamente calificados”: sólo el 28% del grupo “alto” se encuentra de acuerdo con esto, porcentaje menor a los que encontramos en los grupos “medio” y “bajo” (38% y 40%, respectivamente).

Señalé antes que no existe una animosidad hacia el inmigrante, y lo ratifico. El problema de los chilenos no es con el inmigrante, es con el proceso migratorio, irregular y en altos flujos, con todos los costos y desafíos que esto implica. Es por esto que vimos que cuando los inmigrantes son “legales”, los chilenos en su mayoría están de acuerdo con que reciban los mismos beneficios en salud, educación y vivienda. Otras encuestas apuntan resultados similares. La encuesta Espacio Público (Ipsos, 2018) consulta por las circunstancias en que estarían dispuestos a que llegaran más inmigrantes, y las tres más mencionadas son: “si hubiera empleo suficiente”, “si existieran más centros de salud para que chilenos e inmigrantes pudieran atenderse”, y “si no existiera abuso a los inmigrantes en el arriendo de viviendas”. En la encuesta Cadem de noviembre del 2018, el 94% se encuentra de acuerdo con que los hijos de inmigrantes reciban salud y educación “igual que los niños chilenos”. Estas respuestas no son coherentes con la noción de una sociedad racista y xenófoba.

Termino con una interpelación a los expertos en migración: si vemos que la ciudadanía demanda mayor control migratorio, y no por una particular animosidad hacia el inmigrante, sino porque perciben los problemas y desafíos que traen las nuevas migraciones, ¿cuándo se vuelve necesario comprender esta demanda, en lugar de exigir a la población mayor solidaridad y que deje de ser racista? Está surgiendo entre la población nacional un fuerte llamado nacionalista, que comenzó como una defensa de los intereses de los chilenos más vulnerables. Y aquí, ahora sí, la situación puede tornarse peligrosa.

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