La semana que recién termina nos alertó de las pretensiones que tienen los partidos afines al gobierno y, por qué no decirlo, el gobierno mismo de imponer al país una única verdad… su verdad, lo cual se parece mucho a lo que hacen los regímenes totalitarios. 

Partieron con esa idea de marcar con una A en rojo dos millones de casas que estén a favor del Apruebo, para que otras se unan a la campaña. Lo que pretenden el PC y el gobierno con eso es puro y simple totalitarismo, fascismo o nazismo, o como lo quieran llamar, pues hay que preguntarse qué les pasará a aquellos chilenos que no quieran marcar sus casas. ¿Se les negará ayuda, bonos, atención de los servicios del Estado? ¿Tendrán privilegios los que marquen sus casas? Y si pierde el Apruebo, a las que no tengan la A en rojo, les destruirán sus ventanales, como hicieran los nazis en la tristemente famosa “Noche de los cristales rotos” contra las tiendas de los judíos marcadas como tales?

Luego vino el episodio de la defenestración de Matías del Río de TVN, porque al gobierno no le gustaron sus comentarios, o sus preguntas, y porque según ellos, había más opiniones de derecha que de izquierda en Estado Nacional, el principal programa político del “canal de todos”, y eso les resultó intolerable. Esto es un claro atentado totalitario contra la libertad de expresión, pues es censura a un periodista por sus presuntas ideas contrarias a las que el régimen quiere que se impongan. Es además un atentado contra la labor periodística, con la que el propio Presidente ha sostenido una conflictiva relación desde la campaña. En un artículo publicado por El Libero está claramente documentado cómo al Presidente le molesta la crítica por parte de la prensa. En los regímenes totalitarios, la libertad de prensa y de expresión es lo primero que se controla, existiendo solo la verdad oficial. Por eso mismo lo de Matías del Río es un caso digno de preocupación dada la amenaza implícita a la libertad de expresión, de prensa y a las opiniones disidentes, además de una grave e intimidante advertencia para los periodistas de las represalias que podrían sufrir, de no favorecer las opiniones, decisiones y/o actuaciones tanto de miembros del gobierno como del propio Presidente.

Pero la semana continuó con novedades. Nada menos que un nueva gran voltereta del Presidente, haciendo un llamado a comprometerse, antes del 4 de septiembre, con determinadas reformas al texto de ganar el Apruebo. Me pregunto si será posible creerles al PC, al FA y al propio gobierno que respetarán ese mentado compromiso, cuando lo que los ha distinguido en lo que llevan de gobierno es una total inconsistencia en sus dichos de una semana a otra. 

Por eso la duda es pertinente, puesto que lo que tendremos el 4 de septiembre es muy simple. Es una papeleta con la siguiente pregunta: ¿Aprueba usted el texto de Nueva Constitución propuesto por la Convención Constitucional? Bajo esta estarán las palabras Apruebo y Rechazo, y nada más. No habrá pregunta alguna sobre posibles cambios futuros ni cómo se harían, ni sobre quién redactaría una nueva Constitución, ni ninguna otra cosa. Solo Apruebo o Rechazo.

Ese posible compromiso reformista al que llama el Presidente, lo que pretende es hacerle creer a la ciudadanía que no se estaría votando por aprobar el texto redactado por los convencionales, sino por uno que será reformado, lo cual es una trampa, pues ¿quién nos asegura que de ganar el apruebo, tanto el PC como el FA, el gobierno y el mismo Presidente no salgan diciendo que la mayoría del país está de acuerdo con el texto de Nueva Constitución propuesto por la Convención y por lo tanto no hay nada que cambiar?  

El destino del país está en juego. Quienes deseamos enviarle un claro mensaje al Gobierno y su coalición que queremos vivir en democracia, con plena libertad, sin totalitarismo y con una Constitución unitaria, tenemos el deber de ir a votar y en la papeleta marcar Rechazo.  

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.

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