Las declaraciones de la economista y directora del Instituto para la Innovación y el Propósito Público del University College of London, Mariana Mazzucato, hacen que la sangre se hiele en las venas. La académica, desde la comodidad del primer mundo, dice con total soltura de cuerpo a El Mercurio: «Muchos economistas en el mundo estamos mirando a Chile como experimento para matar el neoliberalismo«. Estas declaraciones de la referente económica del Frente Amplio y mentora de la subsecretaria de Economía y ministra suplente Javiera Petersen, admirada por Giorgio Jackson que quería ir a Londres a estudiar con ella, son tremendamente preocupantes y reveladoras.

Es una actitud decimonónica al estilo de colonialismo extractivista que el sector de la izquierda radical tanto critica, pero que replica. La idea de ser los iluminados que deben experimentar desde lejos con las vidas de otras personas, sin importar las consecuencias para un fin “superior” es al menos inmoral y perverso. Ya Maquiavelo constataba la realidad de la política en la que habitualmente esta se separa de la moral, por lo que para muchos “el fin justifica los medios”. Esta idea aplicada en la historia tuvo graves consecuencias. Desde el comunismo y las teorías de academias aplicadas a la realidad cargarán con millones de muertos, para ellos “necesarios” para instaurar el “paraíso terrenal” sobre la tierra. El infierno llegó para muchos y el paraíso nunca se hizo presente porque es un sueño utópico.  Hoy el marxismo colectivista se reinventa y rotula con otros nombres, pero es la misma cosa en su esencia, una religión que opera definitivamente a nivel de la fe y no de la razón. No podemos olvidar que Mazzucato es la gran referente de la nueva izquierda y apoyaba la candidatura del laborista izquierdizante, marxista recalcitrante, Jeremy Corbyn, y que su “aspirante a discípula”, la “gurú” económica del comunista Daniel Jadue. Hoy viene a Chile para ser la asesora económica del actual gobierno, que claramente no se ha temperado. 

En su famoso libro de 2013 El Estado emprendedor, con una pluma ingeniosa y buen relato intenta establecer la idea que el gran innovador es el Estado ya que ha sido el financista de los privados en las ideas. Pero quiere ir más allá, proponiendo que sea el Estado quien dé las directrices para las innovaciones y desarrollos futuros. Idea que supuestamente superaría el perverso “neoliberalismo” y permitiría una mayor “igualdad”.

Usa ejemplos forzados y omite cosas esenciales. Ciertamente Internet nace del proyecto de defensa propiciado por el gobierno de Estados Unidos, pero no fue el objetivo deseado, sino un colateral virtuoso que nació de la improvisación, que si el Estado es quien delimita y dirige, no podría existir. La innovación y la creatividad se dan en libertad y no deben ser orientados por el Estado, más bien valorados por el mercado. Algo que la gente no quiere o no necesita no es creativo, es impuesto. 

Mazzucato y sus seguidores no creen en la libertad y, por lo mismo, no les importa lo que la gente quiera u opine; ellos como iluminados deben imponer lo que es bueno para la gente, aunque ellos no lo quieran o lo entiendan. Por eso desde la comodidad de su tribuna académica dicta cátedra, toma palco para experimentar con nosotros, sí con nosotros, con usted. Este experimento aplicado en el “niño símbolo”, Chile, debiera ser replicable en el mundo después. Somos el laboratorio de los auto iluminados.

Marta Lagos sale al camino diciendo que los Chicago Boys experimentaron también, pero hay una gran diferencia –tenían sentido de realidad– como el mundo funciona y cuales serán las consecuencias esperadas y funcionó, el país creció. Mazzucato y compañía re empaquetan viejas teorías que nunca han funcionado y que en la historia, cuando fueron aplicadas, repartieron y reparten pobreza. Ellos establecen que ahora lo harán bien, es lo que dicen siempre, pero no funcionan. Mazzucato nos habla de las virtudes del Estado emprendedor y no de los riesgos del mismo, de las presiones inflacionarias de esta acción que es lo que podemos llamar “impuesto a los pobres”. Se olvida que el Estado no tiene dinero y que para hacer lo que quiere hacer necesita quitárselo a las personas y que de alguna parte debe salir el dinero, nada es gratis. Si no alcanza el gasto desde impuestos entonces se recurre a la inflación, a “aguar el dinero” para financiar. Eso lo pagamos todos en el deterioro del poder adquisitivo y el nivel de vida. Cual neocolonialistas jugando Metrópoli con un continente entero, estos iluminados juegan con la vida de las personas, realmente impresentable, sobre todo viniendo de quienes supuestamente defienden a las minorías y a la diversidad, que en rigor son igualitarios y anuladores de identidades. 

*Magdalena Merbilháa es periodista e historiadora.

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