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Publicado el 11 de julio, 2020

Natan Melnick: El día en que los números dejaron de importar

Ingeniero comercial, académico USS Natan Melnick

Resulta sorprendente que ahora no escuchemos a ninguno de los parlamentarios que alegaba por las “altas comisiones” a las AFP tocar este tema. Es porque el principal afectado es el cotizante y no la Administradora.

Natan Melnick Ingeniero comercial, académico USS
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El debate previsional en Chile es quizás uno de los tópicos discutidos con mayor cantidad de mitos, errores y slogans. No es mi intención profundizar en ellos en estas líneas, pero sólo para dejar algunos ejemplos, hay quienes sostienen que “el sistema no tiene componentes de seguridad social” o que “las AFP roban dinero” o que “las comisiones son altísimas”. También hemos escuchado frases como “la esperanza de vida es 110 años” o que “nos cobran comisiones fantasmas” o que “el retorno de los fondos es bajo”.

Todas estas aseveraciones pueden ser desmentidas técnicamente. Sin embargo, el propósito de esta columna es comentar lo que se aprobó en la Cámara de Diputados el 8 de julio, que permitiría retirar un 10% del ahorro mantenido en las cuentas individuales.

Hemos escuchado a muchos parlamentarios decir que votar en contra del proyecto tiene que ver con “salvarle el negocio a las Administradoras”, pero ¿qué tanto de cierto hay en eso? La verdad es que poco y nada. Las AFP perciben su remuneración a medida que entran las cotizaciones mensuales, de modo tal que el dinero que eventualmente retirarían los afiliados tiene su comisión ya pagada. En otras palabras, las AFP no cobran por la cantidad de dinero que administran, sino por el flujo marginal que reciben. Resulta sorprendente entonces, que ahora no escuchemos a ninguno de los parlamentarios que alegaba por las “altas comisiones” tocar este tema. En consecuencia, el principal afectado es el cotizante y no la Administradora.

En segundo lugar, tenemos la famosa frase “no hay almuerzos gratis”. El hecho de que los afiliados disminuyan su monto ahorrado, y por ende la rentabilidad asociada, significará que algunos de ellos no puedan autofinanciar su jubilación y tendrán que verse obligados a entrar al pilar solidario. Esto tiene dos daños colaterales: el primero y más obvio es la baja en pensiones futuras. El segundo implica que con recursos fiscales todos los chilenos deberán financiarle una pensión a alguien que eventualmente no lo necesitaría. Dicho de otra forma, esto generará presión fiscal por incluir en el pilar solidario a personas que quizás no iban a necesitar de él.

Para evitar lo anterior, se habla de la creación de un “fondo común” que incluya aportes del Estado para palear estos efectos de retiros. Esto es una política regresiva por donde se la mire. ¿Por qué? La gente con mayores recursos ahorrados en AFP son las personas con mayores salarios y más ricas. De modo tal que, si alguna de esas personas retira fondos que serán devueltos por el Estado, los más pobres a través del pago de impuestos como el IVA u otros estarán aportando a la devolución del retiro de alguien como yo, por ejemplo.

En cuarto lugar, tenemos la propuesta alternativa del Gobierno que, en pocas palabras, ofrecía un crédito con tasa de interés UF + 0% con condiciones excepcionales de gracia y pagos. Recordemos que la rentabilidad histórica de los fondos administrados por AFP es de alrededor de UF + 8%. En consecuencia, y desde el punto de vista “financiero”, la opción retirar fondos es una estrategia dominada.

Distintos bancos de inversión como JP Morgan o Morgan Stanley han estimado que el potencial flujo de retiros es entre 10 mil y 15 mil millones de dólares, recuerden ese número. En tiempos de vacas gordas parecería que las malas políticas públicas no son tan graves; la gente mantiene el empleo, el país crece y no suena tan terrible tener que gastar, por ejemplo, mil millones de dólares al año en subsidiar el Transantiago, lo que a la fecha significan aproximadamente 13 mil millones acumulados. Paradójicamente, este número es similar al monto estimado de retiros actual y nos demuestra cuánto echamos de menos políticas públicas bien hechas.

Finalmente, entre los economistas de mayor renombre hay consenso de que esta es una política púbica deficiente. Importantes académicos ligados tanto a la derecha como izquierda coinciden en que este no es el mejor camino. Basta escuchar a nuestros ministros de Hacienda o presidentes del Banco Central -como Andrés Velasco, Eduardo Aninat, Felipe Larraín, Ignacio Briones, Nicolás Eyzaguirre, Rodrigo Vergara, Rodrigo Valdés o José de Gregorio- para darse cuenta que la propuesta discutida en el congreso no era la mejor.

Es de esperar que los tan impopulares números recuperen su asiento en la discusión pública, y que en el Senado prime la cordura.

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