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Publicado el 12 de octubre, 2019

Natalia González: Dogmas y herramientas

Subdirectora de Asuntos Jurídicos y Legislativos Libertad y Desarrollo Natalia González

¿Acaso no vamos a dar la pelea porque se nos dice que el sistema semi integrado fue un acuerdo transversalmente logrado y que no corresponde cuestionarlo? Me pregunto si no será mucha la soberbia no reconocer que el sistema semi integrado produjo inequidades que estoy segura muchos de los que participaron en la negociación de aquel sistema no previeron ni buscaron al momento del acuerdo.

Natalia González Subdirectora de Asuntos Jurídicos y Legislativos Libertad y Desarrollo
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Resulta que ahora, como la integración tributaria “no es un dogma”, hay quienes están dispuestos a echarla por tierra olvidando el potente argumento de justicia detrás de integrar el sistema tributario chileno. Como la integración aparece ahora asociada a un dogma, y nadie al parecer estar disponible a ser dogmático -o muy pocos- para sostener una creencia o un principio con fuerza y convicción, comienzan a desmarcarse de ella. Me llama profundamente la atención.

Sabiendo que todos los contribuyentes que reciben rentas del capital, sean estas rentas bajas o altas, quedaron -por efecto de la semi-integración aprobada en la reforma de Michelle Bachelet de 2014- sujetos a una sobre tasa de impuesto de 9,45%, aplicable a todos por igual, y que ello constituye una injusticia que no se condice con el sistema progresivo que tanto se defiende por estos días ¿no se quiere dar la pelea para corregir aquello porque la integración es un dogma?

Sabiendo que el efecto de la semi-integración es un golpe al emprendimiento, al penalizar a quien emprende por sobre al que se emplea, sin razón alguna, ¿no vamos a dar la batalla para reintegrar el sistema porque la integración debe ser solo una herramienta?

¿Acaso no vamos a dar la pelea porque se nos dice que el sistema semi integrado fue un acuerdo transversalmente logrado y que no corresponde cuestionarlo? Me pregunto si no será mucha la soberbia no reconocer que el sistema semi integrado -aun cuando fuera el caso que se hubiera aprobado por la unanimidad y con todos levantando las manos y descorchando champaña- produjo inequidades que estoy segura muchos de los que participaron en la negociación de aquel sistema no previeron ni buscaron al momento del acuerdo. ¿Vamos a dejar acaso que hoy sigan conviviendo regímenes como el sistema atribuido, por el que se debe pagar impuestos aun cuando los emprendedores no retiren un peso de las compañías, pues se les “atribuye” el retiro?  ¿Estamos disponibles a mantener todos los regímenes tributarios actuales que requieren que las PYMES y buena parte de los contribuyentes deban invocar a Einstein para entenderlos porque estamos atrapados en la discusión de si algo es dogma o herramienta?

Yo quisiera hacer dos llamados. Uno, al sentido de realidad. Salgamos de la trampa del lenguaje que nos ponen otros y en la que solemos caer fácilmente y hagámonos cargo de las complejidades que enfrentan cientos de miles de contribuyentes que conviven con esta multiplicidad de regímenes y que pagan sobre tasas de impuestos. Y dos, a reflexionar. Si en la modernización tributaria no estamos discutiendo en serio sobre una rebaja del impuesto corporativo -como lo están haciendo muchos países conscientes de la competitividad tributaria y de los efectos positivos que ello genera en términos de crecimiento-; si se renuncia a dar la pelea por integrar el sistema tributario, y si se siguen cayendo las propuestas para hacer de nuestro sistema tributario uno con mayor certeza jurídica como ya ocurrió en la Cámara, ¿qué reforma estamos discutiendo? ¿La de este gobierno o la de quién?

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