Es más simple de lo que parece. A muchos hombres, especialmente mayores y que conforman directorios, no les interesa incluir mujeres por el tema de la igualdad de género. No lo neguemos, Chile es un país machista, y varios de los directores a los que les preguntas si están de acuerdo con una cuota de mujeres en ellos, te responden con un “sí”, un sí más bien por tema de ser políticamente correctos, y no porque la respuesta les nazca desde las entrañas, o sino, el arribo equitativo de mujeres a los directorios habría comenzado hace años. En el fondo hay temor a entregar cada vez más espacios al “sexo débil”, porque cuando una mujer conquista, no retrocede.

Lo que no han entendido los dueños de empresas es que no sólo es bien mirado, en el contexto, incluir mujeres a los directorios, sino que, además, un buen negocio. ¿Por qué? Cuando fuimos creados nos hicieron distintos no por accidente, sino que con la intención de ser complementarios, porque tenemos habilidades, emocionalidades, miradas distintas de la realidad… entonces, cuando se une hombre y mujer se nutren de la diferencia para formar un todo. Un 360º.

Pongamos el ejemplo de padres con sus hijos. ¿Estos ocupan un mismo rol?; ¿escuchan y contienen de igual manera?; ¿quién cuida mejor el presupuesto?, ¿quién es más firme al retar y castigar?, estas y otras preguntas ilustran los distintos roles que ambos cumplen. Y es al sumar ambas habilidades que se logran hijos más educados, preparados, contentos, etc.

En un directorio lo mismo. La mirada de hombres y mujeres, y, además –ojalá- de distintas disciplinas, es mucho más completa y rica que la de nueve miembros ingenieros, seguidas de abogados. Esa es la clave, enriquecer los puntos de vista para lograr mejores objetivos y estrategias que harán aumentar el valor de la compañía. ¿Y redefinir el propósito?, todo es posible.

Una de las grandes razones que esgrimían las empresas para no incluir mujeres era porque no existía un mercado femenino con la experiencia y la formación para ser parte de la alta dirección. Eso puede haber sido hace 30, 40 años, pero hoy ese argumento ya no corre. La mujer ha demostrado en el mundo y en Chile que, si lo hace bien o mal no es por un tema de género, sino que de inteligencia, educación, disciplina y actitud. Tanto que a 2021, el 79% de las empresas en Chile contaba con, al menos, una mujer en la primera línea ejecutiva (según Ranking IMAD elaborado por Mujeres Empresarias en conjunto con la Dirección de Estudios Sociales de la Universidad Católica (DesUC)).

Y todo este revuelo se da porque en septiembre el gobierno anunció que ingresará al Congreso un proyecto de ley de cuotas de género en directorios: a seis años, los directorios de sociedades anónimas deben incluir al menos 40% de mujeres para avanzar, así, en igualdad. Las voces a favor y en contra, sobre todo por la obligatoriedad, no demoraron en aparecer. Pero esta discusión tiene largo aliento y no partió acá. Ya en 2003 Noruega instauró cuota de géneros obligatoria y la iniciativa se expandió por casi toda Europa. Otros países recomiendan y/o incentivan. Así en Francia, con ley de cuota obligatoria, hoy el 45% de los directorios está conformado por mujeres. En la otra vereda estamos nosotros con 12,7% y donde no hay regulación al respecto.

Estamos atrasados en esta materia. Y el avance hacia una mayor inclusión no debe ser mirado como una amenaza, más cuando estamos en un cambio de era con desafíos nuevos, realidades complejas y una tecnología que no sabemos hasta dónde puede llegar. Por lo mismo, más que estar ocupados en un proyecto de ley de cuotas, los accionistas de las empresas deben entender que están dejando de lado una oportunidad de mejorar el negocio. Esta realidad debe ser mirada como una oportunidad de ampliar la mirada y visión de los directorios, porque al ingresar una mujer al directorio no lo hace por su género, estamos hablando de mujeres preparadas profesionalmente y con expertise que completarán la mirada de un mundo que ha tenido sólo ojos de hombre.

*Rosario Moreno C. es periodista y Licenciada en Historia UC

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