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Publicado el 04 de octubre, 2018

Monserrat Risco: Triunfo de la democracia, triunfo de todos

Investigadora, Centro de Estudios Bicentenario y Centro de Extensión y Estudios USS Monserrat Risco

El triunfo de la democracia es un triunfo de todos, de quienes votaron SÍ y de quienes votaron NO. La democracia, deberíamos saber, tiene valor por sí misma y como tal hay que cuidarla y mejorarla.

 

Monserrat Risco Investigadora, Centro de Estudios Bicentenario y Centro de Extensión y Estudios USS
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Al conmemorarse los 30 años del plebiscito, cabe recordar ciertos hechos que marcaron ese 5 de octubre de 1988, así como también su impacto en nuestro país. De manera histórica, es importante preguntarse por qué hubo plebiscito, y en cierto sentido es porque había una necesidad global de democracia. De ahí que actores de diferentes sectores políticos apoyaran con vigor este proceso eleccionario, así como también, en una muestra de tolerancia y diversidad, algunos políticos que no se encontraban en la Concertación, como el ex presidente del Partido Liberal Hugo Zepeda Barrios, apoyaran el NO. Pero más importante aún, el hecho de volver a la vida republicana mediante el mecanismo por excelencia de la democracia –las elecciones– demostraban que la debilitada vida política de los años 60 y 70 había sido superada, y existía en la sociedad un interés por pavimentar nuevos rumbos y hacer resurgir la democracia en Chile.

 

Del mismo modo, el plebiscito dejó obsoleto y fuera del juego político a aquellos grupos que promovían la violencia armada para sacar al general Pinochet del poder. En efecto, estos grupos se apartaron de la lógica política, quedando aislados en su extremismo, aun cuando sus herederos actuales se sumen a posteriori al triunfo del NO como propio.

 

Este 5 de octubre es un día para reflexionar sobre nuestro quehacer ciudadano, fomentando los espacios de participación de la sociedad civil y revitalizando la democracia, que por desinterés o incultura hemos ido dejando de lado.

 

Ahora bien, es interesante comparar los comicios de 88 con los recién pasados. El plebiscito fue realmente sorprendente en cuanto a participación ciudadana, puesto que votaron 7.251.943 de personas, correspondiente al 97,2% de los ciudadanos inscritos en el Registro Electoral. Los electores se inclinaron en un 54,7% por el NO y en un 43,01% por el SÍ. Es importante destacar la convocatoria que tuvo, si consideramos que en las elecciones presidenciales del 2017, el Servel dictaminó que existían 13.531.553 de ciudadanos habilitados para votar, y en los comicios de segunda vuelta se registraron sólo 7.032.523 votantes, es decir, una convocatoria del 51,9% (Servel.cl). Pareciera ser que, en ausencia de democracia, la sociedad está más ávida de ella, mientras que en democracia no es valorada como se debería.

 

A su vez, vale la pena recordar los testimonios de actores de la época, no sólo por el valor histórico que nos entregan, sino también por la importancia de renovar la participación ciudadana en la actualidad. Recordando esos años, Carlos Cáceres señaló que su objetivo en ese entonces era fomentar un proceso ordenado de amistad cívica”, como lo expresa en La transición a la democracia 1988-1990 (Ediciones LyD, 2014) y que pone de manifiesto la importancia de volver a la vida republicana. Patricio Aylwin, refiriéndose exclusivamente al plebiscito, señaló que “ese triunfo de la democracia nos imponía de inmediato una nueva tarea: reconstruir la democracia en Chile” (El reencuentro de los demócratas, 1998). Y así fue, lo que nos permite este año conmemorar 30 años del de esa fecha, lo que no está exento de desafíos y dificultades, como la baja participación en los comicios o el poco conocimiento que existe de las labores y funciones de nuestros representantes.

 

El triunfo de la democracia es un triunfo de todos, de quienes votaron SÍ y de quienes votaron NO. La democracia, deberíamos saber, tiene valor por sí misma y como tal hay que cuidarla y mejorarla. Este 5 de octubre es un día para reflexionar sobre nuestro quehacer ciudadano, fomentando los espacios de participación de la sociedad civil y revitalizando la democracia, que por desinterés o incultura hemos ido dejando de lado.

 

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