Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 05 de septiembre, 2019

Monserrat Risco: Fiestas Patrias: De tradiciones y futuro

Investigadora, Centro de Estudios Bicentenario y Centro de Extensión y Estudios USS Monserrat Risco

Fue en la década de 1830 cuando se consolidó un verdadero sentimiento patrio. Otro triunfo militar fue su causa: la victoria de Chile sobre la Confederación Perú-Boliviana. En esos años, el gobierno de Joaquín Prieto oficializó el 18 de septiembre como la única fiesta nacional, mientras cada 19 de septiembre los juegos de guerra celebraban las glorias del Ejército.

Monserrat Risco Investigadora, Centro de Estudios Bicentenario y Centro de Extensión y Estudios USS
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Al iniciarse otro mes de septiembre, conviene recordar el origen de las celebraciones de nuestras Fiestas Patrias. En un comienzo, en Chile se celebraba con fervor el triunfo del Ejército patriota del 12 de febrero de 1817, razón por la cual se fijó esa fecha como el Día de la Independencia para celebrar en los años venideros. El 18 de septiembre de 1810 también tenía su propio significado, en una república naciente que interpretaba la primera Junta de Gobierno como la génesis del proceso de independencia, si bien en dicha oportunidad los convocados al Cabildo Abierto proclamaron su lealtad al rey Fernando VII. Además, el triunfo en Maipú el 5 de abril de 1818 se conmemoraba como una fiesta verdaderamente patriota y nacional, caracterizada por la valentía del coronel Santiago “Huaso” Bueras y sellada con el abrazo entre Bernardo O’Higgins y José de San Martín. Durante los primeros años, en Chile se celebraban las tres fechas, todas como manifestación de un naciente patriotismo y del desarrollo de una identidad y conciencia nacional.

Sin embargo, fue en la década de 1830 cuando se consolidó un verdadero sentimiento patrio. Otro triunfo militar fue su causa: la victoria de Chile sobre la Confederación Perú-Boliviana. El triunfo dio origen al famoso Himno de Yungay, cuyo pegajoso coro repetía: “Cantemos la gloria del triunfo marcial que el pueblo chileno obtuvo en Yungay”. En la práctica se constituyó como una segunda canción nacional, que entonaban tanto los sectores dirigentes como los populares. Fue precisamente a mediados de esa década cuando el gobierno de Joaquín Prieto oficializó el 18 de septiembre como la única fiesta nacional, mientras cada 19 de septiembre los juegos de guerra celebraban las glorias del Ejército. Sumado a lo anterior, el impacto del triunfo chileno sobre la Confederación produjo que los símbolos patrios, como la bandera, se empezaran a usar como una renovada muestra de identificación y orgullo del país por parte de los ciudadanos de la época.

Sin embargo, eso no se detuvo ahí. Este sentimiento se acentuó tiempo después con el Combate Naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879. El ejemplo del capitán Arturo Prat Chacón logró que una población reacia y desinteresada en el conflicto que se estaba desarrollando en la zona norte, se inscribiera voluntariamente en las filas del Ejército para luchar por Chile. Por supuesto, también destacaron algunas mujeres: Irene Morales, la famosa cantinera, junto a tantas otras que cumplieron funciones clave, logrando un destacado lugar en la historia nacional, si bien hacia el final de su vida se encontraba en una situación triste y desafortunada.

Finalmente, el triunfo chileno sobre Perú y Bolivia reafirmó el prestigio del Ejército, elevó el sentimiento patrio y la identificación de la población con los héroes, quienes eran parte del mismo país, compartían sus modismos, sus costumbres y tradiciones. Los motivos para sentirse orgullosos sobraban. En el siglo siguiente, el iquiqueño Jorge Inostrosa noveló las campañas del norte en su famoso Adiós al Séptimo de Línea, publicado en 1955 en cinco tomos, y que se transformó posteriormente en la obra más difundida en Chile. Su obra inspiró al grupo folclórico Los Cuatro Cuartos a musicalizar los hechos. La épica de su canción “Los Viejos Estandartes” (1966), en la cual relatan el retorno de las tropas tras el triunfo en la Guerra del Pacífico, se convirtió después en el himno del Ejército.

Los triunfos militares son parte de la tradición chilena, “tierra de guerra” en el siglo XIX, como se ha dicho tantas veces. La Gran Parada Militar, celebrada año a año hasta el día de hoy es una muestra de ello, aunque la sociedad actual felizmente esté lejos de tener que enfrentar otras guerras entre pueblos hermanos y la paz nos haya acompañado durante más de un siglo.

Por lo mismo, en un mundo globalizado y cambiante, debemos considerar hoy aquellos hechos y personajes que nos orgullecen en la actualidad. Las selecciones de fútbol, tanto masculina y femenina, son claramente una muestra de ello: logran reunir a una gran mayoría de la población, quienes sufrimos, nos alegramos y celebramos junto a ellos. Y cómo no, sobre todo con las mujeres seleccionadas que recientemente obtuvieron un valioso triunfo sobre Brasil, quedándose con el cuadrangular internacional disputado en tierras cariocas. Del mismo modo, la propia Christianne Endler ha destacado por sus brillantes actuaciones en la cancha y hoy está entre las tres nominadas a la mejor arquera por la FIFA. Pero no solo eso: son cientos de personas, organizadas en diferentes grupos, que hacen de Chile un país para sentirnos orgullosos, dejando atrás los conflictos bélicos del pasado.

Este septiembre veremos nuevamente al pueblo chileno celebrando con alegría y fervor. Bien por Chile, donde a veces predominan las divisiones de circunstancia y se nos olvida lo mucho que tenemos en común: una historia, y sobre todo un gran futuro por delante.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: