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Publicado el 06 de marzo, 2019

Mónica Mullor: Lucha en el Frente

Se trata de un enfrentamiento entre dos líneas contrapuestas dentro del izquierdismo radical chileno: los duros, es decir, los “verdaderos revolucionarios”, los jacobinos dispuestos a pasar sobre cadáveres para alcanzar su ansiada revolución, y los otros, los blandos, aquellos a los que les tiembla la mano cuando la revolución exige apretar el puño.

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El alcalde de Valparaíso Jorge Sharp y la Core de la región Nataly Campusano han firmado, junto a otros militantes de la izquierda radical chilena, una “Carta abierta a los pueblos de Chile y América” donde declaran su apoyo a la revolución bolivariana y su condena a una supuesta “ofensiva imperialista”. Así de rimbombante es la rúbrica de un documento cuya única finalidad real es golpear a los frenteamplistas del “otro bando”, a los blandos y timoratos, a esos que luego de muchas contorsiones dicen haber reconocido que en Venezuela hay una dictadura. En suma, se trata de una lucha fraccional disfrazada de carta abierta altisonante.

La misiva se inscribe dentro de la polémica surgida en el Frente Amplio a partir de los dichos de Pablo Vidal, a los que luego se uniría Giorgio Jackson y Natalia Castillo, llamando dictadura al régimen de Maduro. Estos frentistas de Revolución Democrática que, aparentemente, vieron la luz, son ahora atacados “fraternalmente” y al más puro estilo leninista-comunista, es decir, sibilino e insidioso, por ser cómplices “funcionales” de la agresión imperialista: Valoramos el debate que se ha generado al interior del Frente Amplio, y con fraternidad queremos señalar que aquellas posturas funcionales a la estrategia del gobierno de Chile y de Estados Unidos no nos representan”.

Se trata de un enfrentamiento entre dos líneas contrapuestas dentro del izquierdismo radical chileno: los duros, es decir, los “verdaderos revolucionarios”, los jacobinos dispuestos a pasar sobre cadáveres para alcanzar su ansiada revolución, y los otros, los blandos, aquellos a los que les tiembla la mano cuando la revolución exige apretar el puño.

Jorge Sharp y los firmantes están, en realidad, hablando de sus propios ideales y sueños para Chile.

A juicio de los firmantes, Venezuela es un territorio donde tienen lugar múltiples procesos que van más allá de los errores o aciertos del gobierno de Nicolás Maduro. Experiencias de reconstitución del tejido social, de transformación democrática, (que) han generado en la base de la sociedad venezolana un conjunto de procesos participativos, que quienes abogan por la estrategia golpista pretenden frenar”. Para ellos, todos aquellos que se oponen a que el pueblo venezolano siga sufriendo la falta de alimentos, medicinas y necesidades básicas, así como a la destrucción institucional del aparato productivo, social y de la seguridad del país, lo que en realidad buscan –aunque no lo entiendan plenamente sus propios camaradas blandengues– es “derrotar una experiencia de organización social y política de una sociedad distinta a la tradicional”. En el lenguaje leninista esto se llamaba ser un “agente objetivo” del enemigo de clase, “de manera independiente por completo de la voluntad de quien lo hace(Lenin).

Según la carta abierta firmada por Jorge Sharp, los blandengues, es decir, Pablo Vidal, Giorgio Jackson y Natalia Castillo, serían “agentes funcionales” de la reacción y el imperialismo, que no entienden a cabalidad que estamos ante “una ofensiva imperialista por el control de recursos estratégicos, que tiene como punto de inicio el derrocamiento del gobierno, (pero) también se busca destruir la organización popular que se viene configurando en el país intentando desestabilizar otros procesos políticos que hoy avanzan en transformaciones democráticas de mayor justicia social”.

En ese contexto, no podía faltar una acusación al gobierno del Presidente Sebastián Piñera por apoyar a un supuesto presidente (Juan Guaidó) que no cuenta ni con la legitimidad ni los votos para ser reconocido como tal”. Según los firmantes de la misiva, las élites políticas y económicas del mundo “utilizan la estrategia de golpes blandos con el fin de sacar de la competencia democrática a los actores con liderazgos de izquierda en América Latina”, y para lograrlo buscarían “estigmatizar a gobiernos y alternativas políticas manipulando la información y asociándolos a situaciones dictatoriales”.

A los blandos se les está produciendo un cierto vértigo ante el vacío revolucionario, y, tal vez, estén descubriendo que “los sueños, sueños son”.

Es indudable que Jorge Sharp y los firmantes sienten una profunda identificación y solidaridad con las ideas y el proceso que tanto sufrimiento le ha causado a la población venezolana. Están, en realidad, hablando de sus propios ideales y sueños para Chile. Y lo esencial es que no dudarían un segundo en conducir a Chile por el mismo sendero revolucionario por el que el chavismo ha conducido a Venezuela, porque anteponen sus fabulaciones utópicas al sufrimiento comprobado y patente de los seres humanos de carne y hueso.

Ahora bien, esto no es casual. La carta abierta de apoyo a la tiranía de Nicolás Maduro me recordó un reciente artículo que escribí en este medio, donde le preguntaba a los lectores por qué a diversos líderes de Revolución Democrática le costó tanto reconocer que el régimen de Nicolás Maduro era una dictadura, teniendo a ojos vista la violencia, la brutalidad del régimen y la hambruna por la que están pasando los venezolanos y, por si ello fuera poco, pudiendo hablar directamente con los miles de venezolanos que han llegado a Chile huyendo de la tiranía chavista. La respuesta es simple. Porque esos jóvenes que llegaron al Congreso de Chile y a otros puestos de poder, esas “caras nuevas” que le darían “aire fresco” a la política chilena, como entonces se decía, no son hijos de la democracia, sino del chavismo. Nacieron y crecieron en el Chile democrático, pero se inspiraron en la retórica de Hugo Chávez y del Foro de Sao Paulo sobre una nueva democracia, revolucionaria, participativa, popular y tantos otros calificativos para disfrazar su verdadero rostro autoritario y destructor de las libertades.

A los del Frente Amplio, para no hablar de los comunistas, los crímenes cometidos en nombre del dictador, la hambruna y la violencia desatada no les importan. Asumen las consecuencias de sus ideales. A los blandos se les está produciendo un cierto vértigo ante el vacío revolucionario, y, tal vez, estén descubriendo que “los sueños, sueños son”.

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