Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 18 de febrero, 2020

Miguel Ángel Martínez: ¿Qué relación hay entre el nuevo PSOE y el chavismo?

Académico, Estudios Políticos Universidad Austral de Chile Miguel Ángel Martínez Meucci

El nuevo PSOE, a diferencia del que Felipe González lideró durante años, no parece preferir con claridad el bando de los demócratas en sus relaciones con Iberoamérica. La socialdemocracia española necesita acometer una investigación que le permita rescatar su integridad y buen nombre en los asuntos que la vinculan con Venezuela.

Miguel Ángel Martínez Meucci Académico, Estudios Políticos Universidad Austral de Chile

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

SUSCRÍBETE AHORA
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

El PSOE, partido de larga data fundado en 1879, ha reunido históricamente a las principales fuerzas políticas de la socialdemocracia española. Protagonista esencial del siglo XX ibérico, su buen hacer bajo la dirección de Felipe González fue decisivo para el éxito de la transición a la democracia y el cierre de casi 40 años de dictadura franquista. España no sólo encontró entonces su sitio natural en el concierto de las naciones, ingresando en la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea) y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino que además –y más allá de sombras y desaciertos– protagonizó un período de indudable progreso y prosperidad.

Felipe González, por otra parte, supo siempre cultivar una excelente relación con Iberoamérica. Su habilidad natural como político, así como posiblemente también su origen andaluz, lo llevaron a manejarse como pez en el agua en sus relaciones con los primos transatlánticos. Una muestra de ese buen entendimiento la constituyó Venezuela, donde los socialdemócratas del partido Acción Democrática constituyeron siempre un aliado fundamental de la naciente democracia española. Venezuela –destino de decenas de miles de emigrantes españoles durante los años 50 y 60– vivía momentos de bonanza económica y cosechaba los frutos de tres lustros de democracia cuando España iniciaba ese mismo delicado tránsito.

Pero las cosas cambian. Llegaron los tiempos en los que Venezuela perdió su solidez económica, consecuencia de un modelo de desarrollo esclerotizado que nunca terminó de reformarse adecuadamente, para caer en manos de una coalición de comunistas y militares que, pregonando cambios revolucionarios, llegaron sin la intención de irse. En 2004, cuando ya controlaba el parlamento, el poder judicial, los órganos electorales, la mayor parte de los gobiernos regionales y empresa estatal petrolera –por no hablar del estamento militar–, el chavismo contó además con un alza descomunal en los precios del petróleo. Fue entonces cuando proclamó a los cuatro vientos “el socialismo del siglo XXI”, o la revolución hecha con petrodólares.

La combinación se hizo irresistible para muchos camaradas en el exterior. Por casualidades de la vida, 2004 es también el año en el que José Luis Rodríguez Zapatero llega a La Moncloa, tras los confusos atentados de Atocha, sobre los que tantas hipótesis se han tejido y tan pocas conclusiones firmes se han sacado. Las tirantes relaciones que José María Aznar mantuvo con el chavismo dieron paso a una inmediata luna de miel con Zapatero, al punto de que, para ayudarle a enfrentar su primera crisis de gobierno –la huelga de los trabajadores de los astilleros de IZAR–, Hugo Chávez no dudó en sacar la petrochequera y encargar la fabricación de varios buques.

El recelo que la “vieja guardia” del PSOE –comenzando por el propio Felipe González– ha demostrado siempre frente al chavismo no parece ser compartido por varios nuevos cuadros del partido. En noviembre de 2004, Chávez fue homenajeado de diversos modos durante su visita de casi una semana a España. De paso por el parlamento ibérico, el mandatario venezolano –militar golpista frustrado en 1992– hizo curiosos ademanes de asombro al mostrársele los agujeros de bala que, desde el golpe de Tejero en 1981, permanecen en el techo del recinto.

Igualmente curioso es la relación de extraña ambigüedad que existe entre la Revolución Bolivariana y el nuevo PSOE. Entre sonrojos y sonrisas, los socialistas españoles alternan con evidente tensión los compromisos de gobierno, el respeto por las formas y la necesidad de apegarse a los mínimos estándares democráticos con una serie de actitudes, consignas y negocios que comparten con el chavismo. Zapatero en particular no sólo facilitó la venta de armamento y diversos negocios con Venezuela, soslayando la vulneración de los DD.HH. y estándares democráticos en ese país, sino que como expresidente se ha convertido en un visitante asiduo del mismo. Casi cuarenta viajes se han producido hasta la fecha al país caribeño, muchos de ellos bajo un título de “facilitador de diálogos” con el que, en realidad, ha encubierto actitudes francamente favorables al chavismo.

En esta estela se ha mantenido también Pedro Sánchez, cuya aparente firmeza frente a la dictadura venezolana –mostrada durante sus campañas presidenciales– se ha trucado en incómoda ambigüedad al llegar al jefatura del gobierno, especialmente tras sus pactos con Podemos –conocidos socios del chavismo– y con diversas fuerzas políticas separatistas. Obligado por la política común europea, el gobierno español no ha dejado de reconocer a Juan Guaidó como legítimo presidente encargado de Venezuela, pero Sánchez insiste en llamarle “líder de la oposición” mientras una serie de hechos cada vez más turbios generan preocupaciones crecientes sobre el vínculo entre PSOE y chavismo.

La punta del iceberg la constituye el actual escándalo en torno a la reciente visita de la vicepresidente venezolana Delcy Rodríguez a Madrid. A pesar de que las sanciones impuestas por la Unión Europea le prohíben tocar suelo europeo, y según testimonio notariado de un testigo, Rodríguez no sólo desembarcó del avión –al parecer un Dassault Falcon 900LX con matrícula TC-AKE, propiedad de la empresa turca Ak Havacilik ve Ulastirma y presuntamente empleado para traficar oro a Turquía–, sino que además habría ingresado varias maletas a territorio español sin pasar por los controles regulares.

No son hechos a pasar por alto. La socialdemocracia española necesita acometer una investigación que le permita rescatar su integridad y buen nombre en los asuntos que la vinculan con una estructura como la que preside Maduro, condenable desde todo punto de vista.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

SUSCRÍBETE AHORA

También te puede interesar:

Cerrar mensaje

¿Debiese llegar a más gente El Líbero?

Si tu respuesta es afirmativa, haz como cientos de personas como tú se han unido a nuestra comunidad suscribiéndose a la Red Líbero (0.5 o 1 UF mensual). Accederás a eventos e información exclusiva, y lo más importante: permitirás que El Líbero llegue a más gente y cubra más contenido.

Suscríbete