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Publicado el 03 de marzo, 2020

Michèlle Labbé: ¿Y dónde está el botín?

Economista Michèlle Labbé

Previo al 18-O esperábamos crecimiento por sobre 4% anual, y menos que eso era un símbolo de fracaso para nuestras autoridades. Hoy pareciéramos haber olvidado el país que fuimos. Al atacar las bases del progreso, no sólo se recortaron nuestras expectativas de crecimiento económico actual y futuro, sino también nos cortaron las alas, la capacidad de soñar en grande, de soñar con ser desarrollados.

Michèlle Labbé Economista

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A principios de semana el Banco Central de Chile publicó el crecimiento mensual de la economía, correspondiente al IMACEC de enero de 2020. La cifra resultó ser mejor de lo esperado. Nuestra economía se expandió 1.5% en enero, tras un 1.1% de expansión en diciembre; mientras que los sectores no mineros se expandieron a una tasa de 1.7% promedio, excluyendo los factores estacionales y a igual número de días hábiles.

Estos números sorprendieron positivamente al mercado, que esperaba cifras más parecidas a las de diciembre, y ha llevado a algunas de nuestras autoridades a hablar de la resiliencia de nuestra economía. Menos mal que otras autoridades han sido más cautas y han llamado a no apresurarse en las conclusiones y no minimizar los riesgos internos y externos que seguimos enfrentando.

Esto es, lamentablemente, cierto: el 1.5% de crecimiento de nuestra economía en enero no son brotes verdes, ni el inicio de la primavera, ni nada por el estilo. Es el fruto del trabajo arduo de la gran mayoría de los chilenos que, pese a la violencia que se tomó las calles desde el 18 de octubre -y pese a que aún hay muchas estaciones de metro que no han podido volver a abrirse a público, pese a que ahora se demoran más al trabajo, pese a la incertidumbre de los viernes al pasar por la plaza Italia, pese a muchos etc., etc., etc.-, aún siguen llegando a sus trabajos y dando lo mejor de sí mismos para mantener a sus familias, y progresar.

Porque el gran ataque a Chile no ha sido a los cuicos; de hecho, la mayor parte de los supermercados vandalizados y quemados están en comunas periféricas; no fue a los grandes empresarios, pues la mayor parte de los comerciantes cuyas tiendas fueron incendiadas, robadas y saqueadas son pequeñas y micro empresas; y no ha sido un ataque a la desigualdad en la distribución del ingreso, porque el nivel de vida de los chilenos de menos recursos es el que más se ha visto mermado.

El metro no llega a la Dehesa, ni a Piedra Roja, ni a Vitacura; llega a La Cisterna, La Florida, Puente Alto, comunas donde la gente progresa gracias a su propio esfuerzo. Entonces, ¿por qué atacar el metro si la lucha es por las desigualdades en los ingresos? Porque lo que se está atacando es el progreso, y no hay un símbolo más importante del progreso en Chile que nuestro amado metro.

Previo al 18-O esperábamos crecimiento por sobre 4% anual, y menos que eso era un símbolo de fracaso para nuestras autoridades. Hoy pareciéramos haber olvidado el país que fuimos.

Y es el progreso actual y futuro de nuestros ciudadanos lo que más se ha visto perjudicado. Un crecimiento económico de 1.5% en un mes como el de enero, donde los niveles de violencia bajaron sustancialmente respecto de los meses anteriores, y donde los más de 30 grados celcius obligaron a las marchas a postergarse para meses con clima más soportable, es un resultado magro, por decir lo menos. Previo al 18-O esperábamos crecimiento por sobre 4% anual, y menos que eso era un símbolo de fracaso para nuestras autoridades. Hoy pareciéramos haber olvidado el país que fuimos.

Éramos un país de oportunidades y de dificultades, de alegrías y sufrimientos, un país cálido, pero atacado por las fuerzas de la naturaleza. Éramos nada menos que la esperanza de los haitianos, venezolanos, peruanos, bolivianos y colombianos, entre otros, que buscando mejores perspectivas y oportunidades para ellos y sus familias, inmigraron a este país de inviernos fríos, grandes terremotos y un corazón grande y unido para sobreponernos a todo.

Después del 18-O y sus consecuencias, incluyendo la violencia que aún persiste y se convierte poco a poco en la normalidad de nuestras calles, y la incertidumbre que genera una posible nueva constitución, que se discutiría en un ambiente de amenazas y violencia exacerbada, nuestro crecimiento de largo plazo o crecimiento potencial ha caído en forma persistente. Y menos crecimiento potencial son menores expectativas de progreso económico y social. Basta con leer las noticias y ratificar que las empresas clasificadoras de riesgo internacionales ya hablan de que será muy difícil que Chile retome tasas de crecimiento mayores a 2.5% antes del 2023.

El barco llamado Chile era un lindo botín, y el progreso que prometía a sus pasajeros era el sueño de muchos, chilenos y extranjeros.

Por otro lado, los políticos, que en esta crisis no sólo han brillado por su ausencia y/o por su incongruencia, buscan incansablemente quedarse con la mayoría de los votos, sin importar los medios. Cuales piratas, la oposición ataca el barco, aceptando para ello la ayuda de todo tipo de soldados a sueldo, con el objetivo de tomar posesión de lo que consideran suyo, no importa que la voluntad del pueblo haya preferido al Presidente Piñera por sobre su candidato. Esa voluntad que ahora piden que se escuche sólo cuando les conviene, pero que sólo para su recuerdo e información, indicó claramente en las últimas elecciones que no quería un presidente de su alianza; mientras que el barco está siendo dirigido con serias dificultades, y al menos hasta ahora, dando la sensación de falta de capacidad para enfrentar los ataques de violencia, delincuencia e ingobernabilidad que les están infringiendo.

El barco llamado Chile era un lindo botín, y el progreso que prometía a sus pasajeros era el sueño de muchos, chilenos y extranjeros. Sin embargo, en la pelea por el poder, quienes han permitido que soldados a sueldo ataquen al barco con el objetivo de tomarse el botín, no han sido capaces de entender que el ataque ha sido tan despiadado, que cuando finalmente puedan tomarse el barco, ya no habrá botín, sino que sólo quedarán estragos de lo que una vez fue un barco. Seremos sólo pedazos de madera, corroída y destrozada que no será capaz de navegar hacia ningún destino.

Hoy no somos capaces de recordar lo que éramos. Al atacar las bases del progreso, no sólo se recortaron nuestras expectativas de crecimiento económico actual y futuro; sino que también nos cortaron las alas, la capacidad de soñar en grande, de soñar con ser desarrollados.

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