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Publicado el 25 de febrero, 2020

Michelle Labbé: Miopía Congénita Severa

Economista Michèlle Labbé

El Ministro de Hacienda se comprometió a implementar medidas para “mejorar” el gasto fiscal. El fin de semana, el Director de Presupuestos profundizó en el tema (…) mi sensación no fue de alegría, sino más bien de rabia, porque a mi juicio, revisar cómo y en que se gasta el presupuesto fiscal, es decir, en qué y cómo se gasta nuestra plata, no debería ser una “medida”, debería hacerse todos los días del año y en todos los gobiernos, no importa del color que sean (…) Ni un peso más de gasto social hasta que se erradique la violencia. Esa es la forma de negociar de ellos, esa debería ser la forma de negociar de nosotros.

Michèlle Labbé Economista

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La semana recién pasada, el Ministro de Hacienda se comprometió a implementar medidas para “mejorar” el gasto fiscal. El fin de semana, el Director de Presupuestos profundizó en el tema e indicó que en el proceso de estudio y aprobación del presupuesto 2021, este organismo tendrá bajo la lupa cerca de un tercio del gasto anual, que corresponde a los gastos de operación y soporte de los ministerios.

Pese a que, como cada uno de los que leyeron esta noticia, me debí haber sentido contenta que nuestras autoridades fiscales estuvieran comprometidas a revisar cómo se está gastando la plata que los trabajadores chilenos entregamos al gobierno a través de nuestros impuestos, mi sensación no fue de alegría, sino más bien de rabia.

Rabia, porque a mi juicio, revisar cómo y en que se gasta el presupuesto fiscal, es decir, en qué y cómo se gasta nuestra plata, no debería ser una “medida”, debería hacerse todos los días del año y en todos los gobiernos, no importa del color que sean.

Si el Ministerio de Hacienda fuera la gerencia de finanzas de una empresa, no le comunicaría al directorio que está implementando una nueva medida que consiste en revisar como se está gastando la plata. No, porque ese mismo día el gerente se iría despedido. La gerencia de finanzas existe en una empresa para “administrar los recursos” parte de lo cual es revisar cómo se está gastando la plata y eficientar su uso. Cualquier otra función es posterior en orden de prioridades. Lo mismo debería suceder con el Ministerio de Hacienda, la evaluación de los programas de cada uno de los ministerios y de la forma en que se están gastando los recursos que con mucho esfuerzo entregamos todos los chilenos debería ser la primera y quizás única función de dicho Ministerio.

Mi segunda reacción fue de profunda desilusión. Después del 18-O, y con el objetivo de acallar a las masas e intentar controlar la violencia que se había tomado las calles, el gobierno anunció una amplia agenda social y de reactivación, con un costo de 1.2% del PIB. Este incremento en el gasto público – que alcanza US$5.500 millones -, implica un alza en la tasa de crecimiento del gasto fiscal desde 4.6% – que ya era una tasa alta considerando que el PIB sólo crecería en niveles cercanos al 1% -, a 9.8% real, tasa que sólo fue superada en 2009, con el incremento en los gastos que se generaron post crisis subprime.

El mayor déficit fiscal que genera el incremento en el gasto deteriora aún más nuestras cuentas fiscales, y ello es una muy mala noticia. Parte de nuestro éxito económico en el pasado se fundamentó en la fortaleza de las cuentas fiscales, y en el cumplimiento de una regla fiscal, donde – en términos generales -, no se gastaba más de lo que se tenía, tal como lo haría una familia ordenada. Los bajos niveles de endeudamiento que esto generó, permitieron que los chilenos accediéramos a un mercado de capitales internacional a bajas tasas de interés, lo que permitió mejorar los niveles de vida de cada uno de nosotros.

El ministerio de Hacienda intenta justificar esta gigantesca expansión del gasto esgrimiendo que la mayor parte del incremento es transitorio, y por tanto, no debería repetirse en los años subsiguientes. Pero hacer ese tipo de declaraciones me parece irresponsable, cuando quienes deberán hacer dichos ajustes ya no serán los que los están impulsando, sino el siguiente gobierno que, por cierto, dudo que pueda o quiera cortarlos. No en vano, hacerlo implica costos que ningún político quiere asumir.

Entendiendo lo complicado de la situación política, me llama la atención la miopía del Ministro Briones, del gobierno y de sus parlamentarios. Era casi imposible que un incremento en los gastos sociales pudiera calmar a las huestes violentistas – que alentadas por la oposición, nunca quisieron lograr acuerdos, sino que desestabilizar al gobierno y que, por lo tanto, siempre van a pedir más y más. Tanto es así, que lo único que los cansó es el verano – obvio debían descansar de tan arduo trabajo – pero ya se preparan para volver en gloria y majestad en marzo y proseguir en la tarea de destruir a las instituciones y desestabilizar al gobierno.

También es miope pensar que los aumentos en los gastos sociales serán transitorios. Existen sectores amplios de la sociedad que se alimentan de dichos gastos, y que lucharán con dientes y muelas para que éstos no sean retirados, con lo cual, existirán políticos dispuestos a prometer no cortar dichos gastos si la población vota por ellos.

Más miope es todavía pensar que una situación de mayor deterioro en lo fiscal permitirá a nuestro país crecer más (o apuntalar el crecimiento, como lo indica el director de presupuestos) y, por tanto, generar mayor riqueza para cada uno de los chilenos. La inversión no está detenida por la falta de inversión pública, está detenida por la incertidumbre que genera la violencia, y abrir el debate a una nueva constitución. La inversión pública apuntala el crecimiento sólo en presencia de reglas claras, no bajo estas condiciones.

Me llama también la atención la miopía de la izquierda más de centro y más culta, que no sólo apoyó estos incrementos en el gasto público, sino que los exigió y que en muchos casos sigue exigiendo más aún; y que debería entender que bajo la situación actual serán ellos quienes heredarán cuentas fiscales desordenadas, una deuda pública creciente y una situación crediticia deteriorada, aparte de heredar a las mismas hordas que seguirán tratando de desestabilizar cualquier gobierno que esté en ejercicio.

La miopía que afecta a nuestra sociedad es severa, son muy pocas las voces públicas que he escuchado hablar con algo de cordura y visión de largo plazo, y cuando lo hacen, sus declaraciones son tímidas y sin fuerza.

El problema con este tipo de miopía es que no se corrige con lentes, necesita de una operación profunda, casi de una lobotomía, porque la única forma de construir un país mejor y de oportunidades para todos, es poder mirar y ver claramente hacia donde nos dirigimos y cómo podremos llegar ahí; y con esa claridad tomar las decisiones de hoy.

Bajo esta mirada, antes de aumentar un solo peso en gasto público, se debe volver a establecer la paz social y erradicar la violencia, sólo bajo un clima de instituciones fuertes y reglas claras el país va a seguir creciendo y con ello se podrán generar los recursos para incrementar el gasto social.

Ni un peso más de gasto social hasta que se erradique la violencia. Esa es la forma de negociar de ellos, esa debería ser la forma de negociar de nosotros.

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