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Publicado el 13 julio, 2021

Michèle Labbé: El resurgimiento de la pobreza

Economista Michèle Labbé

Mientras la crisis económica que desató el Covid-19 incrementó los niveles de pobreza en Chile a los de 2016, los niveles de extrema pobreza lo hicieron con más fuerza, llegando a los niveles de 2013; en tanto, la distribución del ingreso (medida con el índice de Gini ajustado por transferencias de gobierno) retrocedió a los niveles alcanzados el año 2004.

Michèle Labbé Economista
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De acuerdo al Banco Mundial, la pobreza extrema -definida como el número de personas viviendo con menos de US$1,9 al día, como porcentaje de la población total- ha disminuido consistentemente desde el siglo XVII, bajando desde más de 80% de la población mundial total en 1800, a cerca de 60% en 1900, 44% en 1980… llegando a 7,9% en 2020, de no ser por la pandemia de Covid-19, que habría traído la extrema pobreza de vuelta a cerca del 10% de la población mundial, a pesar de los paquetes de estímulo fiscal con que los gobiernos trataron de mitigar los efectos más devastadores de la crisis.

En Latinoamérica el efecto económico de la pandemia no fue distinto. De acuerdo a la Cepal, la pobreza se incrementó desde  30,5% a 33,7% y la pobreza extrema desde 11,3% a 12,5%.

La semana pasada se publicaron las cifras de la encuesta Casen en Chile que muestran que pese a la caída de 5,8% en la producción de nuestra economía en el 2020, y a las recriminaciones de los políticos de que se hizo poco o nada en nuestro país para ayudar a la población con menos recursos, Chile fue el segundo país de la región con menos impacto en la pobreza y extrema pobreza, liderado por Guatemala que ya contaba el 2019 con más de un 50% de su población total bajo la línea de pobreza (versus el 10,7% de Chile). De este modo, se puede establecer que, pese a lo que ha sido el estandarte de los políticos y el común de los titulares de los diarios, las políticas sociales implementadas en Chile durante la pandemia -en especial aquellas focalizadas en la población de menores recursos- evitaron que los efectos de la pandemia terminaran afectando con mayor fuerza a nuestro país, tal como sucedió en el resto del mundo y de la región.

Soy una convencida de que las personas no mueren de mala distribución del ingreso, sino que mueren de pobreza, pero no está demás analizar lo que ha pasado con la distribución del ingreso en nuestro país. Mientras la crisis económica que desató el Covid-19 incrementó los niveles de pobreza en Chile a los de 2016 (un retroceso de 4 años), los niveles de extrema pobreza lo hicieron con más fuerza, llegando a los niveles de 2013 (un retroceso de 7 años); la distribución del ingreso (medida con el índice de Gini ajustado por transferencias de gobierno) retrocedió a los niveles alcanzados el año 2004 (un retroceso de 16 años).

El gran retroceso en la distribución del ingreso se debe, en principio, a dos factores. El primero es que las crisis económicas suelen afectar con más fuerza a la población con menor capacitación y educación, que es la población de menores recursos, lo que es un resultado esperado y nada novedoso. Pero la segunda razón, y la más impactante, es que la distribución del ingreso viene empeorando en Chile desde el año 2015, en pleno proceso de retroexcavadora de la presidenta Bachelet, donde se implementaron todas las políticas que privilegiaron la distribución del ingreso por sobre el crecimiento económico, empezando por la reforma tributaria.

Como este resultado me sorprendió en demasía, en especial, porque no había leído nada de esto en la prensa (sospechoso, diría nuestro Bombo Fica), decidí seguir analizando los datos de pobreza y distribución del ingreso de los últimos 20 años -los números no mienten- y me encontré con que nuestro país logró mejorar su distribución del ingreso cuando el crecimiento económico de los últimos 5 años promediaba 4,0% mientras que cuando el crecimiento bajaba de 3,0% la distribución del ingreso empeoró, no importa cuales fueran las políticas económicas aplicadas, ni el color del gobierno de turno.

Estos resultados demuestran lo que muchos hemos asegurado en forma majadera: para mejorar la distribución del ingreso, es requisito indispensable el crecimiento económico. Sin crecimiento económico fuerte, no importan las políticas de redistribución del ingreso, porque inexorablemente aumenta la pobreza y empeora la distribución del ingreso.

Y para tener crecimiento económico fuerte necesitamos eliminar la incertidumbre en las reglas del juego y respetar la institucionalidad… ¿alguien le puede enviar el mensaje a los 155?

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