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Publicado el 14 de abril, 2020

Michèle Labbé: El otro contagio

Economista Michèle Labbé

Aplanar la curva del contagio económico es tan imprescindible como aplanar la curva del contagio biológico.

Michèle Labbé Economista

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El coronavirus está resultando ser un virus muy difícil de combatir. Hasta ahora no hay vacunas ni remedios que hayan probado ser efectivos. En vista de esto, los países han intentado distintas fórmulas, sin embargo, lo que en realidad están haciendo es disminuir la cantidad de contagiados en cada momento del tiempo para evitar que se colapsen los sistemas de salud y, de ese modo, todas las personas que necesiten servicios intensivos puedan hacer uso de ellos, disminuyendo la cantidad de mortalidad de la enfermedad. Lo que se conoce como aplanar la curva. Pero no se está combatiendo al virus, sólo se le está acordonando.

Sin embargo, hay un segundo contagio, que no es menos grave, pero que resulta mucho más difícil de reconocer, y es el contagio económico. Lamentablemente, éste tiende a ser visto como preocupaciones de gente frívola y capitalista, que lo único que ven es el signo peso en todos lados. Pero quienes ven así este lado del contagio están muy lejos de la verdad. Este tipo de contagio puede generar igual o mayor mortalidad que el anterior.

El contagio económico del coronavirus es multisectorial, lo cual hace que su manejo sea muy complicado, mucho más que una recesión típica o incluso que una crisis financiera como la del 2008. Por el lado de la demanda de bienes y servicios, el combate sanitario al coronavirus –es decir el distanciamiento social y las cuarentenas- genera una caída en el consumo de gran cantidad de bienes y en especial de servicios como vuelos, hoteles, colegios, universidades, consumo masivo, etc., con excepción de los servicios médicos relacionados al virus. Mientras que por el lado de la oferta, el mismo combate sanitario lleva a generar importantes disrupciones en las cadenas de producción de bienes y servicios, cierres de fábricas, y empresas trabajando al 50% o menos, lo que termina por producir una menor demanda por trabajadores y con ello se incrementa el desempleo. Finalmente, por el lado del mercado financiero aumenta el riesgo de los activos financieros, pues los individuos son incapaces de evaluar cuáles serán los efectos sobre la economía como un todo, y por tanto por sobre el precio de los activos, de los cambios en la oferta y demanda que se generan producto del coronavirus, lo que produce una disminución en el precio de los activos reales, como commodities y acciones, y un incremento en la demanda de activos considerados como menos riesgosos, como los bonos del tesoro de EEUU; además de aumentar la volatilidad en los precios de los activos, lo que incrementa el riesgo de las inversiones.

No reconocer que esta recesión mundial, así como la pandemia que vivimos al interior de nuestro país, va a generar una recesión de proporciones, equivale a esconder la cabeza debajo de la tierra.

Los gobiernos del mundo, tal como lo ha hecho el gobierno de Chile, intentan equilibrar ambos contagios. Un combate sanitario feroz al coronavirus, por ejemplo, declarando cuarentena en todos lados, tal como les encanta solicitar a muchos alcaldes, no sólo ha demostrado ser improductivo -pues después de un par de semanas las personas dejan de respetar las cuarentenas y empiezan a salir a pesar de las normas impuestas-, sino que además genera un mayor contagio económico, pues terminan inhabilitando a las empresas para seguir produciendo, lo que lleva a su quiebra, y con ello al despido masivo de trabajadores, que terminaran no pudiendo demandar los pocos bienes y servicios básicos que seguían demandando, generando con ello menos ingresos fiscales y menos recursos para combatir el virus, así como menos recursos para todos los programas sociales, lo que finalmente lleva también a más muertes. La única diferencia entre estas muertes y las de los contagiados por Covid 19 es que unas se deben al virus biológico y otros al virus económico. Pero ambas son muertes por coronavirus.

Los grandes organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, han comenzado a reconocer que esta pandemia puede y probablemente generará una recesión de magnitudes hasta ahora no vistas. No reconocer que esta recesión mundial, así como la pandemia que vivimos al interior de nuestro país, va a generar una recesión de proporciones, equivale a esconder la cabeza debajo de la tierra. Por ello, aplanar la curva del contagio económico es tan imprescindible como aplanar la curva del contagio biológico.

Lamentablemente, hasta no tener un remedio o una vacuna para el coronavirus, el mundo seguirá combatiendo la enfermedad por medio del distanciamiento social y, por tanto, contagiando a su economía. Y el aplanamiento de la curva de contagio biológico evita incrementos en la mortalidad de la enfermedad, pero también tiene un efecto negativo, que es alargar el proceso natural de contagio en toda la población, lo que incrementa el contagio económico.

El gobierno parece haber entendido bien ambos contagios, y los está combatiendo lo más eficientemente posible. En términos económicos, no sólo ha generado programas sociales para evitar quiebras masivas y despidos, sino que, además, al establecer cuarentenas móviles, permite que al menos una parte de las empresas puedan producir y, por tanto, generar ingresos y evitar despidos en los momentos en que se levantan las cuarentenas obligatorias. Equivale a darle agua en gotario a las empresas en medio del desierto, lo que al menos las mantiene con vida.

Sin embargo, con la bandera de la defensa de la vida, pero muchas veces con el real objetivo de captar votos en las próximas elecciones, he observado cómo muchos políticos levantan las banderas de las cuarentenas obligatorias generales, mientras la televisión y radio les dan combustible y audiencia para que sigan atacando las medidas y el actuar de las autoridades, criticando las medidas implementadas y demandando otras con todo el desparpajo de su ignorancia o, en muchos casos, de su codicia.

Esperemos que las muertes por el coronavirus económico no terminen por ser mayores que las del virus biológico que, al menos hasta ahora, no podemos juzgar como un ser que actúa conscientemente.

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