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Publicado el 03 de agosto, 2020

Michèle Labbé: El 90% es nuestro y este país también

Economista Michèle Labbé

Somos nosotros los responsables de evitar que las minorías radicalizadas y violentas se tomen nuestro país sólo para adueñarse del fruto de nuestro trabajo. La violencia y el desorden público van en contra de cualquier esfuerzo de recuperación económica y en contra de cualquier esfuerzo para que logremos volver a una relativa normalidad.

Michèle Labbé Economista
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Agosto parece haber empezado con mejor pie que los meses de junio y julio de este año. El índice de producción mensual de la economía, correspondiente al Imacec de junio de 2020, cayó en 12,4% respecto de junio de 2019. El Imacec desestacionalizado presentó una caída de 13,3% en junio, menor a la baja de 15,2 que presentó el mes de mayo de 2020, aún cuando junio se caracterizó por que más de un 50% de la población chilena estaba en cuarentena. Y si bien el Imacec del sector minero subió 1,1% durante este mes, el Imacec no minero cayó 14,9%, caída inferior a la de mayo de este año en el mismo sector.

Pese a que estamos hablando de caídas gigantescas en la producción de nuestra economía, y ello no nos debería hacer sentir ni un ápice de felicidad, lo cierto es que, la mayoría de nosotros, dadas las medidas sanitarias aplicadas, creía que el indicador de crecimiento económico del mes de junio podría presentar caídas mucho mayores a las de mayo. Por ello, no es de sorprender las reacciones de las autoridades, y de cada uno de los que estamos atentos a la evolución de nuestra economía, de sentir no sólo un atisbo de esperanza, sino algo también de alegría al observar la resiliencia de nuestra economía y de los chilenos.

Pero estos números deberían ser también una lección para nuestras autoridades sanitarias, y principalmente para los fanáticos de las cuarentenas. Si un mes en que más de un 50% de su población se encuentra en cuarentena presenta  un índice de producción superior al de un mes con mucho menor porcentaje de tiempo y población en cuarentena, significa que el confinamiento no se está cumpliendo. Esto es lo que muchos hemos estado diciendo hace algún tiempo. Los ciudadanos son capaces de respetar las cuarentenas por un determinado tiempo. Pero el tiempo de aguante no es mucho; pasado eso, la población necesita volver a salir a trabajar, y se las ingenia para volver a hacerlo. Definitivamente hay ocupaciones en que es muy difícil volver mientras las autoridades mantienen estrictas medidas de confinamiento, sin embargo, hay muchas otras en que los trabajadores se las arreglan poder realizarlas, pese a las cuarentenas.

De a poco, durante la última semana de julio comenzó el desconfinamiento. En forma paulatina y con cuidado, los chilenos estamos tratando de volver a la “normalidad” en la medida de lo posible. Y esa es una gran noticia para todos. Lo que deberíamos observar de ahora en adelante, es que la economía -como ese engranaje de reloj- se está comenzando a mover, y cada una de sus piezas está empezando a empujar lentamente al resto.

Más allá de que hay posibilidades reales de que en muchos lugares haya que revertir medidas sanitarias en caso que los contagios se incrementen, lo cierto es que deberíamos empezarnos a acostumbrar a una nueva forma de vivir y trabajar, pues mientras no haya una vacuna disponible, seguiremos viviendo al ritmo del virus. Pero los países que nos llevan la delantera nos auguran buenas noticias en términos de la rapidez con la cual los países han empezado a retomar sus tasas de crecimiento, y mucho más importante, los trabajadores han comenzado a retomar sus ingresos.

Sin embargo, el segundo virus o pandemia que sufre nuestro país no está retrocediendo. Mientras nuestras autoridades están demostrando capacidad para manejar la pandemia, los grupos extremos tratan con más fuerza de trabar la recuperación a través de la violencia. Después de muchos meses, en las últimas semanas hemos comenzado a ver cómo vuelve la violencia a las calles en las noches y, en especial, en el sur de Chile.

Necesitamos un gobierno que responda con entereza y fuerza ante el desorden público, ante los ataques terroristas y ante el amedrentamiento de todo tipo. Pero los chilenos también debemos entender que, tal como el otro 90% de los fondos de pensiones es nuestro, este país también es nuestro, y somos nosotros los responsables de evitar que las minorías radicalizadas y violentas se tomen nuestro país sólo para adueñarse del fruto de nuestro trabajo. La violencia y el desorden público van en contra de cualquier esfuerzo de recuperación económica y en contra de cualquier esfuerzo para que logremos volver a una relativa normalidad.

Si no somos capaces de luchar por lo nuestro, y de ayudar a las autoridades a controlar a quienes sólo buscan sus propios intereses a través de la violencia, no hay Imacec ni condiciones sanitarias que nos hagan volver a disfrutar de nuestro país y de la tan ansiada normalidad.

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