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Publicado el 26 de mayo, 2020

Michèle Labbé: Desvistiendo un santo, para vestir un diablo

Economista Michèle Labbé

Todos hemos aprendido, por las buenas o por las malas, que nunca se deben poner todos los huevos en la misma canasta, porque si ésta se cae, nos quedaremos sin ningún huevo. Esta es la razón que lleva a que en países pequeños como Chile sea muy necesario que nuestros ahorros estén invertidos en un gran porcentaje, sino en su totalidad, en el extranjero.

Michèle Labbé Economista

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Una de las muchas consecuencias que ha traído el coronavirus es la mortal caída en los ingresos de muchas empresas, entre ellas de micro, pequeñas y medianas que están vendiendo mucho menos de lo normal o que simplemente no están vendiendo debido a que la naturaleza de los productos o servicios ofrecidos no se pueden producir y/o entregar bajo condiciones de confinamiento o cuarentena.

El obvio y natural efecto de esta dramática caída en los ingresos es la falta de recursos para seguir pagando los costos fijos de las empresas, los arriendos, los trabajadores, el agua, la luz, el teléfono y todos aquellos costos que siguen llegando al final de cada mes, pero para los cuales ya no existen los ingresos con qué cubrirlos. Esto ha provocado una importante demanda por créditos para cubrir estos déficit, muchos de los cuales son difíciles de conseguir dada la alta demanda por recursos, así como el incremento en la incertidumbre y riesgo asociado a prestar a empresas que no se sabe si lograran sobrevivir a esta tragedia.

Lamentablemente, muchas personas, y en especial, muchos legisladores, se ponen demasiado creativas cuando se trata de gastar la plata ajena (porque cuando se trata de la propia, por ejemplo la rebaja de sueldos, son muy cuidadosos y se pueden tomar muchos años para legislar). Y como los fondos de pensiones siguen siendo un botín del cual todos se quieren apropiar, y cuya industria tan mala fama tiene, ¿qué mejor que pegarle un zarpazo a los mismos, a ver si esta vez pueden quedarse con algo?

La nueva inventiva de algunos políticos es -para variar- hacer uso de recursos ajenos para ganar votos propios. Y una fuente de recursos ajenos es obligar a las administradoras de los fondos de pensiones -que no pertenecen ni a Chile, ni a los políticos, ni a las AFP, sino a cada uno de los trabajadores de este país-, a repatriar los activos invertidos en el extranjero, para utilizarlos en el salvataje de las pequeñas y medianas empresas que necesitan de recursos para enfrentar la crisis. Un Chile ayuda a Chile, lo han llamado estos creativos.

Esta idea, cuya mirada rápida pudiera parecer racional, es un grandísimo error, por una simple razón, la diversificación del riesgo. Todos hemos aprendido, por las buenas o por las malas, que nunca se deben poner todos los huevos en la misma canasta, porque si ésta se cae, nos quedaremos sin ningún huevo. Esta es la razón que lleva a que en países pequeños como Chile sea muy necesario que nuestros ahorros estén invertidos en un gran porcentaje, sino en su totalidad, en el extranjero. Los trabajadores tienen dos capitales, su trabajo y sus ahorros, entre ellos, los fondos de pensiones. Si en una crisis económica como la del 18-0 o simplemente una recesión cualquiera, los trabajadores pierden su trabajo, al menos sus ahorros para pensión no estarán sujetos a la misma suerte, al estar invertidos en otra realidad. En cambio, si los ahorros estuvieran invertidos en el mismo país donde pierden el trabajo, porque las empresas están quebrando, perderán los ingresos del trabajo y también los ahorros que estarán invertidos en empresas del mismo país.

Tan racional es esto, que países desarrollados como Noruega, obligan a que el 100% de los fondos de pensiones de sus trabajadores estén invertidos en el exterior, de modo de asegurar la diversificación de los riesgos de sus inversiones. Es decir, obligar a las administradoras de nuestros fondos de pensiones a repatriar los recursos invertidos en el exterior para invertirlos en Chile equivale a pedirles que saquen los huevos de las distintas canastas en que están y los pongan todos en la misma canasta. Todo lo contrario de lo que dice el uso de nuestro razón y lógica.

Si a eso le sumamos que muchos de los que quieren traer las inversiones de los fondos de pensiones en realidad lo que quieren es apoderarse del dinero de los trabajadores, entonces, no sólo se trata de desvestir a un santo para vestir a otro, sino que se trata de desvestir a un santo para vestir a un diablo. Porque una vez que todos los ahorros de las pensiones estén en Chile, más fácil será apoderarse de los mismos para propugnar cualquier tipo de política populista que genera votos, pero que dejará en la pobreza a todos los trabajadores una vez que estos se jubilen.

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