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Publicado el 20 de octubre, 2015

Miami y La Habana: del mismo pájaro las dos alas

Pareciera que Miami recoge los efectos de los desastres políticos y sociales, de las crisis, inestabilidades y emigraciones de América Latina.
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Cada vez que visito Miami siento que emprendo un viaje al pasado y también al futuro de La Habana. Un viaje al pasado, porque cuando entro a las cafeterías, tiendas y restaurantes de cubanos en Miami, no puedo apartar de mi recuerdo los años que viví en Cuba. Sabemos que es difícil comparar el mundo de la escasez y la pobreza de la isla, su falta de libertades, democracia y perspectivas, con la vida de una ciudad vital, libre y diversa como Miami. Pero esta última debe gran parte de su aliento esencial a los cubanos exiliados de la dictadura de los hermanos Castro, una masa de personas que fueron artífices del resurgimiento de Miami y Miami Beach a partir de los 1960 y 1970.

Venir a Miami es también un viaje al futuro de La Habana. Con el acercamiento del régimen comunista a Estados Unidos no será Estados Unidos quien se vuelva comunista sino Cuba la que se torne capitalista. Será su regreso a la corriente ancha de la historia. En rigor, antes de los Castro, La Habana y Miami formaban una suerte de gran ciudad, dos hemisferios que no separaba sino unía la Corriente del Golfo. Los bellos barrios de Miramar, El Laguito, El Vedado o Nuevo Vedado ya en los años 1950 eran repartos que -por su arquitectura, trazado de calles, tiendas y niveles de consumo- perfectamente podían estar en Estados Unidos. Además, el desplazamiento entre ambas ciudades era usual, diario, por ferry y avión. Por ello, La Habana era entonces la ciudad más moderna de América Latina, aquella que gozaba primero la prosperidad e innovación de Estados Unidos.

La vida de Ernest Hemingway expresa con plasticidad esta convivencia e interacción entre el mundo anglosajón y el latino, entre Miami o Florida y La Habana. El Nobel de literatura estadounidense vivió y escribió en ambas orillas de esos mundos: tuvo una espectacular casa en Key West y otra en las afueras de La Habana, en Finca Vigía, donde existen hoy sendas casas museo del novelista, las que son de visita obligada para entender esta relación estrecha, natural y no libre de tensiones, a ratos de amor y a ratos de odio, entre Estados Unidos y Cuba.

Pero mientras los cubanos que viven en Miami se preguntan cuánto más durarán los Castro y en qué momento se producirá el cambio que traerá a la isla una sociedad democrática y de economía de mercado, los cubanos siguen dejando la isla más que antes a través de medios legales y clandestinos. ¿La razón? Muchos temen que pronto expire la ley de ajuste cubano que permite a todo cubano que llegue a Estados Unidos, quedarse a residir en ese país. Los cubanos superan en EEUU, donde viven más de 50 millones de latinos, los 1,3 millones. Más de 500.000 cubanos viven en Florida. Esto ha traído como consecuencia que el segundo mayor renglón de ingreso de divisas a Cuba se deba a las remesas de sus compatriotas que viven en EEUU. Curiosidades de la vida: sin ese dinero ganado por cubanos en EEUU, que ha permitido la subsistencia a millones de sus compatriotas de la isla, tal vez no existiría ya la Revolución.

Recorrer hoy Miami en busca de latinos no es sólo encontrarse con cubanos, como lo fue durante decenios. La presencia latina se ha incrementado de forma imponente. Los centroamericanos, haitianos, brasileños, venezolanos y argentinos se notan por los locales de comida, tiendas y la vida profesional que abren, y en los festivales culturales. Hasta la presencia chilena se ha incrementado.

Pareciera que Miami recoge los efectos de los desastres políticos y sociales, de las crisis, inestabilidades y emigraciones de América Latina. Cada momento difícil en la historia, como diría Jorge Luis Borges, va dejando su firma o huella en este palimpsesto latinoamericano que es Miami: Chávez y Maduro llevaron a miles de venezolanos a asilarse o buscar mejores horizontes en Miami; la violencia en Centroamérica hace otro tanto (decenas de restaurantes de esa región abren cada año sus puertos en Miami); y qué decir de los altibajos de Brasil y Argentina y su flujo migratorio. Hoy mucho comercio del centro de la ciudad está bajo influencia brasileña mientras los argentinos se han desplazado con sus parrilladas a la parte norte de Miami Beach. Los haitianos cuentan con su propia Pequeña Haití como los cubanos con su Pequeña Habana, y también aparecieron estos años con fuerza los peruanos con sus manjares.

Recorriendo el gran Miami, viendo su diversidad y vitalidad latinoamericana, el espíritu de empresa del inmigrante, su disposición al sacrificio y el riesgo, y su anhelo de conquistar su sueño americano (sea lo que eso sea a estas alturas), uno se pregunta lo mismo que se pregunta con respecto a Cuba: ¿cuánta vitalidad, iniciativa y capital financiero y humano desaprovecha el continente cada año? ¿Por qué esas tierras y sus gobiernos son incapaces de mantener a esos millones de personas y de inspirarlas para que aportaran en casa lo que aportan con optimismo, entrega y sacrificio en Estados Unidos?

No hay lugar a dudas: Miami es la capital de las capitales de América Latina, y su vitalidad sigue viento en popa, conquistando a más gente que lo deja todo en el Sur por venir a probar suerte acá como si de otra fiebre del oro se tratara, y construyendo así una ciudad más próspera, moderna, diversa y vital. Mientras la ciudad crea condiciones para la fundación de nuevos museos y salas de arte, y la incorporación de más inmigrantes de todo el mundo, se prepara también para el nuevo escenario que creará el regreso comercial, financiero y turístico de La Habana a la región.

En este sentido, visitar Miami es anticipar algo del futuro que le aguarda a La Habana cuando abrace la libertad, la democracia y la economía de mercado.

 

Roberto Ampuero, Foro Líbero.

 

 

FOTO: VLADIMIR KUD / FLICK

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