Tengo frente a mí un plato hondo con cubos de jamón de cerdo, queso y mortadela junto a unos trocitos de cebolla, coliflor, zanahoria y pepinillos en su jugo, coronados con unas aceitunas surtidas… Una tentadora pichanga que me cierra el ojo y que sé que en el minuto en que le hinque el diente, me acompañará fielmente por al menos dos días, eso lo tengo claro. Y lo asumo.

Y en honor a ella, escribo estas líneas. Partiendo por la flor de pichanga que se mandó la Roja el jueves. Nuestra selección poco a poco le ha dado sentido a la palabra sobrevivencia, primero tras su triunfo ante Paraguay y esta semana, con sus tres goles ante la Vinotinto venezolana, la cual fue escoltada rumbo al estadio por una horda de motos de delivery. Es increíble cómo ha cambiado nuestro otrora pueblerino Chile, ese que se sorprendía ante el acento extranjero y que, sin excepción, nos obligaba a girar la cabeza para descubrirlo. Parece que hoy día todo es posible; si hasta estamos esperanzados con llegar a Qatar, cuando hace unos días era un sueño en colores.

La actualidad lo comprueba. Seguimos con la serie de los famosos retiros y en esta, su cuarta temporada, hemos sido espectadores de cómo algunos honorables del Senado han ninguneado al presidente del Banco Central, Mario Marcel, y de paso, se han metido al bolsillo al presidente de la Comisión para el Mercado Financiero, Joaquín Cortés. Es increíble cómo estos ilustres ningunean a los expertos, quienes no han hecho otra cosa que tratar de salvaguardar el mercado de capitales. No hay que ser sordo para darse cuenta de que el sistema ya está crujiendo y las posibilidades de que se quiebre son cada vez más ciertas. ¡Afírmate cabrito ante tal hecatombe!

Otro espectáculo, la acusación constitucional al presidente Piñera. ¿Qué les pareció el diligente y secular orden de la oposición para acercarse a firmar la acusación el miércoles? Tal como en una asamblea escolar, uno a uno, tras ser nombrado y ligado a su respectivo partido, implantó su rúbrica, con su consonante aplauso posterior… El show fue demasiado estudiado y me enoja tanto circo… Con todo lo que está pasando, esto solo viene a enturbiar nuestras republicanas elecciones de un par de semanas más.  Ojalá esta gente pudiera ponerse de acuerdo y ordenarse así de rápido para solucionarle los problemas reales que los chilenos estamos enfrentando. Ni hablar de la famosa “ley Celis”, la que pasó como avión por el hemiciclo con la idea de reponer las candidaturas impugnadas por el Tricel. ¡Esta ley tiene hasta nombre y apellido! Un verdadero descaro.

Pero sin duda, la pichanga más sabrosa de la semana vino de la mano de los debates presidenciales. El primer round fue el del lunes, el cual, además de pobre y con nulo contenido, estuvo contagiado de esa cargante y mala costumbre propia de los gringos, donde sacarse los trapitos al sol es casi como un deporte. Estoy viendo a Trump y Biden en esa bochornosa oportunidad en que ni uno ni el otro se dejaron hablar. Aquí lo menos que se discutió fue el futuro del país. Y lo de sabrosa viene porque, entre tanta lesera, vimos quién es quién en la cancha. Sin duda el más apaleado fue el candidato de Chile Podemos Más, Sebastián Sichel. Si hasta el periodista Daniel Matamala no perdió la oportunidad de pegarle un combo con su reportaje sobre el financiamiento de su campaña a diputado el 2009 al día siguiente. Me sorprende lo frágil de la memoria de los miembros la DC, quienes desconocieron olímpicamente su conexión con el hecho, siendo que eran ellos mismos los encargados de la campaña del entonces treintañero de apellido Iglesias. Sebastián, te recomiendo que sólo mires a nuestra selección, la que está empezando a revivir después de hacer el loco en los partidos anteriores. Se puede sortear la ola y seguir navegando. Toma aire y dale pa’ delante con tu objetivo de llegar a Palacio.

Efectivamente, las pichangas se jugaron toda la semana frente a nuestros ojos. Solo espero que la cosa se tranquilice un poco, porque es un error comer de esta maravilla en exceso, no hay estómago que aguante. Y lo digo con conocimiento de causa.

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