Estoy celebrando este 18 con harto entusiasmo. Y es que el año pasado ni asomé la nariz por la ventana siguiendo, obedientemente, las instrucciones del “fondéate en tu casa”, que nos obligó a encerrarnos entre cuatro paredes y celebrar banderita en mano solos frente al espejo. Este año estaba con el Kino acumulado de celebrar la independencia de nuestro Chile con chicha, asadito y empaná, aunque si no somos cuidadosos y le ponemos ojo a lo que está pasando en la Convención, capacito que sea la última vez que tengamos fiesta.

Y es que se me amarga el tiqui tiqui tí cuando me acuerdo de las decisiones que estos honorables tomaron esta semana. ¿Cómo no voy a ponerme pesimista viendo cómo se desconocen las reglas constitucionales previas, las mismas que le dieron vida a la Convención? Sí pues, ahora están pasando por alto una de las más importantes: la del quórum de 2/3 para aprobar o rechazar lo que se viene de aquí en adelante, después de capear la ola del Reglamento.

Y para ser bien franco, me sorprende poco lo que pasó en el pleno de la Convención durante la mañana y parte de la tarde del día martes. Una a una, se fueron votando las cuatro propuestas que regulan el funcionamiento del órgano, fijando que el articulado deberá ser aprobado por la mitad más uno de estos señores, es decir, por mayoría simple en términos leguleyos.

Los que se quedaron pagando (cosa que ya se está haciendo costumbre), son los valientes de Vamos por Chile. No les dieron ni bola con las indicaciones que presentaron para restituir el quórum establecido para normas constitucionales en la reforma que llevó a que este proceso viera la luz. Si la cosa sigue así dentro de la Convención, es bien poco lo que podrán aportar estos señores para definir la casa común… Bien frágil la memoria de algunos porque, una vez más, se les olvida para qué fue elegido un sector mayoritario del equipo.

La cosa es bien simple, si uno quiere un buen resultado, no puede estar cambiando las reglas del juego así nomás. Y la que la tiene bien clarita, es la buena de la Rosa. En estas fechas, ella me suele recordar que, para una buena empanada, las proporciones son claves: el pino debe tener 2/3 de carne y 1/3 de cebolla, eso además de, obviamente, prepararlo con paciencia, cariño y dejarlo reposar todo un día. ¿Se imaginan qué pasaría si no respetáramos la receta y le pusiéramos 1/3 de carne y 2/3 de cebolla al pino?  Fatal no más, la empanada nos torturaría con su olorosa compañía durante varios días.

Jugar con los quórums y no respetar lo acordado es grave. Muy grave. Lo que jamás debemos hacer es ningunear el artículo 133 de la Constitución –que nada tiene que ver con Carabineros de Chile– el que deja bien clarito que se deben “aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio”. ¡Por algo está escrito tan elegantemente! Es fundamental respetar nuestras normas y leyes, de lo contrario, les garantizo que la cosa se va a poner color de hormiga. ¿Quieren pruebas? Miren para el lado a nuestros vecinos latinoamericanos, donde con sus procesos constituyentes terminaron con destruir la representatividad de los electores y redactando una Constitución que no representa la casa de todos.

Lo he dicho un sinnúmero de veces, cuidemos lo que tenemos; está bien que se quieran cambios, pero tomar esta actitud refundacional nos puede llevar a un túnel oscuro e interminable. La empanada ha sido la favorita para celebrar las Fiestas Patrias por décadas, pero si le vamos a cambiar la receta una y otra vez, mejor que celebremos con una gorda palta mayo.

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