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Publicado el 20 de abril, 2019

Mauricio Rojas: Vox, la hora de la derecha radical llega a España

Director de la Cátedra Adam Smith de la UDD y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso Mauricio Rojas

Los que durante décadas sembraron vientos están hoy cosechando tempestades y no solo en Europa. Nada bueno augura esta dialéctica del radicalismo en la que la civilidad, el diálogo y la búsqueda de los consensos son sus primeras víctimas.

Mauricio Rojas Director de la Cátedra Adam Smith de la UDD y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso
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“La derechita cobarde” es la breve y contundente frase con la que Santiago Abascal, el líder de Vox, define al Partido Popular (PP), en el que militó durante 19 años. Su nuevo partido, Vox, se autodefine como una “derecha sin complejos” y hará su entrada triunfal en el Parlamento español este 28 de abril, después de un ascenso meteórico iniciado a fines del año pasado con las elecciones del 2 de diciembre en Andalucía, donde el partido, antes insignificante, obtuvo unos 400 mil votos o el 11% del total de sufragios y 12 diputados al Parlamento autonómico.

Abascal y su movimiento son los inesperados hijos de la banda terrorista ETA, del nacionalismo separatista catalán y vasco, del populismo vociferante de Podemos, del ataque a los valores tradicionales y la corrección política impuesta por el “progresismo”, de la inmigración irregular y de un Partido Popular (PP) que durante la época de Mariano Rajoy (2004-2018) se refugió en el silencio ideológico y la pasividad política frente al desafío separatista.

Ese es el cóctel contra el que se levanta Vox y que convoca a un número creciente de españoles que se declaran “en resistencia”, prestos a iniciar “la reconquista” de España, para usar los términos preferidos por Vox para definir su cruzada restauradora. Podrían también exclamar: “¡Make Spain great again!”, pero no sonaría muy castizo. Sus temas centrales son: la unidad de España, la recentralización de las funciones del Estado español, la supresión de las comunidades autónomas y la ilegalización de los partidos separatistas, la abolición de las “leyes ideológicas” sobre el género y la memoria histórica, la reivindicación de la historia de España (la de la reconquista y el imperio), las tradiciones (la caza y los toros) y el orgullo de ser español, la expulsión de los inmigrantes irregulares, la lucha contra el islam, la denuncia del carácter a su juicio opresivo de la corrección política y la oposición frontal al aborto y el matrimonio igualitario.

Abascal y su movimiento son los inesperados hijos de la banda terrorista ETA, del nacionalismo separatista catalán y vasco, del populismo vociferante de Podemos, del ataque a los valores tradicionales y la corrección política impuesta por el ‘progresismo'”.

La biografía de Santiago (“Santi”) Abascal resume bien el origen de Vox y el enfado de sus votantes cada vez más numerosos. Nacido en Bilbao, País Vasco, en abril de 1976, con un abuelo que fue alcalde de Amurrio, un pequeño pueblo de la provincia de Álava, bajo Franco y un padre que fue concejal y diputado por el PP, fuera de ser dueño de una tienda de ropa que en 1999 fue completamente quemada por los separatistas vascos afines a ETA. En otras palabras, Abascal creció y vivió bajo el terror “etarra” contra todo aquel que se opusiera al separatismo. Como él mismo ha dicho: “Yo no soy más que un chico de pueblo. Hijo de un señor del PP, nieto de otro señor que había sido alcalde con Franco a los que ETA intenta matar. A nosotros tres: abuelo, padre y nieto. Como si fuera una herencia familiar” (El País, 16/4/2019).

Ingresa al PP al cumplir los 18 años, se convierte en uno de sus militantes más destacados en el País Vasco y aprende a vivir con escoltas e ir armado. Las agresiones y los actos de acoso no lo amilanan, a pesar de que la familia Abascal es víctima de unos 80 incidentes de ese tipo entre 1981 y 2014. En noviembre de 2013 abandona el PP “profundamente decepcionado”. En una amarga carta dirigida a Mariano Rajoy, que por entonces presidía el gobierno español, le enrostra su “actitud pasmada y pasmosa”. Como informó el diario El Mundo del 25 de noviembre de 2013, Abascal dejaba el PP “con ‘tristeza’, pero con un crudo mensaje de denuncia, acusando a Rajoy y su cúpula de ‘secuestrar’ al partido, ‘traicionar’ sus ‘ideas y valores’; de no actuar contra ‘la corrupción que ha afectado al PP’; de ‘pisotear’ los Estatutos, y de ser ‘los verdaderos disidentes’ de una formación ahora ‘acartonada’ por su ‘implacable maquinaria’”.

El período inicial de Vox es difícil, recibiendo un mísero 0,23% de los votos en las elecciones generales de diciembre de 2015 y aún menos en las de junio de 2016, con apenas 47 mil sufragios. Pero las circunstancias estaban madurando para que germinara la semilla de una derecha radicalmente nacionalista y españolista”.

Un par de meses después, Abascal, junto con otros disidentes del PP, estaría entre los promotores de Vox, cuya presidencia asume en septiembre de 2014, año en que también publica su libro No me rindo: Sin miedo contra ETA y frente a la cobardía política. En él rememoraba su traumático recuerdo, a los ocho años, del asesinato por parte de los terroristas de ETA de su amigo Estanislao (“Estanis”), el cartero de Amurrio: “Han matado a mi amigo, han matado a mi amigo”, decía el pequeño Santi Abascal mientras iba llorando por los pasillos de su casa. El cartero Estanislao Galíndez, nos recuerda Abascal, “dejaba viuda, ocho huérfanos, montones de amigos y, por primera vez en 40 años, las cartas y paquetes del día sin entregar”. Lo acusaban de ser informador de la policía, el mismo cargo por el que cuatro años antes habían asesinado a su hermano Félix. Así se iría forjando el futuro dirigente de Vox y actual azote de “la derechita cobarde”.

Con Vox llega a España la ola nacionalista ya firmemente asentada en casi todo el resto de Europa. Los que durante décadas sembraron vientos están hoy cosechando tempestades y no solo en Europa”.

El período inicial de Vox es difícil, recibiendo un mísero 0,23% de los votos en las elecciones generales de diciembre de 2015 y aún menos en las de junio de 2016, con apenas 47 mil sufragios. Pero las circunstancias estaban madurando para que germinara la semilla de una derecha radicalmente nacionalista y españolista: la crisis catalana estallaba con el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y la efímera declaración unilateral de independencia de la República Catalana de fines de ese mes. De allí en adelante Vox se transforma en la alternativa para gran parte de la España cansada e indignada ante la amenaza a la supervivencia del país y a sus valores tradicionales.

Con Vox llega a España la ola nacionalista ya firmemente asentada en casi todo el resto de Europa. Los que durante décadas sembraron vientos están hoy cosechando tempestades y no solo en Europa. Nada bueno augura esta dialéctica del radicalismo en la que la civilidad, el diálogo y la búsqueda de los consensos son sus primeras víctimas.

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