Ensayos asuntos públicos es presentado por:
Publicado el 17 de diciembre, 2018

Mauricio Rojas: Panorama y desafíos de la inmigración

Director de la Cátedra Adam Smith de la UDD y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso Mauricio Rojas
El historiador Mauricio Rojas adelanta algunas reflexiones de su próximo libro, que tratará sobre inmigrantes y emprendimiento. "Chile tiene y seguirá teniendo una capacidad de atracción migratoria muy alta dentro de nuestra región, en especial cuando se cierran otros destinos migratorios en países más desarrollados. Sin embargo, ello no quiere decir que nuestra capacidad de absorción migratoria esté a la par", advierte.
Mauricio Rojas Director de la Cátedra Adam Smith de la UDD y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Pocos ponen en duda que Chile está atravesando una situación migratoria sin precedentes después de un largo período, iniciado con la Primera Guerra Mundial, durante el cual la proporción de inmigrantes disminuyó constantemente, alcanzando sus niveles más bajos en las décadas finales del siglo pasado. Según los censos de 1982 y 1992 menos del 1% de la población del país había nacido fuera de Chile, lo que difería fuertemente del porcentaje reportado por el censo de 1907: 4,1%. En contraste con ello, el lapso transcurrido desde inicios del nuevo milenio ha visto un desarrollo migratorio que no tiene paralelos en nuestra historia, elevando el porcentaje de inmigrantes en el total de la población de 1,2% en 2002 a 6,4% en 2017 o de poco más de 184 mil personas a cerca de 1,2 millones según las estimaciones del Departamento de Extranjería y Migración (DEM).

Todo indica, además, que esta cifra ha seguido y seguirá subiendo. Hacia fines de 2018 se puede estimar, usando como base el excedente de entradas en la relación a las salidas de Chile registrado entre enero y agosto, que se debería haber alcanzado un número de inmigrantes que supera 1,4 millones, con el grupo venezolano como principal motor de este incremento. Pero no se trata solamente de cambios respecto de las cantidades, sino también en lo referente al origen de los migrantes. Durante al menos un siglo, entre la década de 1860 y la de 1960, éstos fueron predominantemente de origen europeo, para luego experimentar un fuerte auge de las migraciones latinoamericanas que en 2017 llegaban a representar casi el 95% de los inmigrantes residentes en Chile.

A continuación ilustraré diversos aspectos de este desarrollo empezando, en los diagramas 1 y 2, con la evolución del número y el porcentaje de inmigrantes desde 1865 hasta 2017.

Diagrama 1

Evolución del número de inmigrantes (1865-2017, en miles)

Fuente: Elaboración propia en base a Lorenzo Agar (Migraciones externas en Chile), INE y DEM. *Estimación del DEM. **Censo 2017.

Diagrama 2

Evolución del porcentaje de inmigrantes (1865-2017)

Fuente: Elaboración propia en base Lorenzo Agar, INE y DEM. *Estimación del DEM. **Resultado del censo 2017.

Junto a este notable incremento cuantitativo tenemos el cambio, igualmente notable, en lo que se refiere a la procedencia de la inmigración. Esto es lo que se ilustra en el Diagrama 3, donde se observa fácilmente el desplazamiento desde una inmigración predominantemente europea a una de origen latinoamericano.

Diagrama 3

Composición de la inmigración por región de origen (%)

Fuente: Elaboración propia en base a L. Agar y CASEN 2017. *CASEN 2017.

El Diagrama 4 nos brinda información sobre el número de inmigrantes de los 11 grupos que según las estimaciones del DEM superaban las 10 mil personas en 2017.

Diagrama 4

Inmigrantes por país de origen (2017, en miles)

Fuente: Elaboración propia en base a DEM.

Para completar esta información es relevante referirse a la edad (que en gran parte refleja la antigüedad de la migración) y el nivel educativo de los inmigrantes. Esto es lo que se muestra en los diagramas 5 y 6, basados en los resultados de la CASEN 2017.

Diagrama 5

Edad promedio de los inmigrantes por país de origen (2017, en años)

Fuente: Elaboración propia en base a la CASEN 2017.

Diagrama 6

Años promedio de estudios por país de origen (2017)*

Fuente: Elaboración propia en base a la CASEN 2017. *Población de 15 o más años.

Los dos últimos diagramas ameritan algunos comentarios. El primero se refiere al nivel relativamente alto de educación de los inmigrantes comparado con el promedio chileno. Esto tiene que ver tanto con la selección positiva de los inmigrantes respecto del resto de los habitantes de sus países de origen como con la distribución etárea de las poblaciones comparadas, especialmente en cuanto la población nativa de mayor edad tiene promedios educativos significativamente inferiores al resto.

Sin embargo, lo más llamativo es la posición de los inmigrantes venezolanos en ambos diagramas. La juventud promedio del grupo refleja, en gran medida, lo nuevo de esta inmigración ya que, de acuerdo a las estimaciones del DEM, el 94% de los venezolanos residentes en Chile en 2017 habría inmigrado después de 2014 (en el caso de los haitianos se trata del 98,5%). Al mismo tiempo, los venezolanos exhiben –a pesar de su juventud– un nivel educativo comparativamente muy alto, ubicándose por sobre todos los grupos latinoamericanos y solo levemente por debajo de los inmigrantes estadounidenses y españoles. Esto indica que este grupo posee, en lo que respecta al capital humano, un alto potencial que aún no se ha realizado debido a lo reciente de su llegada a nuestro país.

Esta es, con toda probabilidad, la explicación del dato sobre los venezolanos que muestra el diagrama 7, donde se exhibe el porcentaje de personas ocupadas que en la encuesta CASEN 2017 indicó ser “patrón o empleador”, es decir, empresario.

Diagrama 7

Porcentaje de patrones y empleadores por país de origen (2017)*

Fuente: Elaboración propia en base a la CASEN 2017. *Población ocupada de 15 o más años. No se incluyen los estadounidenses por no disponerse de información al respecto.

Como se puede constatar, respecto del emprendimiento existen enormes diferencias entre distintos grupos de inmigrantes, ubicándose algunos considerablemente por sobre la media nacional y otros muy por debajo de la misma. En cuanto al bajo nivel que en este terreno exhiben los venezolanos es posible esperar un cambio muy significativo en el futuro tomando en consideración el potencial que indican sus años promedio de educación.

Estas son algunas de las características de los inmigrantes actuales, pero carecemos de información confiable sobre la dinámica interna que se da dentro de los diversos grupos de migrantes, es decir, sobre el capital social o étnico que se está formando y articulando en su seno, lo que es decisivo para poder hacer un diagnóstico sobre su futura evolución. Tampoco tenemos mucho conocimiento sobre las estrategias de adaptación y reconversión profesional que se están generando, ni sobre la existencia de una élite empresarial capaz de liderar las iniciativas económicas independientes creadas por los inmigrantes. En suma, estamos cognitivamente en penumbras y cualquier cosa que afirmemos respecto del futuro de los inmigrantes en Chile no pasa de ser una conjetura con un fundamento muy limitado.

Además sabemos, gracias a un gran número de estudios internacionales al respecto, que la suerte de los nuevos inmigrantes –y de los que vendrán– dependerá de la combinación de las características y dinámicas del grupo al que pertenecen con el contexto y la estructura de oportunidades que ofrece el país. Esta combinación será decisiva para determinar las estrategias de incorporación que predominarán en los distintos grupos de inmigrantes, pero también respecto de las reacciones de la población nativa frente a la inmigración en general y a ciertos grupos de inmigrantes en particular.

Un Chile con una economía estancada o de bajo crecimiento, con poca creación de empleo y salarios que no aumentan, sería lo peor que pudiese ocurrir desde ambos puntos de vista. Una situación de ese tipo bloquearía muchas posibilidades de integración y crearía una dura competencia por los puestos de trabajo y los recursos públicos que, con toda probabilidad, no tardaría en generar conflictos y una creciente demanda por imponer severas restricciones a la inmigración. Tanto la evolución económica como la creación de empleo que se han podido constatar recientemente son vigorosas, pero aun así es fácil detectar una preocupación creciente por la evolución del desempleo y los salarios, afectada en ambos casos por el fuerte incremento de la fuerza laboral que la migración  ha traído consigo.

En este sentido, cabe hacer una distinción importante entre la capacidad de atracción migratoria de un país y su capacidad de absorción de la inmigración de una manera que no genere marginación, fuertes conflictos y el riesgo de una reacción xenófoba. La primera está dada, básicamente, por el diferencial del ingreso per cápita entre el país receptor y el emisor de migrantes. Existen, por cierto, otros factores de importancia, como las políticas migratorias, la estabilidad social y el acceso a libertades civiles y políticas, pero los flujos migratorios siguen, en lo fundamental, las diferencias de bienestar material existentes entre distintos países.

A este respecto, caben pocas dudas de que el gran flujo migratorio reciente desde muchos países latinoamericanos hacia Chile tiene por base el exitoso desarrollo comparativo que nuestro país ha alcanzado, así como su estabilidad y sus libertades. En 2017, nuestro PIB per cápita, medido en paridad de poder adquisitivo, superaba en un 70% al de Colombia y en más de 80% al de Perú, más que doblaba el de Ecuador, triplicaba el de Bolivia, Guatemala y El Salvador, cuadruplicaba el de Honduras y Nicaragua, y era 13 veces superior al de Haití. En suma: Chile tiene, y seguirá teniendo en el futuro que podemos avizorar, una capacidad de atracción migratoria muy alta dentro de nuestra región, en especial cuando se cierran otros destinos migratorios en países más desarrollados.

Sin embargo, ello no quiere decir que nuestra capacidad de absorción migratoria esté a la par. Ese es el desafío que tanto la política de inmigración como de integración deben ser capaces de enfrentar, entendiendo que, en última instancia, es de la capacidad de absorción y el éxito de la integración de los inmigrantes que depende la regulación de los flujos migratorios. El precio de una capacidad de absorción desbordada no solo se paga en situaciones de marginación, conflictos sociales y demandas restrictivas en materia migratoria, sino que puede trastocar profundamente todo el escenario político, tal como lo hemos visto en una larga serie de países.

 

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: