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Publicado el 22 julio, 2021

Más empleo femenino, mayor riqueza para Chile

Vicepresidenta de REDMAD Maribel Vidal

Los resultados de la última encuesta Casen nos muestran la necesidad de planificar la reactivación con perspectiva de género, porque si logramos hacerlo podremos responder a problemáticas que son bastante más complejas que las cifras que las registran.

Maribel Vidal Vicepresidenta de REDMAD
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Los investigadores a nivel mundial se han dedicado años a demostrar que las mujeres cumplen un rol fundamental como promotoras del crecimiento económico de los países. Hace unos cincuenta años, de hecho, las autoridades de Noruega, preocupadas por su modelo de desarrollo hacia el futuro, definieron que el capital humano era su principal riqueza y, en ese contexto, tomaron acciones decididas para aumentar la fuerza laboral y el empleo femenino. De acuerdo a estimaciones del Instituto para la Investigación Social noruego (ISF), el ingreso de 1,2 millones de mujeres a la fuerza laboral entre 1972 y 2013 generó un impacto de 3,3 trillones de coronas noruegas en su Producto Interno Bruto (PIB).

Pongo sobre la mesa esta experiencia de Noruega -recogida por la delegación REDMAD en nuestra primera misión internacional, en donde este país fue uno de los destinos seleccionados- porque puede orientarnos frente al tremendo desafío que tenemos como país. La última Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) 2020, publicada a comienzos de julio, reveló una realidad que presentíamos: más de dos millones de personas hoy viven en situación de pobreza, como consecuencia de la pandemia, mientras que ochocientas mil lo hacen en pobreza extrema.

A nivel general, la pobreza asociada a los ingresos de los hogares subió desde el 8,6% del año 2017 al 10,8% en 2020. Las cifras nos muestran la dura realidad que están viviendo millones de personas como efecto de la crisis sanitaria, especialmente debido a su impacto en el mercado laboral, muchas veces informal y dependiente de los vaivenes económicos.

Si observamos más de cerca, nos daremos cuenta de que este aumento es bastante dispar entre los sectores de la población. Lejos el mayor crecimiento ocurrió en los hogares monoparentales –donde es más habitual contar con un solo ingreso–, los que suelen estar encabezados por mujeres. En este caso, un 15,2% se encuentra en situación de pobreza, según la encuesta, por sobre los hogares unipersonales (6%) y biparentales (9,2%).

Los resultados de la Encuesta Casen nos muestran la necesidad de planificar la reactivación con perspectiva de género, y de volver a poner en el centro del debate la participación de las mujeres como un pilar y motor para el desarrollo sostenible de las naciones. Si logramos hacerlo podremos responder a problemáticas que son bastante más complejas que las cifras que las registran.

Tener empleo crea más valor que solo obtener ingresos, dijo hace poco la economista Andrea Repetto. Sabemos que las mujeres postergadas del mercado laboral tienen mayor dificultad para encontrar trabajo en el futuro, por lo general reciben menores salarios y tienen otros problemas asociados a la salud mental y el estrés al interior de sus familias.

Si queremos una reactivación sostenible en el tiempo, debemos hacernos cargo de las brechas que enfrenta la mujer para trabajar y generar las redes de apoyo necesarias para que el país pueda contar con el 100% de su riqueza en su recuperación. El retroceso de 10 años en la participación de la mujer en el mercado laboral supone un desafío enorme como sociedad, y que si atendemos con fuerza y oportunamente, puede mejorar las condiciones de vida de cientos de familias que hoy se encuentran en situación de pobreza. Esto implica entre otras cosas, fomentar las industrias con mayor concentración de empleo femenino e implementar políticas de corresponsabilidad parental que sean efectivas.

Muchas empresas que están actuando de manera decidida para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), propuestos por ONU para el año 2030, ya están implementando políticas para permitir e impulsar la participación de la mujer en sus compañías. ¿Y por qué  lo hacen? Porque son empresas que han comprendido que la incorporación de la mujer es palanca para cumplir muchos otros ODS, entre ellos la superación del hambre y la pobreza, otro de los dolores que afecta a Chile.

Como líderes tenemos el desafío de concentrar nuestros esfuerzos en este desafío, conciliando posturas diversas y tendiendo puentes de colaboración entre  el Estado, el mundo privado y la sociedad civil. El empoderamiento económico de las mujeres es un buen negocio, y experiencias internacionales como la de Noruega, lo demuestran con creces.

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