Columnas de opinión es presentado por:
Publicado el 30 de enero, 2019

Martín Bruggendieck: De por qué no es fácil… botarlo

Filósofo y escritor Martín Bruggendieck
La permanencia de Maduro “en el poder” es indispensable para evitar el desenmascaramiento de sus “compañeros revolucionarios bolivarianos”. El llamado del presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, a las FF.AA. ofreciendo amnistiar a aquellos de sus integrantes que se rebelen y “protejan” al sufrido pueblo venezolano podría ser contraproducente, peligroso.
Martín Bruggendieck Filósofo y escritor
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

Los acontecimientos venezolanos inducen a una ingenua simplificación. Entre “el usurpador” Maduro y el presidente interino Juan Guaidó hay un abismo donde habitan monstruos. El chavismo, ese tropicaloide socialismo a la medida que mancilla la historia y corrompe la figura del libertador Bolívar, es más que sólo una amenaza para la democracia latinoamericana: es la punta de un témpano cuyas dimensiones ocultas sólo pueden verse cuando se ha renunciado a la ingenuidad.

El fenecido Presidente Chávez, hijo predilecto del gran exportador cubano de violencia y desgracia, surgió en medio de una tormenta política azuzada por un sector militar venezolano que prestamente rebautizó a la defensa del país como “fuerzas armadas bolivarianas”. En este minuto los países libres del mundo apuestan a la rebelión de lo que piensan es el “otro” sector de esas fuerzas, principalmente los mandos medios y tropa. Lo concreto es que las cúpulas militares venezolanas sostienen más su propio poder que el del Sr. Maduro, su títere demagogo, al que dejarán caer si fuese necesario para la protección de sus vastísimas prebendas y poder financiero.

Dichas fuerzas, cuyo número es inestimable por el secretismo cupular, administran la totalidad de las aristas lucrativas de la administración pública venezolana. Bien saben los gobiernos de Washington, Brasilia y Bogotá lo que se fragua tras las bambalinas maduristas, como también lo saben los sectores internacionales que, sabiendo, sí respaldan al régimen chavista: nada menos que el mayor cártel narco nunca habido.

Maduro se ha ido pareciendo cada vez más al ejecutado Saddam Hussein, por lo que bien podría considerarse parte del “eje del mal”.

El tráfico de material bélico es otra de sus lucrativas fuentes de ingreso: beneficiarios son, entre otros, las narco-guerrillas de Colombia, como el ELN y la casta narco de las FARC, que fabrican las drogas y las exportan vía Venezuela a través de la cúpula militar regente, respaldada por los poderosos narcos cubanos y rusos (no olvidemos la poderosísima “mafia rusa”), ocultándose tras la pesada cortina de humo socialistoide, con sus numerosas ramificaciones “revolucionarias” en países latinoamericanos, donde fomentan inclementes su penetración disruptiva a través de, por ejemplo, levantamientos indígenas (Chile, Brasil, Colombia, América Central). Maduro se ha ido pareciendo cada vez más al ejecutado Saddam Hussein, por lo que bien podría considerarse parte del “eje del mal” (que me perdonen los detractores de G. W. Bush), aunque a diferencia de Saddam no era tanto un monigote de fuerzas subterráneas, aunque también descansaba en una jerarquía militar inescrupulosa.

Las FF.AA. venezolanas dominan todas las industrias aún productivas y son capaces de inducir un baño de sangre para retener su omnímodo poder.

La permanencia de Maduro “en el poder” es indispensable para evitar el desenmascaramiento de sus “compañeros revolucionarios bolivarianos”. El llamado del presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, a las FF.AA. ofreciendo amnistiar a aquellos de sus integrantes que se rebelen y “protejan” al sufrido pueblo venezolano podría ser contraproducente, peligroso. Su resultado puede ser no más que el intento de tapar el sol con un dedo. Las FF.AA. venezolanas dominan todas las industrias aún productivas y son capaces de inducir un baño de sangre para retener su omnímodo poder. Al presidente interino hay que reconocerle su valentía y enorme coraje. Es de suponer que conoce el lecho de brasas que pisa. Si el chavismo no lo elimina será por mero cálculo estratégico. La presión política internacional (excluyamos a la ONU, aunque suene hereje) va in crescendo y las medidas tomadas van en la dirección correcta. Pero el enemigo es monstruoso.

Venezuela actual es mucho más que una desagradable dictadura socialista, es el país líder del narcotráfico global, cuyos medios financieros ilícitos financian el terrorismo islámico y toda suerte de connatos rebeldes extremos en el mundo.

La cúpula política (si así se la puede llamar) venezolana, dominada por Diosdado Cabello -el poderoso titiritero impedido de abandonar el país junto a su esposa y alrededor de otros 100 secuaces narcos venezolanos, todos en el ojo de la DEA norteamericana-, ha acumulado una fortuna personal muy superior a lo que puede siquiera imaginarse, que lejos excede aquella del ejecutado colombiano Escobar -esto según fuentes autorizadas- y está casi al nivel del sátrapa nicaragüense Ortega y su mujer. Hay que conocer al enemigo: Venezuela actual es mucho más que una desagradable dictadura socialista, es el país líder del narcotráfico global, cuyos medios financieros ilícitos financian el terrorismo islámico y toda suerte de connatos rebeldes extremos en el mundo.

El madurismo invoca la “soberanía nacional” para evitar la “intromisión” del mundo libre y sus diversos representantes. El colmo de la paradoja es que Venezuela es hoy por hoy un país invadido: cubanos incontables, extremistas y narcos de toda suerte que se ocultan a su amparo, grupos terroristas como el palestino Hezbolá. No se trata de ver conspiraciones ni de inflar globos abstractos. Pero la cruda verdad es que la Venezuela del presente alberga una conspiración contra la libertad del más alto nivel. No sólo política: 12.000 toneladas de cocaína anuales exportadas a través del país son un arma letal contra Occidente. Nuestra indefensa democracia está en la mira. Resuena la frase de Lenin: “El fin justifica (todos) los medios”. En este punto es donde se abrazan el socialismo duro con el narcotráfico y sus malignos réditos. Sembrar el mundo con polvo blanco es una estrategia. Nadie mejor que Atahualpa lo profetizó hace 500 años cuando los españoles lo condenaron a muerte: “La diosa blanca acabará con ustedes”.

 

FOTO:XINHUA/AGENCIAUNO

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más