Ensayos asuntos públicos es presentado por:
Publicado el 24 de agosto, 2019

Martín Bruggendieck: BRICS y la disputa comercial global

Filósofo y escritor Martín Bruggendieck

Como los gallitos entre países mayores hacen olvidar las periferias, éstas adquieren cierta libertad para urdir sus propias tramas y sacar ventajas a la sombra de los “grandes”. La disputa comercial entre Estados Unidos y China ha permitido el desarrollo de interesantes instancias, como aquella de la BRICS.

Martín Bruggendieck Filósofo y escritor
Recibe en tu correo Lo mejor de la prensa
Suscribirse

En una columna de reciente publicación, Hernán Büchi se refiere acertadamente a lo que define como “disputa comercial” entre China y los Estados Unidos, evitando el trillado término de “guerra comercial” entre las dos grandes potencias económicas del mundo. Nuestro irreductible olvido de la historia suele llevarnos a acuñar términos tan exagerados como engañosos. Vale recordar guerras comerciales como aquella que involucró a Roma y Cartago hace más de dos milenios o la medieval entre Génova y Venecia; no olvidemos tampoco los incesantes ataques de los corsarios ingleses contra los galeones españoles en los siglos XVI y XVII, parte de una genuina guerra comercial entre las dos grandes potencias occidentales de la época, que Chile debió pagar con sangre y destrucción cada vez que los corsarios nos ponían en la mira de sus incursiones (los fuertes de Valdivia dan testimonio de las defensas construidas por los españoles contra estos actos).

Los gallitos entre Washington y Beijing amenazan a numerosas economías contemporáneas por lo intrincado de la globalización económica, social y medial, pero están muy lejos de amenazar con la guerra “final”. Obviamente hay peones delegados en este juego de poder, como la Corea de Kim o el lío de Hong-Kong, las disputas árticas, etc. Son numerosas las economías que, como la chilena, se hallan comprimidas entre los intereses globales de las dos grandes potencias, intereses que a fin de cuentas apuntan más que nada a la construcción de una hegemonía global ideológico-filosófica, es decir, a una visión antropológica: la forma de concebir al ser humano y su sistema de relaciones. En cuanto a los dolores económicos mundiales, la pugna entre las dos superpotencias se verifica hoy por hoy en el contexto de las reglas del capitalismo como régimen económico “universal”. Pocos diputan ya su validez, a excepción de algunos campeones como Venezuela, Corea del Norte o ciertos “estados fallidos” africanos.

Como los gallitos entre países mayores -y también los personales entre líderes de porte mundial- hacen olvidar las periferias, éstas adquieren cierta libertad para urdir sus propias tramas y sacar ventajas a la sombra de los “grandes”. La disputa comercial grande ha permitido el desarrollo de interesantes instancias, como aquella de la BRICS.

El origen del acrónimo BRIC, que data de 2001, se debe al economista Jim O’Neill, de Goldman Sachs, quien lo acuñó para agrupar a los principales mercados emergentes (Brasil, Rusia, India, China y posteriormente Sudáfrica), aunque estos países no asumieron la idea oficialmente hasta 2008. Después de la reunión inicial en Nueva York en 2001, los ministros de relaciones exteriores de las naciones del grupo se encontraron numerosas veces, incluyendo la decisiva reunión en Ekaterinburgo (Rusia), el 16 de mayo de 2008. La declaración emanada de esta última formuló enfoques comunes a temas importantes de la agenda internacional.

En diciembre del 2010, los cuatro países acordaron la incorporación de Sudáfrica al mecanismo de los BRIC, así que en la actualidad al acrónimo BRIC se le suma la S por el país africano.

Los lazos entre las naciones del grupo se profundizaron aún más tras los encuentros de los ministros de Hacienda del grupo en Sao Paulo (Brasil) el 7 de noviembre de 2008 y después en Londres (Reino Unido) el 13 de marzo de 2009. En esas reuniones se aprobaron declaraciones conjuntas que reflejaron puntos de vista comunes sobre problemas económicos mundiales. Por iniciativa de Rusia, los líderes de las naciones del grupo sostuvieron otra breve conferencia el 9 de julio de 2008 en el marco de la cumbre del G8 de ese año, celebrada en Japón, para acordar una reunión a gran escala de las naciones BRIC. En diciembre del 2010, los cuatro países acordaron la incorporación de Sudáfrica al mecanismo de los BRIC, así que en la actualidad al acrónimo BRIC se le suma la S por el país africano.

Dichas conferencias se han repetido a lo largo de todos estos años. La próxima cita del organismo es en 2020, en Brasilia. Goldman Sachs argumenta que el potencial económico de Brasil, Rusia, India y China es tal que podrían convertirse conjuntamente en la economía dominante hacia el año 2050. Estas cuatro potencias acogen nada menos que al 40% de la población del mundo y descuellan como economías en permanente ascenso, impulsadas por una clase media en sostenido proceso de expansión, un crecimiento superior a la media global, vislumbrándose así como los potenciales herederos del poderío económico hoy limitado a los miembros del llamado G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá). ​

Para acercarnos un poco más al punto caliente de la llamada guerra comercial, no se puede soslayar que China es el músculo de los BRICS. Para Pekín, este bloque tiene una gran utilidad como plataforma para participar en la cogestión de los asuntos globales y sirve de punto de apoyo para un polo de poder internacional que todavía no salta a un primer plano.

Tal como se evidenció desde la cumbre BRIC de Ekaterimburgo en adelante, Rusia apadrina una agenda internacional de sumo interés, especialmente por el hecho de apuntar a una reforma de las instituciones financieras internacionales. El sentimiento y la percepción de exclusión de importantes centros de decisión política y económica mundial favorecen la amalgama esencial de sus intereses.

China, por su parte, apuesta por los BRICS como instrumento capaz de traducir a términos políticos el peso económico de los países del bloque. Pareciera que entre los proyectos que tiene entre manos estaría la puesta en marcha de un mecanismo de reserva de monedas extranjeras así como de un banco propio de los BRICS. La arquitectura financiera internacional sigue dominada por EE.UU. y Europa. Mientras las instituciones de Bretton Woods muestran su incapacidad para adaptarse a la nueva realidad, los países emergentes buscan alternativas para la gobernanza económica mundial. Una de las claves de la apuesta china por los BRICS guarda relación con la intención de reducir paulatinamente la dependencia del dólar como moneda rectora de los intercambios. Desde la segunda cumbre de Brasilia (2010) se han dado pasos significativos en esa dirección, aunque se trata de una transición compleja que necesariamente será lenta. Los acuerdos monetarios regionales, o aquellos para comerciar en las respectivas monedas, constituyen iniciativas de cooperación intra-BRICS de gran significación, capaces de incrementarse en los años venideros. La respuesta a un dólar más fuerte, a monedas devaluadas y a la fuga de capitales se esboza como una asociación económica más estrecha y una cooperación monetaria más intensa. Ninguno de ellos pasa por alto que los países que han desafiado el dominio del dólar han sido objeto de presiones desestabilizadoras.

Los primeros meses de la llamada guerra comercial han puesto de manifiesto que ésta afecta más a EE.UU. que a China.

En este contexto, el acuerdo de creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) en Durban, Suráfrica, en 2013, es inseparable de los acuerdos monetarios, la extensión de facilidades de crédito en moneda local bajo el Mecanismo de Cooperación Interbancaria de los BRICS y del Acuerdo de Facilidades de Cartas Multilaterales de Crédito entre los bancos de desarrollo y de financiación del comercio exterior de los países integrantes. Estas medidas sientan las bases no sólo de un distanciamiento progresivo del dólar sino también de la potenciación del comercio exterior intra-bloque.

Por otra parte, los primeros meses de la llamada guerra comercial han puesto de manifiesto que ésta afecta más a EE.UU. que a China, puesto que no se puede medir sólo en términos cuantitativos sino necesariamente en otros cualitativos: lo que China exporta a EE.UU. es tecnología de punta, componentes para instrumental de alto nivel, mientras que lo que exporta EE.UU. a China son, entre otros, alimentos y electrodomésticos, mercancías que pueden ser sustituidas en un plazo determinado. Por eso, en términos de calidad de la confrontación, el resultado está siendo más favorable para China. Además, el país norteamericano parece avanzar hacia una elevada inflación y un creciente endeudamiento que, de mantenerse, puede llevar a una recesión, algo bastante desfavorable para el Presidente Trump en un año preelectoral.

¿Nueva guerra fría?

¿Qué diferencia a la antigua guerra fría de la actual “guerra” sino-norteamericana? El dilema oculto tras el escalamiento mutuo de los aranceles de importación es que no se trata únicamente de líos comerciales entre dos gigantes. En Washington, representantes de los dos principales partidos políticos –y no sólo del Republicano- son de la opinión que entre los EE.UU. y China ha comenzado a desarrollarse un conflicto estratégico que lejos excede lo económico. Las dimensiones económicas y la correspondiente influencia en ese terreno son tan sólo una faceta del “gran conflicto”. Bajo éste se oculta la carrera tecnológica (especialmente en lo relativo a la IA), así como una renovada carrera armamentista. A la luz de esta lectura, tras las demandas del Presidente Trump para que los conglomerados industriales norteamericanos produzcan más en territorio de los Estados Unidos se oculta la búsqueda de una reducción de la dependencia mutua entre ambos gigantes. Los expertos en ocasiones avanzan un paralelo con la clásica guerra fría, cuando los Estados Unidos y la URSS no tenían en la práctica relación comercial alguna.

Expuestos los datos, insertémoslos en nuestra condición de país “en desarrollo”, puesto que aterrizando la realidad debemos esforzarnos más que mucho para llegar a la otra orilla. Chile es especialmente vulnerable debido a su dependencia casi absoluta de las exportaciones de commodities y un todavía limitado volumen de agroalimentarios. El mundo entero parece temblar al asomarse el fantasma de la recesión por sobre todos los horizontes. La globalización comercial ha acelerado el intercambio de bienes y servicios a niveles sin precedentes, y con eso la interdependencia. Por tanto, la lucha contra la globalización comercial es batalla perdida, con todo lo que duela. Hoy por hoy reinan su majestad Internet y las redes sociales. Algo ya irreversible. Ahora bien, ¿qué hay en lo político?

La comprensión liberal de la democracia parece no satisfacer ya a la mayoría de las sociedades contemporáneas en un mundo crecientemente globalizado. ¿Está en crisis el liberalismo occidental o es la democracia tal como nos hemos acostumbrado a entenderla aquello que nos ha precipitado en un malestar no sólo cultural sino que también relativo a la civilización misma? ¿Se habrá equivocado el camino o se estará presenciando una transformación profunda? Al respecto se debate en todo el mundo, incluso con encono. Las dificultades económicas parecieran ir de la mano con un desencanto general respecto de la política democrática. Uno de los diagnósticos sobre la mesa es que la política y sus profesionales, “los políticos”, no estarían “dando el ancho”, que los cambios traídos por la globalización comercial y las nuevas tecnologías de la comunicación e información sobrepasan sus capacidades. Hay buenas razones para pensarlo. La transformación inminente de las sociedades adscritas al capitalismo y a la civilización que llamamos, con derecho, “occidental” es de alcances imprevisibles.

Por otra parte, la civilización más lejana a la nuestra, la islámica, tiene una organización política radicalmente distinta, que en nuestra perspectiva calificamos de dictatorial o teocrática. El dilema demorará bastante en resolverse. Los conflictos que hoy por hoy amenazan con guerras son en su mayoría conflictos por delegación, válvulas de escape para las gigantescas tensiones que ya no se pueden resolver mediante guerras totales o mundiales. Hay consenso entre las potencias de que semejante evento, imposible de resolver sin el armamento nuclear, acabaría con la vida humana toda. Las guerras del futuro se librarán mediante el jaqueo electrónico, la destrucción de los satélites comunicacionales e incluso de la Internet. El resto quedará en manos de las cada vez más sofisticadas fuerzas de comandos aerotransportados. La guerra del futuro será básicamente una “guerra inteligente”. El resultado interesante de esta condición planetaria es la aparición cada vez más marcada de una nueva “superarma”: la presión económica. El bloqueo, la congelación de cuentas, los embargos y la manipulación incesante de los aranceles duelen, pero no matan.

¿Qué puede tener que ver el grupo BRICS con esto último? Lo más probable es que la presión de los EE.UU. sobre China tenderá a disminuir, especialmente en consideración a que la superpotencia asiática lidera esta nueva constelación. Si el dólar como moneda de cambio mundial es reemplazado, al menos en parte, por el yuan o lo que fuera, el liderazgo norteamericano sufriría serias amenazas. De esta potencial crisis sobrevendrán nuevas amenazas para los países de poco desarrollo industrial, tecnológico y, sobre todo, científico. Las redes científicas son actualmente universales, el conocimiento es compartido –al menos en apariencias- pero la creación científica en los países al margen de las potencias secundarias es escasa. El atraso fundamental del mundo en desarrollo se debe a su bajo nivel educacional, tanto escolar como superior. Y al parecer ese dilema se ahoga aquí y allá en refriegas políticas y una escasísima voluntad política.

En Chile hay cierta conciencia al respecto, pero la ideologización parece ganar permanentemente la mano. Y se trata nada menos que de un ciclo vicioso: los carentes de visión de futuro son víctimas de su deficiente formación y ésta es a su vez causada por la falta de visión de quienes debieran impulsar su puesta al día. Y eso produce atraso y pobreza. Chile ha buscado incesantemente integrarse a numerosos organismos internacionales, tanto comerciales como políticos. Pero infortunadamente aquellos con residencia latinoamericana dependen en exceso de los vaivenes políticos. Y en aquellos arraigados en el mundo desarrollado es difícil hacerse valer cuando se está en pañales. Una cosa son las buenas intenciones y otra, los efectos reales.

Debemos estar atentos al desarrollo del grupo BRICS, tampoco exento de problemas. Interesante resulta observar que casi todos los países que lo integran son gobernados por “hombres fuertes”. Y el último en llegar, Sudáfrica, está profundamente amenazado por graves problemas internos, consecuencia del sostenido alejamiento de este país de principios y políticas que fueron capaces de terminar con su sistema de “apartheid”: las cosas se están invirtiendo. La población de color se ha tornado “racista”, en el sentido de que acosa con creciente ímpetu al 8% de población blanca que aún queda en el país, que es precisamente el motor de su economía y de su desarrollo científico, tecnológico y económico. Hay que estar atentos.

Las columnas de Opinión son presentadas por:
Ver más

También te puede interesar: