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Publicado el 13 de febrero, 2020

Marta Canto y Juan Pablo Glasinovic: El arte de pactar y generar acuerdos en el contexto actual de Chile

Licenciada en Ciencias Políticas y Administrativas y abogado Marta Canto y Juan Pablo Glasinovic

El grave problema es que en estos días hay políticos que individual o colectivamente reniegan de la política y buscan imponer sus fines por la fuerza, directamente o dejando actuar a los violentistas con quienes comulgan el mismo credo.

Marta Canto y Juan Pablo Glasinovic Licenciada en Ciencias Políticas y Administrativas y abogado

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Como sabemos, la política es el “arte de lo posible”. Esa definición conlleva el diálogo y la negociación para alcanzar un propósito que satisfaga en alguna medida a las partes involucradas. Lo contrario es la imposición por la fuerza.

En el revuelto contexto actual, la política es más necesaria que nunca. La alternativa es la destrucción y violencia que desgraciadamente vemos casi a diario en nuestras ciudades, y que podría escalar aún más. Sin embargo, el grave problema es que en estos días hay políticos que individual o colectivamente reniegan de la política y buscan imponer sus fines por la fuerza, directamente o dejando actuar a los violentistas con quienes comulgan el mismo credo. Afortunadamente, hay otros políticos conscientes de su rol y responsabilidad, frente a una ciudadanía que mayoritariamente quiere vivir en paz y democracia.

Estos últimos están poniendo en práctica la política en muy difíciles circunstancias y están buscando acuerdos para salir del peligroso contexto en el cual nos encontramos. ¿Cómo, con quiénes y cuándo se deben dar estos diálogos? ¿Cuáles son los consensos que hay que privilegiar? Estas preguntas no son menores en el escenario actual, cruzado simultáneamente por varias demandas y situaciones complejas, como la agenda de reformas sociales, un proceso electoral para definir una nueva Constitución Política para Chile, el hasta ahora fallido intento de restablecer el orden público y la búsqueda de la paz, respetando el acuerdo firmado el 15 de noviembre por la ex Nueva Mayoría y Chile Vamos, del cual se excluyeron el Partido Comunista y buena parte del Frente Amplio.

El Presidente de la República hizo un llamado a generar un nuevo acuerdo en contra de la violencia, para poder permitir un entendimiento que nos permita abordar en conjunto los problemas que nos aquejan como sociedad, reforzando el sistema democrático.

Creemos que el desafío para todos los partidos políticos está en distinguir con quiénes se sentarán en la mesa a la hora de generar acuerdos y pactos y para qué materias. Esto supone un orden interno básico, comprendiendo que todos están en igualdad de condiciones para encauzar el proceso sin tropiezos, contribuyendo de manera responsable y fundamental en este nuevo escenario. Para ello, es vital la buena fe en el cumplimiento de los acuerdos respecto de todos los involucrados, y, por supuesto, la convicción democrática. Más aún, supone mirar y repensar en perspectiva nuestro sistema político y sus prácticas, buscando un cambio de paradigma para una nueva coalición en torno a un concepto humanista, democrático y reformista, con sus propuestas para la nueva etapa que está enfrentando el país y su proyección para las próximas décadas.

Hoy, si se analiza en profundidad los diálogos que se han iniciado, observamos que no se ha logrado plasmar un nuevo alineamiento de fuerzas que pueda constituir mayoría y dar gobernabilidad al país. Parte importante de la derecha está por el statu quo, atenazada entre un ala más extrema que llama a rechazar la alternativa de una nueva constitución y una izquierda dura que quiere desmantelar todo el modelo que ha regido en Chile por décadas y cuyos representantes son los vándalos en la calle. Por el lado de la izquierda moderada, no ha podido asentar un relato y conducir el proceso del 18/O, estando la mayor parte del tiempo subordinada a las acciones del PC y del FA.

Los sectores moderados, tanto de la derecha como de la izquierda, deberán tener claridad con quién(es) llegará a determinados acuerdos o pactos, con una mirada que debe trascender los cálculos meramente electorales. Es importante resaltar que la crisis del 18/O tiene al menos, tres hechos fundamentales: 1. una crisis de legitimidad y desconfianzas en las principales instituciones del país; 2. un debilitamiento de las promesas meritocráticas y una sensación de trato injusto y, 3. la legitimación de la violencia por ciertos actores como motor de cambio. Es evidente que el desafío que imponen estos elementos requiere repensar la política de alianzas y la constitución de sólidas mayorías.

La pregunta que se abre, entonces, es cómo un proyecto político humanista, reformista y moderado se puede hacer cargo de aquellos que han quedado atrás en el desarrollo y, a la vez, de los sectores medios que han surgido al alero de la modernización de Chile. Pero además del alto nivel de exigencia de la tarea por emprender, surge una segunda pregunta: ¿cómo hacerlo considerando la seria descomposición en que están sumida la política partidaria y las instituciones en general?

Debemos avanzar hacia los acuerdos necesarios buscando una mayoría estable para el difícil camino que nos espera. Para eso se requiere de una serie de ingredientes, partiendo por una buena dosis de humildad para cultivar la amistad cívica y aceptar que todos pueden aportar. Es también indispensable renovar elencos y dirigencias políticas e institucionales, buscando una mayor conexión con la sociedad, de manera de hacerse cargo de una ciudadanía más demandante, descreída, distante, hostil y mucho más líquida. Solo una mayor y real interacción con los ciudadanos reivindicará la labor política y generará las bases para reconstruir una comunidad tolerante y además la convicción de que juntos, con moderación y gradualidad, avanzaremos hacia un país mejor, en oposición a la radicalización del todo o nada.

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