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Publicado el 24 de diciembre, 2015

Marco de humo

Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD Alberto López-Hermida
Buena parte de sus piezas audiovisuales del 2009 jugaron inteligentemente con el concepto de “marco”, haciendo alusión lógicamente al nombre del candidato, pero también a la idea de que su propuesta rompía con los encuadres tradicionales de la vieja política a la que él mismo tildaba de poco trasparente y turbiamente financiada, entre otros vicios.
Alberto López-Hermida Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD
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La imagen es la siguiente: en pantalla se ve una pieza de arte moderno colgada de un muro. Una voz femenina consulta por su precio y pregunta si ésta viene con el marco incluido. Una voz masculina contesta tajante: “No, el marco no se vende”. La escena corresponde a una secuencia de uno de los spots de campaña de Marco Enríquez Ominami el 2009.

Para quienes sufrimos la patología de estudiar y analizar una y otra vez las campañas electorales de los candidatos nacionales e internacionales, ganadores y perdedores, hay un placer casi morboso cuando un evento noticioso trae a colación promesas y puestas en escena realizadas tiempo atrás en campaña, pero más aún, cuando la actualidad termina por resquebrajar la idea central que un candidato intentó instalar en el electorado. Eso es lo que diferencia, finalmente, a los candidatos que se muestran como una alternativa política de los que sin más se venden de igual modo que un cepillo de dientes.

Para su primera campaña presidencial, Marco Enríquez-Ominami se mostró como una opción desencantada de la política tradicional y como un díscolo que quería traer aire fresco y de cambio al país. Sus spots electorales, en esa línea, combinaron quirúrgicamente esa imagen de joven promesa que era capaz de hablar con seriedad ante la cámara y, a la vez, un personaje lúdico que quería desmelenar la campaña electoral tradicional chilena.

Buena parte de sus piezas audiovisuales jugaron inteligentemente con el concepto de “marco”, haciendo alusión lógicamente al nombre del candidato, pero también a la idea de que su propuesta rompía con los encuadres tradicionales de la vieja política a la que él mismo tildaba de poco trasparente y turbiamente financiada, entre otros vicios.

Asimismo, en esos spots MEO apareció en pantalla en 10 ocasiones junto a un supuesto investigador que lo sometía a diferentes pruebas para demostrar “científicamente” las virtudes del díscolo candidato. Por ejemplo, tras recibir una bofetada, se comprobó que “Marco es de verdad y es sensible”; tras esquivar un segundo golpe, se confirmó que “Marco aprende”; y tras levantar ambas piernas por sobre su cabeza, que “Marco es flexible”. Similares “pruebas” demostraron que “Marco atrae a la gente”, “Marco no se queda pegado” y “Marco es transparente”, entre otras virtudes.

En los últimos días de 2015 ese marco –y ese Marco– ha terminado por romperse. La última encuesta CEP demostró que a los chilenos ya no les convence su oferta y, tras declarar ante el Ministerio Público por irregularidades en el financiamiento de sus campañas, se confirma que el progresista se mantuvo enganchado a esas prácticas que él mismo criticó con fuerza y que le hacen perder toda aureola de transparencia.

Si algo llega a quedar de ese marco, terminará por borrarse en los meses de paseos por tribunales que vienen por delante y, sea cual sea el desenlace judicial, electoralmente sólo queda dar un paso al costado.

El marco de Marco terminó siendo humo.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE / AGENCIAUNO

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