Se acercan las elecciones y eso per se constituye una excelente noticia para los chilenos, pues nos dará la oportunidad de decirle fuerte y claro a aquellos políticos que se auto arrogan la representación y la interpretación de los deseos del pueblo, qué queremos. Hoy, como nunca desde el retorno a la democracia, lo que está en juego son dos visiones de sociedad que difieren bastante entre ellas. Por un lado, están quienes valoran el indesmentible avance de Chile en los últimos 30 años, y por otro, candidatos como Boric, que abrazan y defienden ideologías que han traído miseria y falta de libertad en todos los países donde han logrado ser gobierno.

Y no se engañe, en el caso de ser Boric el electo, lo mejor que podría ocurrir es que sigamos los pasos de Argentina. En 1990 Argentina tenia un ingreso per cápita 50% por sobre el chileno; hoy nuestro país, gracias a políticas públicas serias y moderadas, supera a los argentinos. La pobreza hoy en Argentina es a lo menos 3 veces más que Chile, algo impensable en 1990. Chile cuenta con el salario mínimo más alto de la región, mientras nuestros vecinos están más cerca del final de la tabla, y ni hablar de la inflación, el impuesto a los pobres, que en el caso de Argentina llega al 50% anual.

Así es que, cuando asista a las urnas, no olvide que estará eligiendo entre un Chile con todos sus defectos y problemas urgentes por superar, o elegir refundar nuestro país con la promesa de jóvenes inexpertos, algo bobalicones, que aún creen que el apoyo de los comunistas les será funcional y no entienden que el PC hará lo que está acostumbrado a hacer, esto es, apoderarse del gobierno y someter al pueblo a la tiranía de la pobreza y falta de libertad. Si aún no cree, lea y escuche lo que sostienen algunos frenteamplistas, cuyo candor e ignorancia hacen evidente lo que dijera Martin Luther King, un rey de la democracia y de los más vulnerables: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Una buena parte de nuestra clase política, tanto en la derecha como en la izquierda, y casi todos en la izquierda radical, han caída bajo el influjo obsesivo del triunfo electoral, y han abandonado el principio más básico de la democracia, la de entender que su pega es mejorar el bienestar de los chilenos, sobre todo el de los más débiles. Pero no, ahora para ciertos políticos el vandalismo y el saqueo son herramientas legítimas de protesta, y a los tunantes que las cometen hay que amnistiarlos por la paz social. No entienden, que la verdadera paz social se construye haciendo cada vez más potente y visible la relación entre trabajo duro y recompensa justa, no debilitándolo.

Cuando concurra a sufragar, y espero que muchos lo hagan, no vote por el más popular, no le dé su voto al que le ofreció muchos retiros desde sus ahorros en las AFP, pues ese solo utilizó su dinero de la jubilación para hacerse popular. Tampoco le dé su voto a los que buscan la libertad de vándalos y saqueadores, y menos a los que quieren “parlamentar” con narcoterroristas con fusil en mano. Más bien entréguele su apoyo al que le promete controlar los excesos del Estado, al que cree que las transformaciones que Chile demanda pueden y deben llevarse a cabo en orden y respeto, pero, más que nada, vote por quienes tienen probada experiencia y probidad. El célebre periodista y escritor inglés George Orwell sostuvo: “Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice”. Muchos políticos, en nombre de la justicia y dignidad, privilegian sus agendas, y el costo de ello ha caído mayoritariamente en los más pobres, por lo tanto no siga botando a la basura nuestras posibilidades de desarrollo, así es que “vote” con inteligencia, así evita ser cómplice.

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